Jesús Eduardo Martín Jáuregui

El 17 de diciembre de 1999, a través de la resolución 54/134 la Asamblea General de la ONU ha declarado el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Para el Padre Willy, este divertimento.

Respondiendo a la invitación de la Directora del Instituto de la Mujer del Municipio de Aguascalientes, que tan entusiasta y eficientemente ha trabajado por consolidar en el Ayuntamiento una política de equidad de género, erradicación de la violencia contra la mujer, promoción social y en general aportar para el desarrollo armónico y equilibrado de la mujer aguascalentense en un contexto todavía de no plena comprensión pero, en el que paulatinamente se ha ido avanzando, llego al Palacio Municipal para el evento programado a las 9 de la madrugada, lo que me impide asistir a la inauguración de las nuevas oficinas del Registro Público de la Propiedad en el Estado, mi vocación notarial que imprime carácter me cosquillea pero, los Derechos Humanos en sentido amplio y la promoción de la mujer deben tener prelación (como dicen en Registro). Vaya mi reconocimiento y felicitación al esfuerzo del Gobierno del Estado para modernizar la función registral y desde luego a su director Miguel Romo Reynoso que le tocó, si no lidiar con la mas fea, sí al menos vérsela con un burel reservón, que puntea, da sus arreones y calamochea, y que con esfuerzo y constancia ha ido metiendo a la canasta, de aquí pa’lante habrá que juzgar.

Me reciben las auxiliares del Instituto casi a porta gayola y casi también me pegan un afaralodado con un rebozo naranja que pomposamente llaman pashmina y que curioso y metiche como soy concluyo que no siendo de lana y menos de cashmir, “pos” tendrá que ser rebozo. Rebozo naranja que simboliza, también por acuerdo de las Naciones Unidas, la lucha para erradicar la violencia contra la mujer (suena paradójico ¿verdad? lucha Vs. violencia). Los atavismos me atacan y me digo, yo con rebozo, ni que fuera Aniceta, una sirvienta que ayudaba en casa de mis papás cuando el chilpayate (que era yo) estaba recién nacido. Según las crónicas familiares, luego de un corte a rape que practicó impunemente en mi pobre guaja mi tía Mina, que me dejó mas trasquilado que Abel “El Cádiz”, mi rapista de cabecera que desquita con plática el tiempo que por la falta de pelo ya no me puede dedicar al corte, la pobre de Aniceta me llevaba cargando al mercado y de vergüenza (quiero creer que era solo porque el pelo me empezó a crecer en escaques) me tapaba con su rebozo, de allí quizá mi aversión al rebozo, aunque quizás tiene mas que ver con el considerarlo una prenda netamente femenina. Mi primer impulso fue, luego de agradecer por no parecer descortés, dejarlo en la silla olvidado como quien no quiere la cosa.

Héte aquí, sin embargo, que el pequeño daimon que llevo dentro me jaló las orejas (sucede tan frecuentemente que quizás por ello se explique su tamaño), y me dije para mi mismo: “Mi mismo: evidentemente esto tiene un valor simbólico. Más allá de la anécdota, más allá de la circunstancia, más allá de la prenda en sí misma y del color. El portarla es decir comparto los valores de esta fecha, de esta campaña, de esta institución y de mas de la mitad del género humano que pugna por superar los estigmas, los paradigmas y los usos sociales que han relegado a la mujer a una posición de inferioridad en la vida familiar y social. Los comparto y quiero superar las marcas de una formación que tendía a perpetuar un status que debe superarse”. Regresé por mi rebozo disfrazado de pashmina y había desaparecido, lo que indica que para alguien mas resultó atractivo. Afortunadamente el personal del Instituto tenía algunos de reserva y el que me repusieron me lo lié como capote de paseo y a partir plaza, es decir patio, porque estábamos en el segundo de Palacio.

Mientras el Sr. Presidente Municipal en una conceptuosa intervención señalaba la importancia de la fecha, la relevancia de la celebración y el compromiso de la administración municipal con la reivindicación de la mujer, y luego de la reiteración de la plataforma del Instituto, un vídeo, una alocución, una obra de teatro y el encendido simbólico de veladoras de color naranja para recordar las mujeres que han sufrido violencia y para pedir que no tengamos que recordar mas víctimas de ella, mi imaginación volaba, no por falta de atención sino por exceso, creo.

Recordé que en el Génesis (obviamente en el Libro, la Biblia pues; por cierto tengo una maravillosa edición de la Biblia del Cántaro, que estoy estrenando y que me consiguió no sin esfuerzos la librería Maranatha, gracias a los buenos oficios del Pastor Presenda) hay una inquietante narración que causa cierta intranquilidad a los exégetas. En el capítulo 1 versículo 27 dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” y en “28 Y los bendijo Dios y les dijo Dios: “Fructificad y multiplicaos; y henchid la tierra y sojuzgadla; y tened dominio sobre los peces del mar, y sobre las aves de los cielos y sobre todas las bestias que se mueven sobre la tierra”. Hasta aquí toda va bien pero luego en el capítulo 2 encontramos: “18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo le hará ayuda idónea para él….20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo animal del campo; mas para Adán no se halló ayuda que fuera idónea para él. 21 Y Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán, y éste quedó dormido. Entonces tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar; 22 y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre. La interpretación convencional señala que se trata de dos narraciones del mismo hecho, pero…

Ahora viene lo bueno: Según el Yalqut Reubeni, colección de comentarios cabalísticos acerca del Pentateuco, recopilada por R. Reuben ben Hoshke Cohen (muerto en 1673) en Praga: Adán y Lilith nunca hallaron armonía juntos, pues cuando él deseaba tener relaciones sexuales con ella, Lilit se sentía ofendida por la postura acostada que él le exigía. «¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual». Como Adán trató de obligarla a obedecer, Lilith, encolerizada, pronunció el nombre mágico de Dios, se elevó por los aires y lo abandonó.

Moraleja: Recuperar a Lilith para establecer una relación de igualdad, de complementaridad, de respeto mutuo y de crecimiento personal.

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