Por: José Carlos Romo Romo

Estimado lector, estamos a escasos veinte días de que concluyan las campañas electorales y nos dispongamos a ejercer nuestro derecho ciudadano al sufragio el próximo domingo 7 de junio. De estos primeros cuarenta días de campaña, debemos tomar nota y comentar algunas lecciones que nos han dejado candidatos, partidos, autoridades electorales, actores políticos y la propia sociedad en su conjunto. Comparto con Usted algunos de los detalles que he podido observar en este periodo de proselitismo abierto y que considero que vale la pena resaltar:

1) Las campañas definitivamente no han permeado ni mucho menos motivado al electorado. Los diversos candidatos a los puestos de elección popular en juego este año, con sus actividades y declaraciones, simplemente han decepcionado, porque con su decir y su actuar no han logrado conectar con los ciudadanos. En pleno siglo XXI, siguen el formato tradicional de los eventos masivos producto del acarreo de personas y mantienen el guion de un discurso acartonado o repleto de descalificaciones a los contrarios, lo que evidentemente desalienta al elector. La pregunta sería: De qué sirven, pues, tantos spots en la radio y la televisión de candidatos y partidos, si sólo generan tedio y, en algunos casos, hasta irritación para la gente.

2) Los candidatos y los partidos han privilegiado la denostación (en algunos casos, mediante la calumnia en agravio de terceros) de los contrincantes por encima del debate y contraste de las ideas y los proyectos. Principalmente, las dos principales fuerzas políticas del país, PRI y PAN, han enfocado toda su energía y su estrategia de marketing político a cruzarse, entre ellos, una serie de acusaciones y reclamos. Que si los relojes, que si estamos contentos o no, que si los moches, que si las bailadoras (“ánimo, Montana”), que si un partido no sabe gobernar, que si el otro no hizo nada en su oportunidad, etc. Eso a nadie le beneficia, la “guerra sucia” pronto se olvidará y, ante la falta de propuestas claras, no se generará ningún compromiso entre el partido político y sus candidatos con el electorado que decida otorgarle su confianza en las urnas.

3) Se avecina una jornada electoral con un alto abstencionismo, producto del deterioro de la imagen de la clase política en México y estas campañas tan pobres y lejanas a lo que la gente quiere ver en aquellas personas que aspiran a ser sus representantes populares. Así lo reflejan múltiples sondeos de opinión, en los cuales la mayoría de los encuestados se mantienen indecisos sobre si habrán o no de ir a votar el próximo domingo 7 de junio, algunos de ellos ni siquiera tienen conocimiento de la fecha de los comicios. Agréguele Usted que ese día juega México contra Brasil, así que luce difícil el panorama para tener una copiosa votación en la jornada electoral que se avecina.

4) También tendremos, con un alto porcentaje de probabilidad, así lo creo, unos comicios sumamente cerrados, debido a que, al día de hoy, no se vislumbra una tendencia electoral totalmente clara en la mayor parte del territorio nacional. Prueba de ello es que la mayoría de las encuestas aplicadas para tratar de presagiar las preferencias electorales en los Estados en donde se habrá de elegir Gobernador, al consensuar los resultados de las mismas, no es posible encontrar un claro favorito para llevarse la elección, eso quiere decir que, al menos, los dos candidatos punteros tienen, en este momento, la oportunidad de cerrar bien sus campañas y cualquiera de ellos alzarse con el triunfo electoral. Lo que sí es un hecho es que, en siete de esas nueve gubernaturas en juego, la contienda está exclusivamente entre el PRI y el PAN, tendiendo aspiraciones el PRD solamente en Guerrero y Michoacán.

5) Finalmente y de manera anticipada, debemos señalar que la reciente reforma político-electoral a nivel nacional, ha traído diversos avances democráticos positivos para el país, como es el caso de la ahora sí férrea fiscalización de los recursos destinados a las campañas, lo que está generando mayor equidad en la contienda y evitando el dispendio al que nos habían acostumbrado en pasadas elecciones. Por otro lado, habrá que esperar a que se realicen los comicios para determinar el verdadero impacto de las candidaturas independientes en el ánimo y la decisión de los electores. Por el momento y salvo algunos casos aislados, parece ser que esta forma de acceder al poder o a la representación popular comenzará cuesta arriba en México.

En las próximas colaboraciones, habrá oportunidad de seguir comentando este tema de las campañas electorales. Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y atención. Lo espero, una vez más, el próximo sábado.

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