Adrián Bonilla Petriciolet, profesor investigador del Instituto Tecnológico de Aguascalientes (ITA), ha desarrollado un filtro de agua a partir de desechos textiles, el cual tiene una capacidad de absorber metales altamente contaminantes, como el arsénico.

Al respecto, apuntó que para el proceso de lavado de la mezclilla, esta tela se somete a un tratamiento llamado “stone washing”: “lo que hacen es ponerla en una solución junto con piedra pómez, y por el mismo movimiento del fluido, lo que ocasiona es que la piedra pómez termina desgastando la mezclilla, y ese es el acabado que le da. Al retirar la mezclilla se queda un lodo que contiene fibras de algodón cargado con otro tipo de reactivos, entre ellos colorante y residuos de lo que es la piedra pómez, principalmente óxido de silicio”.

Bonilla Petriciolet dijo que ese residuo representa un problema para la industria textil, pues tiene que disponerse del mismo como un desecho peligroso, ya que es considerado inflamable por la cantidad de algodón que contiene; por lo anterior, se presentó un proyecto para utilizar ese material en aplicaciones ambientales, en particular para la remoción de materiales pesados.

Un filtro elaborado con estos residuos se probó para remover arsénico, que es un metal presente en el agua de Aguascalientes y otros estados del país, y también resultó efectivo, sin embargo, reconoció que una desventaja del material es que al contener algodón y entrar en contacto con el agua, existe la posibilidad de que genere y posteriormente libere algunos microorganismos.

“Entonces lo que se hizo fue un tratamiento del material íntegro y producirlo en carbón activado. Las ventajas del carbono activado son que tradicionalmente tiene propiedades fisicoquímicas más estables, y al final de cuentas podríamos eliminar la situación de que fuera activo microbiológicamente hablando, es decir, que al entrar en contacto con el agua no se desarrollarán microorganismos o se reducirá esa condición”, explicó.

Para concluir, el profesor investigador del ITA mencionó que la ventaja de este proyecto es que a partir de un residuo que generaba un costo se obtuvo un producto que tiene posibilidades de comercializarse, toda vez que su síntesis resulta muy sencilla, pues sólo se requiere de un lugar donde se pueda calentar el material a temperaturas superiores a los 600 y 700 grados centígrados, y tener ausencia de oxígeno.