Jesús Álvarez Gutiérrez

ciudad-vivaEl hombre está perdiendo la guerra contra las máquinas. Parece una película de ciencia ficción. Un análisis de la Universidad de Oxford indica que la mitad de los actuales puestos de trabajo pueden desaparecer entre 2020 y 2030 debido a los procesos de automatización y digitalización.

En este mismo sentido, los estudios presentados en el reciente Foro Económico Mundial (WEF) de Davos señalan que, independientemente de la desaceleración económica, la volatilidad de los mercados financieros y la caída del precio de las materias primas, el problema principal para el futuro de nuestros países es el propio modelo de crecimiento, que está destruyendo empleos y no logra sustituirlos al mismo ritmo ni con la misma calidad. Las empresas, especialmente las grandes, presionadas por la competencia global castigan el trabajo en favor del uso intensivo de la tecnología.

Se pierden muchos buenos empleos, mientras se ganan pocos empleos y con menor salario. Ahí está el drama. A este fenómeno se le llama la “cuarta revolución industrial”.

Los países desarrollados empiezan a entenderlo. Veamos los casos de Francia y Estados Unidos. El presidente francés, ante una tasa crónica de desempleo del 10 por ciento, se comprometió recientemente a redefinir el modelo económico de Francia, y declaró lo que llamó “un estado de emergencia económica y social” al revelar un plan de 2 mil millones de euros con el que buscará alentar la contratación laboral. Las medidas incluyen una flexibilización de los horarios de trabajo, y un bono de 2 mil euros a las pequeñas empresas que contraten a jóvenes. También, el reentrenamiento de medio millón de desempleados, e incentivos para una mayor utilización de aprendices.

Por su parte el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, llamó a los dirigentes empresariales a mejorar los salarios de sus trabajadores, en el simbólico marco del Foro Económico Mundial, en el que participan mil 500 presidentes de las principales corporaciones del mundo. El número dos de la Casa Blanca les dijo literalmente: “inviertan en sus empleados”, pues en “los últimos cuarenta años los sueldos no han subido al mismo nivel que la productividad”, con lo que son responsables de la inequidad social cada vez más grave.

Uno de los que más fuerte ha levantado su voz en favor de los trabajadores ha sido el Papa Francisco. Una de las partes más contundentes de su encíclica sobre el Cuidado de la Casa Común está dedicada a “la desigualdad planetaria”. Vale la pena citar sus palabras:

«Los excluidos son la mayor parte del planeta, miles de millones de personas. Hoy están presentes en los debates políticos y económicos internacionales, pero frecuentemente parece que sus problemas se plantean como un apéndice, como una cuestión que se añade casi por obligación o de manera periférica, si es que no se los considera un mero daño colateral. De hecho, a la hora de la actuación concreta, quedan frecuentemente en el último lugar… deberían integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el grito de la Tierra como el grito de los pobres».

Para los países dependientes como el nuestro el panorama es todavía más desalentador. Las expectativas del PIB norteamericano para este año son de tan sólo una mejoría marginal, por lo que difícilmente crecerán las exportaciones desde México. Ya deberíamos reconocer la necesidad de un nuevo modelo basado más en el mercado interno.

¿Habrá en 2016 más inversión privada en México? No creo; la inversión privada apenas se mueve: diez por ciento acumulada en ocho años. ¿Aumentará el consumo de los hogares? No creo; es verdad que se ha sostenido, pero ha sido gracias a las remesas de los mexicanos en el extranjero, y no a las remuneraciones salariales. ¿Podrá salvarnos el gasto público? Al contrario, la inversión pública viene desplomándose desde 2009 y, de acuerdo al CEESP, está en su punto más bajo desde 1939. La inversión en carreteras, aeropuertos, hospitales, universidades, centros de investigación, agua, drenajes, etcétera, o sea, el gasto que más impacto positivo tiene sobre la economía, caerá nuevamente del 4.7 del Producto Interno Bruto (PIB) en 2015 a 3.2 en 2016, es decir, 30 por ciento menos en términos reales.

Debemos seguir insistiendo que la respuesta está en la educación integral para emprender, en la capacitación laboral, en el reentrenamiento de los desempleados; asimismo, se requiere una política deliberada de creación de micro y pequeñas empresas, basadas en la creatividad, en la innovación y en las nuevas tecnologías. Este tipo de micro y pequeñas empresas son las únicas que podrán generar el empleo que las trasnacionales ya no podrán. Un ejemplo es Uber. Miles de conductores dejaron sus trabajos usuales y se convirtieron en microempresarios. La forma de revertir el apocalipsis es que las máquinas estén al servicio de los hombres, de todos los hombres y no de unos cuantos.

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