Noé García Gómez

En las pasadas décadas las instituciones de la Defensa Nacional y Marina eran sinónimo de orgullo de la población, padres de familia llevaban a los desfiles militares a sus hijos, niños que querían ser soldados y cada que se veía un convoy del Ejército era motivo de una agradable sorpresa.

Las fuerzas militares desde su perfil y formación se sentían en cercanía con la ciudadanía, se les veía en tareas de apoyo en todos los rincones del país cuando un desastre natural se presentaba, en imágenes de noticieros, sin que fuera la nota principal se veía soldados y/o marinos como telón de fondo realizando labores de ayuda en huracanes, tormentas y las inundaciones que se provocaban. Llegaban no solamente con su fuerza de voluntad y experiencia, la mayoría de las veces trasladaban los apoyos recibidos en los centros de acopio.

También recuerdo que hacían visitas a centros escolares y realizaban demostraciones, al terminar se acercaban los pequeños estudiantes a preguntar y ver su imponente traje y armamento. ¿Quién no recuerda el cíclico concurso del niño y la mar, promovido por la Marina? Ejercicio que buscaba transmitir empatía por esta fuerza armada, los ganadores eran trasladados al puerto de Veracruz a la Escuela de Marina Nacional para conocer las instalaciones y el imponente buque Cuauhtémoc.

Hoy todo lo anterior se opaca, vemos como dichas instituciones fueron obligadas a limpiar el lodazal de malas políticas contra las drogas y el crimen organizado, las autoridades federales, estatales y municipales trepadas en el tobogán de la corrupción voltearon para otro lado o en otros casos se aliaron a los criminales, y las consecuencias fueron un empoderamiento del crimen organizado y acciones de éstos sin control contra los ciudadanos. Extorsiones, cobro de piso, secuestros, robos, amenazas comenzaron a padecer ciudades y municipios, las policías mas que cuidar a los ciudadanos o les temían o les ayudaban.

Ante tal anarquía y caos, el gobierno federal giro la instrucción de que las fuerzas armadas combatieran al crimen organizado. Disciplinados y leales obedecieron sin cuestionar una tarea que no les corresponde legalmente.

Algo que parecería lógico y estratégico, con el paso del tiempo fue ocasionando un desgaste por la mala planeación en que se tomo la decisión.

Los miembros del ejército están entrenados y formados para realizar lo que sea necesario en defensa de la patria y cumplir la orden de sus superiores. Llevarlos al terreno de la investigación y las tareas preventivas los tomó, desprovistos.

Hoy vemos como la opinión pública, la clase política, medios de comunicación y parte de la ciudadanía vigilan y cuestionan toda acción de las fuerzas armadas. Las ponen en el banquillo de los acusados y las sentencian como si fueran los criminales enemigos.

La entrevista publicada en El Universal, al secretario de la Defensa Salvador Cienfuegos deja entrever una molestia con la clase política, sin decirlo directamente critica al gobierno que quiera que los soldados hagan tareas que le corresponden a la policía “no es el papel real que deba de cumplir un Ejército respecto de la seguridad interior (…) Si vamos a utilizar las Fuerzas Armadas, usémoslas para poner orden, no para ver si pondremos orden” y agrega “sin dar el apoyo presupuestal para crecer al Ejército, la inacción para legislar en materia de seguridad interna y defensa nacional.” En cuanto a los ataques en los medios de comunicación dice “el efecto está ahí, lo vemos en algunos medios, algunas organizaciones que consideran que el Ejército no está haciendo su tarea adecuadamente, o que ha afectado a la ciudadanía. Mi percepción es que efectivamente hay quienes están interesados en desprestigiar a las Fuerzas Armadas y lo hacen a través de los medios”.

La realidad es que el gobierno federal, el poder legislativo, los gobernadores y la clase política en general poco han hecho para compensar el desgaste generado a estas grandes instituciones. Los utilizan para limpiar el lodazal que la misma clase política provocó y ahora los pone casi, casi como parte del problema. El Gobierno Federal las tiene en el abandono y no busca, ni impulsa las herramientas jurídicas con las cuales pueda enfrentar el flagelo de organizaciones, medios y sociedad que los acusa de asesinos; la oposición los ataca constantemente pensando que con ello golpea al titular del ejecutivo y su gobierno, pensando que sacarán “raja política” menospreciando las consecuencias de tan desagradable acción.

Es momento de detenerse a pensar, y revalorar lo que estas instituciones realizan por el pueblo de México, y veremos que han realizado más que los políticos que cada elección nos prometen soluciones mágicas.

Por lo pronto yo sigo inculcando a mis hijos el respeto y admiración por las fuerzas armadas y todos sus integrantes.