RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El presidente Peña Nieto no aguantó la presión y realizó cambios importantes, obligados, en su gabinete. Sobre esto, creo que para grandes males, grandes remedios, porque la decisión de un gobierno, por bien intencionada que sea, si ofende al pueblo, es una decisión mala o mal informada, o las dos cosas. Y en este caso, por desgracia, fueron las dos cosas: Fue una decisión mala y mal informada. Y la disyuntiva del presidente era clara frente al hecho, ya consumado de la visita de Trump. Pagaba toda la cuenta el presidente o cortaba la cabeza de su secretario, además es bien conocido la erosión y el deterioro, en las relaciones interpersonales de algunos de sus secretarios. Ojalá este cambio ayude a mejorar esas relaciones y les haga recordar a los hombres del poder que la soberbia, ciega totalmente. Es indudable que muchas decisiones del gobierno tienen ese corte.” Yo soy el gobierno, yo lo hice, yo respondo de lo que estoy haciendo y vamos bien, todo el mundo a callar”. No se deja ayudar muchas veces el ejecutivo federal porque se ha venido apreciando, como rodeado de muy poquitas personas que no tiene sentido mencionar, pero que no le permite ampliar su ángulo de visión, escuchar mucho de lo que gente importante por sus conocimientos, sean campesinos, industriales, académicos, etc., opinan. Sencillamente ellos van bien y no se quitan. Pero independientemente de que las consecuencias finales de Trump, aquí y en E.U., están todavía por conocerse, y tardarán tiempo en que se conozcan, creo que en México debemos tratar de superar lo más rápidamente este agravio, este daño. ¿Cómo? El gobierno debe tomar medidas eficaces para evitar errores de esa magnitud. Debe diseñar una estrategia clara, inteligente y firme, frente a la amenaza que representa Trump, hoy como candidato, y ojalá no como presidente. ¿Qué tienen que hacer los ciudadanos? Se debe apoyar a pesar de los pesares el fortalecimiento de nuestras instituciones, empezando por la presidencia de la república. Permítame una comparación: Es imposible evitar el naufragio si quienes vamos en el barco apostamos al fracaso del capitán. Sí, es real que ha habido agravios muy fuertes de parte del candidato republicano. Sí, nos sentimos lastimados por la decisión del presidente. Haya sido, o no, sugerida o influenciada por Luis Videgaray, pero todos los episodios de la vida nacional, si son negativos, se deben superar rápidamente, porque no puede esperar la pobreza, la violencia, todos los flagelos que padecemos, a ver cuando nos tranquilizamos, cuando tenemos generosidad y cuando tenemos patria antes que partido, antes que intereses personales y antes que rencores.

Hay quien opina que este cambio fortalece a Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, y si, este cambio puede ser una consecuencia colateral, pero sabemos que en la política cada momento es cambiante, pueden venir muchas circunstancias. Por ejemplo, hace ocho días Luis Videgaray había dicho, cuando le preguntaron por algunos cambios, pues ya se mencionaban diferentes enroques en el gabinete, que él estaría en ese cargo hasta que terminara el sexenio, pues le gustaba mucho la Secretaría de Hacienda, y hoy está fuera; quienes hoy están arriba pueden estar pronto abajo, y los que todavía no aparecen, pueden subir. Así es la vida, así es la política y lo único cierto que tenemos en esa materia es que todo es incierto; lo importante, según creo yo, es que ya ni siquiera debe de estar en la mente de los mexicanos quién es el futuro presidente, sino cómo vamos a constituir, con todas las fuerzas políticas, gobiernos que puedan gobernar a este país; que haya gobernabilidad, para que los asuntos públicos se resuelvan realmente con sensatez y patriotismo, y donde el pueblo no esté simplemente como francotirador de todo un gobierno, porque muchos motivos dan para estar indignados, pero pueblo y gobierno debemos rectificar en todo lo que procede para poder salir adelante.

Por lo que se refiere al arribo de Luis Enrique Miranda a la SEDESOL, un hombre leal, muy cercano y de todas las confianzas de Peña Nieto, desde sus épocas de gobernador en el Estado de México, hay quien dice que llega a ese cargo desde ahora a operar todo el tema que tiene que ver con la sucesión presidencial desde esa secretaría. Miranda es un hombre inteligente y si lo puso el presidente en ese cargo es porque hasta hoy él le ha dado resultados. Peña lo coloca en una dimensión principalísima para este país, que es precisamente el combate contra la pobreza. Ojalá y haga un buen trabajo porque los pobres no pueden esperar eternamente. De José Antonio Meade los que lo conocen dicen que es un hombre de bien, capaz, funcionario probado en varios sexenios y que siempre ha rendido cuentas positivas. Ojalá tenga éxito. Tenemos esperanza de que haga muchas rectificaciones en las finanzas públicas, así como en la vida financiera y hacendaria del país, que hacen falta para promover el empleo, el desarrollo, la capacidad de compra de los mexicanos, para que salga realmente de la pobreza la mitad de este gran pueblo de México.

 

EL HOMENAJE A JUAN GABRIEL

Quisiera tener la capacidad para comprender cual es el motor colectivo que empuja el desbordamiento que yo me atrevería a llamar “La idolatría frente al relicario”. Porque finalmente lo que vimos en el Palacio de Bellas Artes, en el homenaje a Juan Gabriel, fue también un acto de fe. La gente que estaba, por miles, haciendo una fila interminable  no era la gente que iba a ver los despojos mortales de una persona, no había un féretro, no había un cuerpo, había una reunión de cuerpo ausente y de mariachi presente, pero lo que no había era la visibilidad del ídolo. Hay la creencia de que lo que adentro de esa caja existe es un puñado de ceniza. Eso es lo que la gente quería creer, y seguramente era la verdad. Era un peregrinar como el que narraba García Márquez en “El Otoño del Patriarca”, cuando van llevando el cadáver de la madre del patriarca por toda la patria suya, así como anduvo errabundo por el planeta el cadáver de Eva Perón, pero en México no había un cadáver, había una promesa de que adentro de una caja que la gente miraba, como si quisiera escudriñarla o taladrarla con la mirada, y sacarle a esa caja de cenizas lo que se le podría sacar a una caja de música o quizás a una caja de Pandora. Muchos miles de personas peregrinaron para acudir a ver la caja que contenía las cenizas de Juan Gabriel. ¿Por qué? ¿Qué es lo que les daba la observación de esa caja? ¿En qué se mejora la vida de una persona que amó la música, las canciones, simples y al mismo tiempo profundas de un hombre tan complejo como Juan Gabriel? ¿En qué se gratifica su alma cuando ve una caja a la distancia? Una caja que nos enfrenta como sociedad al madero que flota en un mar desconsolado. Es otro de los pequeños momentos de paz, de tranquilidad. Es un poco el reencuentro con nuestros propios amores y desamores. ¿Por qué se idolatra a un hombre así? No lo sé. Pero lo que sí es un hecho es que la idolatría si no crea al ídolo, se reconoce en el ídolo. Y Juan Gabriel fue un ídolo.