José Luis Gómez Serrano
www.jlgs.com.mx

Greenspan’s bubbles
The Age of Ignorance at the Federal Reserve
William A. Fleckenstein, with Frederick Sheehan
McGraw, New York 2009
194 páginas

El libro de Fleckenstein es importante porque señala y documenta los errores de la máxima autoridad financiera de los Estados Unidos durante veinte años de turbulencia en los mercados, de especulación, de burbujas y de desastres. Dada la importancia del tema, he utilizado el texto como punto de partida para describir momentos importantes durante esos años.

Allan Greenspan nació en Nueva York en 1926, hijo de una familia judía. Estudió economía en New York University y estuvo al frente de la FED (Federal Reserve) desde 1987 hasta 2006; sobre él cae el dudoso mérito de las varias burbujas financieras que crecieron y explotaron durante ese período, causando caos económico cada vez mayor, hasta la última que reventó en 2008 y que se propagó a todos los mercados financieros del orbe. Las burbujas son tiempos para especuladores, son oportunidades para que los tiburones financieros puedan crear o (en el peor de los casos) al menos detectar las oportunidades de apropiarse de enormes cantidades de dinero, a costillas de los ahorradores o de empresas financieras mal dirigidas; visto así, las burbujas serían nada más un problema de los que invierten en la bolsa, pero la realidad es que casi todas esas situaciones fuerzan a los gobiernos a intervenir, tomando medidas e inyectando enormes cantidades de dinero para impedir un caos completo en la economía. Cuando el gobierno interviene y rescata alguna entidad, por ejemplo cuando el gobierno de Estados Unidos pagó a raíz de la crisis de 2008 US$182 billones (US$182,000,000,000) para impedir que la aseguradora AIG dejara de funcionar y llevara a la quiebra a las miles de empresas que le habían comprado seguros, lo que hizo en el fondo el gobierno es pasarle la factura al contribuyente norteamericano, hubiera o no invertido en la bolsa. En esta crisis, el gobierno intervino con cantidades “pequeñas”, del orden de billones de dólares, y con cantidades gigantescas, del orden trillones[1]. ¿De dónde salieron? Del bolsillo del causante o de la inflación; de cualquiera manera, el pueblo termina por pagar la fiesta de los financieros. Por eso son importantes hoy en día las burbujas financieras, y por eso es tristemente importante la gestión de Greenspan al frente de la FED.

Los autores del libro hacen una reseña muy puntual de los fracasos atribuibles a Greenspan cuando estuvo al mando, no lo señalan como el causante pero sí como alguien que estuvo constantemente atizando el fuego financiero. Demuestran muy poca simpatía por el personaje, pero se amparan en números fríos; el mismo subtítulo del libro expresa su opinión. El primer capítulo se llama How Wrong Can One Man Be? (¿Cuán equivocado puede estar un hombre?), donde detalla una pregunta incómoda realizada por el senador William Proxmire en 1987, durante las audiencias para confirmarlo al frente de la FED. El senador cuestionaba los pronósticos hechos por Greenspan en 1976-78 a propósito de los rendimientos futuros de Bonos del Tesoro, el instrumento considerado como el más sólido en el mercado, una referencia contra el que se medían todos los demás. La predicción había sido 4.4% para 1978, la realidad 9.8%, es decir 100% de margen de error. Con respecto a la inflación lo mismo, Greenspan predijo 4.5% y resultó 9.2%. Naturalmente, éste se defendió y dijo “yo no lo recuerdo así”, hasta que Proxmire le mostró aquellas predicciones y tuvo que conceder. Greenspan se disculpó alegando la dificultad de hacer pronósticos, pero Proxmire lo despidió así: “cuando usted se encuentre al frente de la FED, no puede estar siempre equivocado.” Y como si hubiera invocado a los hados, esa fue la historia de Greenspan en los casi veinte años que ocupó el puesto.

En los mercados financieros de EEUU se acuñó una expresión que manifestaba la opinión de los financieros: hablaban de The Greenspan Put (el respaldo Greenspan) porque una y otra vez, llegado el momento de los verdaderos problemas, la situación se había puesto tan complicada que la FED intervenía y lanzaba una medida que rescataba a aquellos (grandes) financieros que estaban en problemas. Como resultado, se generó una cultura de despreocupación, porque The Greenspan Put era efectivamente una licencia para matar, podían hacer lo que quisieran y si se metían en problemas, Greenspan los ayudaría.

El error más grande, entre los que le achacan a Greenberg, es haber mantenido la tasa de descuento de la FED a niveles demasiado bajos: durante períodos de años la mantuvo en 1%. Esta tasa es la que pagan los bancos comerciales cuando les presta dinero la FED, y a esos niveles es casi dinero sin costo financiero, lo que estimula a los bancos a endeudarse más, y darle la vuelta al aumento de capital como la forma de disponer de más dinero para prestar y hacer negocios. Esta tasa es el instrumento más poderoso de que dispone la FED para regular los mercados: quiere estimularlos, baja la tasa; quiere bajar el circulante y disminuir el ritmo de la economía, sube la tasa. El mecanismo funciona en la mayoría de los países, no es exclusivo de Estados Unidos.

En julio de 1995 la tasa de descuento estaba al 6%, y Greenspan decidió bajarla en 0.25%. En México, donde las tarjetas cobran más del 40% de intereses, aquella cantidad es de risa, pero en una economía más controlada, un cuarto de punto es algo enorme. El autor (Fleckenstein) sostiene que no había necesidad de hacerlo, y que las razones de Greenspan eran, en el mejor de los casos, obscuras:

He concluido que, puesto que los riesgos han comenzado a bajar ligeramente, no hay urgencia aquí; pero pienso que deberíamos avanzar puesto que encuentro más y más difícil argumentar en favor de permanecer donde estamos a menos que uno pudiera argumentar que las presiones inflacionarias están todavía activas.

Las declaraciones de Greenspan que yo he leído comparten esta terminología elíptica, obscura, con razonamientos circulares (“hay que avanzar… a menos que queramos quedarnos aquí”, traducción de la cita) y refiriéndose a esas etéreas fuerzas del mercado, difíciles de definir e imposibles de cuantificar. Sus declaraciones se parecen a las de cualquier político cuando se le hace una pregunta incómoda: no responde, le da la vuelta al asunto y termina hablando de otra cosa. Esa baja en la tasa de descuento en 1995 señaló el inicio de varias bajas a la tasa de descuento que estimularon los mercados en el peor de los sentidos, la especulación. La burbuja que se estaba formando entonces, y que después estalló, fue la de las empresas dot-com.

Existe cierto consenso acerca de las razones para que se creara esta burbuja:

  1. Demografía. Los baby-boomers (generación de norteamericanos nacidos entre 1946 y 1960) había madurado y empezaba a hacer planes para su retiro. En EEUU estos planes muchas veces incluyen inversiones, y ahí estaba la bolsa para que las hicieran.
  2. Tecnología. A partir de los años ochenta el mundo de la computación se desarrolló como punto y aparte de televisiones, teléfonos, radios y otros aparatos electrónicos que ya tenían tiempo en el mercado. Este reino atrajo muchos inversionistas, que vieron facilitado su trabajo por las computadoras personales, desde donde podían ya entonces visitar sitios de internet especializados en finanzas con posibilidad de hacer movimientos.

(Continuará)