Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Cuando un maestro pretende que los alumnos estudien y aprendan un tema a través de gritos y amenazas, no funciona; pues, ante las coacciones, los alumnos simplemente callan, pero en su interior incuban animadversión contra el que los amaga, y por capricho y rebeldía determinan no hacer nada. Para que haya aprendizajes deseables es preferible persuadir a los estudiantes y, desde luego, utilizar métodos, técnicas, recursos y demás estrategias didácticas que hagan efectivas y agradables las actividades de la enseñanza.
Algo similar puede pasar con las frecuentes amenazas que las autoridades educativas centrales están haciendo a los maestros que no quieran presentar la evaluación del desempeño docente; un día y al día siguiente atemorizan que “se aplicará la ley y serán separados de los servicios los que no se sujeten a la evaluación”. No hay duda que los maestros cumplirán con el mandato de presentar el examen, porque saben que es una disposición legal; sin embargo, con tanto apercibimiento, una cosa es presentar examen a secas y otra, muy distinta, es modernizar la práctica profesional como reacción consciente y positiva a partir de los resultados de la evaluación. En otras palabras, los maestros pueden acudir por obligación al lugar donde se les cite para contestar el examen; pero sin convicción y sin ánimo de transformar su práctica docente, lo que evidentemente iría en detrimento de la esencia educativa. Los indicios, vistos y escuchados, dan la impresión que se está perdiendo la brújula por el hecho de machacar tanto en las intimidaciones, olvidando lo fundamental de la Reforma; y tal vez esto pase, en gran medida, por tratar de doblegar al grupo disidente del magisterio que se opone a la evaluación; pero la inmensa mayoría no es disidente, por lo que ésta no amerita tanta advertencia. Es burda y nimia la analogía, pero cuando un maestro grita y amenaza a los alumnos en el proceso de la enseñanza, generalmente, es porque no tiene seguridad en sus conocimientos y no siente tener autoridad pedagógica en lo que hace; por eso quiere cubrir las carencias con gritos y reprensiones; por más que estos recursos no garantizan buenos resultados.¿Qué sentirán y qué pensarán en los altos mandos educativos al amagar constantemente a los maestros?, ¿esta será la mejor forma de transformar la práctica profesional de los docentes?, ¿esta será la mejor forma para elevar la calidad de la educación?
A pesar de lo que se piensa y se dice, en los maestros hay disposición para ser evaluados; pero no sólo quieren ser evaluados, sino que desean ser capacitados y actualizados en aquellos aspectos novedosos que se han introducido en la Reforma para poder transformar su práctica docente y con ésta mejorar los aprendizajes de los alumnos. Los maestros están conscientes de las fortalezas que han adquirido en su diario quehacer, pero también aceptan tener debilidades por los cambios vertiginosos que se han dado en los campos científicos, tecnológicos, psicológicos, pedagógicos, didácticos y en el contexto social en que laboran. Por tanto, reducir a la Reforma Educativa en la simple aplicación de exámenes, como se está martillando, es tener una visión muy limitada del sistema educativo y conformarse con la inmediatez. No pocos dirán que las autoridades esperan los resultados de los exámenes para tener elementos de juicio en qué aspectos específicos capacitar y actualizar a los docentes, a los directores, a los supervisores y demás personal del sector. Al respecto conviene aclarar que, de acuerdo con la calendarización de las autoridades centrales, los procesos de evaluación docente concluyen en 2018. Para las postrimerías de esa fecha se tendrá una nueva administración federal, tal vez nuevas reformas, nuevos programas y nuevas prioridades (el cuento de siempre, que empieza cada seis años y nunca termina). Los maestros, en los años recientes, han presentado diversos exámenes de donde las autoridades centrales y locales, si quisieran, pueden obtener suficiente información acerca de lo que necesitan los maestros para ser capacitados y actualizados, con el fin de mejorar su práctica profesional; en la inteligencia de que los datos que se recaben, en las evaluaciones que están en proceso, serán muy semejantes a los datos ya disponibles, y si no, es cuestión de hacer ajustes pertinentes en su oportunidad; lo importante es comenzar y ya con las transformaciones pedagógicas para bien de los alumnos del sistema educativo.
En lugar de amenazas, los maestros desean apoyos técnicos y pedagógicos para elevar la calidad de la educación. Por tanto, los contados años que le quedan a esta administración, se deberían de aprovechar para mejorar realmente la enseñanza y con ésta los aprendizajes del estudiantado. Y que no se olvide, la evaluación no es un fin, sino un medio para mejorar la educación.