RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

La semana que recién termina los ciudadanos pudimos observar por la televisión la clase de representantes populares que tenemos, aunque eso de representantes es un decir pues la verdad es que no representan el sentir ni los derechos de los ciudadanos sino que, lastimosa y vergonzosamente, siguen la voz del amo, en este caso del pastor de su bancada, y lo que debería haber sido un ejemplar Sistema Nacional Anticorrupción, quedó solo en un remedo de ley.

Estamos conscientes de que la transparencia debería cubrirnos a todos, aunque una cosa son las obligaciones de los servidores públicos y otras las de los empresarios o personas privadas, como cualquier otra, y desde luego también que una cosa es el derecho positivo y otra cosa es el derecho. Hay obligaciones del sector privado y hay obligaciones del sector público. Pero hay obligaciones que tenemos todos como ciudadanos mexicanos, independientemente del lugar en donde trabajemos, y una de ellas es el respeto de la ley, y otra es manifestar lo que nosotros hacemos con el dinero público. Unos porque lo administran y otros porque lo cobran a través de la prestación de un servicio o la venta de un bien. Por lo que creo que no le viene mal a esa democracia que todo mundo invoca, porque a todo mundo la democracia lo cobija, lo protege y lo envuelve, el rendir cuentas. El servidor público tiene leyes que a él lo tocan y en el momento en que las dos esferas se rozan, nos dice que en el concierto internacional hay un consenso de que las empresas privadas que hacen negocios con el sector público deben estar igualmente reguladas en su transparencia, que la conducta de los funcionarios del sector público, eso es lo que dice la ONU. Si el sindicato patronal de México, llamado COPARMEX, no está de acuerdo –podrá estar en desacuerdo con el senado y con la ONU y al rato estará en desacuerdo con todo aquel que opine igual -, pues es asunto de ellos, lo que es realidad es que se estuvo insistiendo en este país en que era necesario establecer unas nuevas reglas de juego democrático, transparente, para frenar la corrupción que a este país daña y afecta, y que cuando ese afán rozó tangencialmente los intereses de la clase empresarial, los señores se enojaron. Lo único que decimos, sin quitarles la parte de razón que ellos tengan de sentirse agraviados, perseguidos, brujas victimas de cacerías; si así se quieren sentir es asunto de ellos, pero creo es que es éticamente muy injusto exigir que la voluntad de Dios se cumpla “solamente en las mulas de mi compadre”, y pues no, ellos son empresarios que son ciudadanos mexicanos que están pidiendo transparencia y la transparencia es ser ¡como el aire! o como la luz del sol: ¡para todos! Todos debemos estar obligados a mantener una conducta alejada de la corrupción, ya se dé la corrupción por tratos con el gobierno o se dé la corrupción vendiendo litros de 800 ml en una estación de gasolina concesionada por PEMEX, que se llame como se llame el concesionario. Esa corrupción también debe ser auditada, revisada. No sabemos si fueron actos corruptos o no, pero cuando este país privatizó su economía y se olvidó de aquel concepto de la economía mixta, muchas empresas mexicanas se vendieron en una nada. Por ejemplo, ¿Cuánto pagó el señor Barraza por Aeroméxico? Pagó muchos menos de lo que vale un avión, un avión de esos de los que están actualmente enriqueciendo la flota. ¿No le vendría bien a los mexicanos saber cómo se hicieron las grandes fortunas después de la privatización de tantas empresas en este país? Medios de comunicación, teléfonos, televisoras, etc. ¿No valdría la pena saber si todas esas transparencias nos dijeran quien fue el corrupto o quien fue el corruptor? Si es que hubo corrupción. No estamos diciendo que la haya habido. Pero bien valdría, por un afán de transparencia, que alguien nos explicara “cómo se hizo de mulas Pedro”. Ya sabemos que Rogozinsky escribió muchos libros, pero, los libros de Rogozinsky son como los de Lewis Carrol, el autor de Alicia en el país de las Maravillas. No, no es por ahí, pero a lo mejor se debería haber empezado desde antes. Muchas cosas valdría la pena que se sepan. Sobre todo si quien quiere que se sepan, son los principales motores de la economía de este país. Quién nada debe, nada teme, y también habría que saber si el cumplimiento fiscal es una de sus características o tenía razón Felipe Calderón cuando decía que había decenas de cientos de empresarios que no pagan impuestos cabalmente. Entonces uno que no paga y uno que no cobra. ¿Dónde está la corrupción?  Sería bueno que se revisara si este concepto global expresado por Naciones Unidas vale o no vale la pena, se parece o no a lo que los senadores hicieron. Pero insistimos, esto huele a pólvora. Esto puede ser el inicio de una guerra política entre el sector privado y el actual gobierno, que tiene como única mira cercana el año 2018, ya lo veremos.

 

Un mundo intolerante

 

Recuerdo algo relacionado con la tragedia de Orlando, en los E.U., fue algo que dijo Martin Luther King, cuando estaba en la lucha por los derechos civiles: “Una ley no puede evitar que me odies, pero una ley sí puede evitar que me linches”. Lo que vemos en ese ataque furibundo y de alta letalidad es que debajo de todo esto hay un sustrato de odio y las leyes deben ser precisamente para que el odio no sea legal, y por encima de que se pueda prevenir el uso de las armas, cosa que en los E.U es una aspiración muy remota, porque la industria de la fabricación y el comercio de armas de alto impacto y alta potencia en ese país, es un deporte nacional y nadie quiere abolirlo. Esto nos lleva un poco a los acontecimientos recientes en México que tienen que ver con la comunidad homosexual en cualquiera de sus expresiones: lésbico-gay, transgénero, etc. Y es que en este país tenemos ahorita iniciativas guardadas que por lo pronto permiten el matrimonio igualitario, lo cual tiene una importancia, porque lo que se está haciendo es que se está reconociendo que todas las personas somos iguales ante los derechos que la Constitución nos otorga, y que el matrimonio es uno de esos derechos de hacer un contrato civil para vivir con quién se quiera, y también para dejar de vivir con quién ya no se quiere. Por eso mientras vemos en algunos lugares del mundo, como aquí, iniciativas interesantes que buscan consolidar la igualdad, y en países como los E.U. afectados por este armamentismo y por una cultura de fomento a la violencia, en muchísimas de sus expresiones, desde el deporte hasta el cine, la televisión, los videojuegos, todo en ese país es violento, encontramos que ni son el ejemplo de la vida democrática y de la igualdad de los derechos, y que bien hacemos los mexicanos en preocuparnos por lo menos, frente a la ley, en garantizar la igualdad de todas las personas. No creo que la homofobia, o ningún tipo de fobia, se pueda combatir haciendo una ley, pero lo que sí creo es que una ley que proteja a las minorías, también evita que esas minorías sean atropelladas hasta casos tan extremos como el que acaba de ocurrir en los E.U., y que en México ha ocurrido, no igual, pero a cuenta gotas. En México han sido muchos los casos recientes y pretéritos de ataques y asesinatos de personas homosexuales, porque alguien considera que ser así es malo, y que matar a un homosexual es apenas un acto de justicia. Hoy no queda más que seguir tratando de avanzar en el terreno de la igualdad y de no satanizar a nadie por sus preferencias y por sus actitudes.