Noé García Gómez

“En las notas de sociales aparecen tantos delincuentes como en la sección policiaca” decía Alberto Fulgert en sus novelas policiacas, sería estúpido generalizar, pero traigo la frase, como un ejemplo que los que infringen la ley no tienen la imagen del típico maleante de las películas o novelas, sino que puede ser un individuo con familia y que puede generar empatía y aspiración por lo que tiene y ha logrado, sea como sea.
Hoy que el peso ronda los 20 pesos (o mejor dicho los 20,000 viejos pesos), escuché a un alto funcionario de Hacienda en un noticiero argumentando que la depreciación de la moneda estaba recibiendo embates de los especuladores, buscando hacer un gran negocio con la (pésima) estrategia del gobierno federal de subastar dólares de sus reservas, algo que el año pasado rondó los 23 mil millones de dólares, lo que mantuvo al peso compitiendo en los 17 pesos, pero que generó inmensas ganancias a los llamados especuladores. Ante esto me pregunto ¿torpedear la moneda y economía de un país para sacar provecho a costa del poder adquisitivo de la población no es un delito?
Recuerdo la corrupción que se dio en el llamado Fondo Bancario de Protección al Ahorro (FOBAPROA) creado supuestamente para garantizar los ahorros de la población en general, pero que fue un jugoso botín, donde banqueros, políticos y empresarios saquearon a más no poder el dinero de los contribuyentes, entre ellos Ángel Isidoro Rodríguez. “El Divino”, donde dicho sujeto se generó un autopréstamo por 400 millones de dólares del Grupo Financiero Banpaís institución que él encabezaba y que fueron destinados a la compra de una línea camionera para su padre. Cabal Peniche que usando información privilegiada sabía que se vendría un millonario rescate bancario, compró meses antes al Banco Unión. Uno de los más notorios, el de la familia Salinas de Gortari, una alta ejecutiva de Citibank declaró haber diseñado esquemas para mover 100 millones de dólares cuyo origen legal jamás se pudo comprobar. Una investigación de un subcomité del Senado norteamericano, concluyo que Citibank ayudó a Raúl Salinas de Gortari a esconder dinero ilegal, hoy está libre.
Pero también están los empresarios de ligas “menores” aquellos que consolidan sus empresas trabajando al gobierno, constructoras y comercializadoras que son proveedoras de gobiernos estatales y municipales, esos empresarios son los que cada campaña salen descaradamente y “denuncian” públicamente que funcionarios les piden un porcentaje del contrato ganado con el respectivo gobierno. Les digo descarados, pues para que exista esto se requieren dos, y muchos de ellos son parte, además, pocas, poquísimas veces se ha denunciado ministerialmente algo así.
Gran diferencia en los países económicamente desarrollados, estos delitos son perseguidos y castigados con todo el peso de la ley. Ejemplificativamente podemos ver la película de Lobo de Wall Stret para darnos una idea de lo que en EUA significa perseguir esto. Pero en la realidad está la posición de Barack Obama o el precandidato demócrata, donde establecen que los delitos más deleznables y condenables, son estos que abusan de su posición y repercute en lo económico y por consiguiente más lo padecen los sectores vulnerables.
La realidad es que en México los delitos de carácter patrimonial (fraudes fiscales, bursátiles y financieros) se convierte en los de mayor impunidad, además si alguno se llega a denunciar son los más largos y difíciles para litigar para las procuradurías de justicia. Un presunto delincuente de algún delito común, como robo o agresiones son condenados mediática y moralmente antes de recibir sentencia; en cambio alguien que está defraudando al erario puede sin ningún tapujo retratarse en los eventos sociales y convivir con políticos y funcionarios, aun teniendo un proceso iniciado.
La frase del llamado #LordAudi donde un junior atropella a un ciclista e insulta y golpea a un policía puede resumirlo “es México wey”, sabiendo que la impunidad y sometimiento a las jerarquías sociales son lo que cotidianamente priva en nuestro país.

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