Fernando López Gutiérrez

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@ferlog14

La recaptura de Joaquín “El Chapo” Guzmán y la información difundida respecto a los acontecimientos y acciones que la hicieron posible han acaparado las redes sociales y los espacios de noticias desde el viernes pasado. Miembros y simpatizantes de la actual administración se han esforzado por destacar el acontecimiento como un logro trascendental, mientras que opositores y detractores de ésta han cuestionado hasta la idea de que el arresto haya sido real.

Es preocupante observar que sin la menor responsabilidad muchos políticos, líderes de opinión, comunicadores y tomadores de decisiones analizan y reflexionan sobre el asunto sin exhibir argumentos o mostrar información que sustente sus planteamientos. En el afán de tomar ventaja de la exposición mediática del tema, poco importa el análisis objetivo y documentado en torno al impacto de la captura de “El Chapo” en el combate al crimen organizado. Al parecer, en la coyuntura actual, lo relevante es emitir mensajes dirigidos a la audiencia, sin importar lo inverosímiles que puedan llegar a ser.

Sin duda, gran parte el tratamiento mediático que se le ha dado a la noticia tiene su origen en la manera en que fue anunciada por el gobierno federal. El tweet triunfalista desde la cuenta del Presidente de la República que confirmó la captura, así como la lectura que el Secretario de Gobernación hizo de éste (en plena reunión de embajadores y cónsules en la SRE, con abrazos y todo), son claros ejemplos de la euforia con que se ha asimilado la detención del líder del cártel de Sinaloa.

Lamentablemente, en la respuesta de la oposición no se ha observado una actitud más sensata. Abundan las referencias a teorías conspirativas —creadas a partir de información absurda— o la crítica al gobierno porque fue capaz de atrapar a “El Chapo” sin poder resolver muchos otros asuntos pendientes —como si los logros gubernamentales llevaran orden de prelación.

En el mar de opiniones, pocos son los que intentan ser objetivos, tratan de afinar sus reflexiones, basan su análisis en información confiable y callan cuando no cuentan con elementos para seguir hablando. En general, lo que estos últimos exponen es menos atractivo: mencionan el exiguo efecto que la captura de líderes tiene en la operación del crimen organizado; revisan las ventajas que tendría la extradición de Joaquín Guzmán y las razones por las cuales sería necesaria; o sopesan las ventajas y los inconvenientes de la colaboración con los Estados Unidos en el combate al crimen organizado. Tal vez este tipo de reflexiones no sean tan difundidas, pero quienes las realizan —al contrario de los demás— tendrán seguramente elementos más sólidos para hacerse responsables de sus propias afirmaciones.