La Puerta Santa no es mágica, sino signo de confesión de fe: Obispo

El jubileo que comienza es extraordinariamente importante para la Iglesia

En la Iglesia Católica Apostólica, el Año de la Misericordia es particularmente importante porque significa que da inicio el “Año de la Remisión de los Pecados, de la Reconciliación, de la Conversión y de la Penitencia Sacramental”, apuntó el obispo José María de la Torre Martín.

Explicó que el Jubileo que comienza es considerado “extraordinario”, ya que al final del último Jubileo, celebrado en 2000 por Juan Pablo II, se había anunciado que el próximo sería en 2025, sin embargo, dijo que el Papa Francisco ha encontrado fuertes razones y una enorme necesidad de convocar a este “Jubileo Extraordinario”, para que los fieles se acerquen más a Dios.

“Desde que el 13 de marzo de 2013 fue elegido Papa, ha hecho de la misericordia la base de su predicación. El Jubileo es el año de la remisión de los pecados a través de la indulgencia; en los años santos, la Iglesia ha querido establecer unos signos que hagan entender a las personas lo que está sucediendo en su interior”, precisó.

El prelado explicó que en lo que respecta a la Puerta Santa, no es que sea mágica y que al pasar por ella se perdonen automáticamente los pecados; significa confesar públicamente que se reconoce a Cristo como Salvador, y que se está dispuesto a dejar atrás el pecado y entrar a una nueva vida de gracia.

La peregrinación es un “Signo de Conversión”, puede ser a la Catedral, o a las diferentes parroquias que se han designado para ganar la indulgencia en este jubileo; se puede organizar una peregrinación con familiares, amigos, o compañeros de trabajo.

El obispo indicó que es primordial el sacramento de la confesión, porque de este modo se recibe el perdón de Dios, recuperando la unión con Él, sin embargo, para ganar una indulgencia, que es la absolución total de todos los pecados, se deben hacer obras de misericordia y caridad.

“Cuando se peca gravemente de manera libre y consciente, además de hacer daño a los otros, se queda separado de Dios y cerradas las puertas del cielo. El pecado, aunque ya esté perdonado en la confesión, deja como una mancha, que tendrá que ser limpiada en esta vida con obras buenas, o en el purgatorio, para poder entrar totalmente limpio al cielo. Con la indulgencia plenaria se está como recién bautizado, con el alma totalmente limpia de culpa”, detalló.

Señaló que se puede ganar una indulgencia plenaria cada día, pero no más de una al día; se puede ganar para uno mismo o para las almas de los difuntos que están en el purgatorio.