Silvia Guerra

Llegamos al mundo en un estado de desnudez, único momento en el que tendremos una igualdad con el resto de nuestros semejantes, ya que posteriormente seremos ataviados con ropas y accesorios que expresarán a los demás quiénes somos y nos diferenciarán de ellos.
¿Qué significado tiene el vestir? Se han hecho muchas reflexiones en cuanto a este tema, poniendo a la vestimenta como objeto funcional para cubrir el cuerpo de las inclemencias del clima y como un objeto útil al servicio del pudor. Al parecer, en los pueblos primitivos se ha descubierto que el deseo de ornamentarse y verse bien, antecede a la idea de cubrirse. Por increíble que parezca, los primeros testimonios del traje se remontan al Paleolítico; una vez descubierto que el vestir el cuerpo podía generar estatus, se encuentran también agujas con ojo hechas de marfil de mamut, huesos de reno o colmillos de foca en las cuevas paleolíticas que se remontan a unos 40,000 años. Este es el comienzo de la moda, que además de volver las prendas funcionales, las hace más un valor comunicativo.
Con el lenguaje del vestir, transmitimos posiciones ideológicas, edad, sexo, grupo étnico al que se pertenece, grado de religiosidad, estatus social, oficio y originalidad, entre muchas otras cosas. La vestimenta es una expresión no verbal y expone al observador la manera en que vemos el mundo y cuál es nuestra postura ante él. En ocasiones, este lenguaje no verbal lo podemos utilizar como códigos que se prestan a la equivocación o se utilizan para el engaño, ya que podemos emplear esta herramienta (la vestimenta) para aparentar lo que no somos, ocultar lo que somos y disfrazar lo que queremos ser.
A lo largo de la historia, la manera de vestir siempre ha dicho algo, como en la época de los hippies con “haz el amor y no la guerra”. El movimiento hippie que hablaba de la paz a través de la tolerancia y el amor. Utilizaban una moda desenfadada, holgada y colorida; la misma manera en que ellos veían el mundo. Por su parte también, podemos ver los trajes militares; ellos expresan en sus líneas rectas, estructuradas e impecables, lo recto y rígido de su comportamiento y entrenamiento.
Entre más estructurada y lineal sea una prenda, expresará mayor formalidad en quién la porta. Los estilos más desenfadados y naturales, están compuestos de líneas curvas, telas suaves y ajuste holgado en las prendas, esto habla de una manera más desenfadada de ser, sin necesidad de restricciones, con el gusto de lo cómodo.
Es por eso que al describir personas de ciertas profesiones, nos viene a la mente un tipo de prendas determinado, con cierto corte, colores, estructura y ajuste de ellas, ¿no es así? Vemos perfecto a un abogado en un traje de corte impecable y estructurado; a un cirujano en colores pálidos y ropa holgada que le permita ejercer su trabajo adecuadamente; a una modelo de pasarela con maquillaje imponente, ropa de corte y apariencia llamativa y calzado peculiar; a una religiosa con atuendos sobrios y recatados. Si se detienen a pensar un poco, más allá de simple elegancia o desfachatez, la ropa y su manera de combinarla, comunica mucho de quién la porta.
¿Ustedes qué expresan con su manera de vestir? ¿Son auténticos y coherentes con su esencia? ¿Utilizan sus atuendos para que los demás vean lo que son, para que vean lo que a ustedes les gustaría ser o para esconderse tras ellos? Piénsenlo…
Les deseo una buena semana.

El Poder de tu Imagen.
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