Noé García Gómez

Actualmente se sabe que cada año cinco mil profesionistas mexicanos van en busca de mejores oportunidades laborales. Al inicio del fenómeno, los mexicanos se iban a países como Canadá, Francia, Argentina, Chile y España, donde solían encontrar un mejor nivel de vida y más posibilidades de desarrollo.

Datos alarmantemente reveladores fueron los proporcionados por la OCDE en 2008, en cuanto a la prioridad de la educación científica y la importancia que le dan las autoridades de nuestro país, ya que mientras en México sólo hay una persona trabajando en la ciencia e investigación por cada 10,000 habitantes, en la República Federal Alemana hay 20, en Japón 36, en Israel 40 y en EUA 42. Quiere decir que para nuestro país cada científico es 20 veces más indispensable que en Alemania o 40 veces más que en los EUA.

El último dato oficial es del año 2009, y estima que más de 500 mil mexicanos con grado universitario -de estos, más de 2 mil son científicos- han emigrado al extranjero, principalmente a Estados Unidos, Canadá y  Europa en los últimos 10 años. Ante estas reveladoras cifras, podríamos pensar que una preocupación nacional es la “fuga de cerebros”, pues nada de eso; o al menos que las autoridades e instituciones responsables de la contratación, apoyo, reconocimiento y retención de los hombres de ciencia en México ya han realizado un estudio exhaustivo de las condiciones óptimas para cumplir con sus objetivos, tampoco; los pocos estudios que hay son de organismos internacionales. Parecería lógico que cada caso individual de “fuga de un cerebro” fuera objeto de un análisis y seguimiento, que permita ir corrigiendo las fallas del sistema de nuestro país y buscar las medidas para repatriarlos, no es así, y finalmente; se hubiera esperado que las autoridades de las instituciones académicas de nuestro país tomaran la iniciativa de llamar la atención de las más altas autoridades políticas de México a poner atención en este urgente problema. Tampoco.

Desafortunadamente esta famosa ‘Fuga de Cerebros’ se ha mantenido hasta nuestros días hasta llegar a la migración de profesionistas a los Estados Unidos. Hoy podemos ver a médicos, ingenieros y administradores, entre otros, que deciden dejar todo de lado por trabajar de choferes, niñeras, constructores, obreros, jardineros o en diferentes áreas en las que no pueden desarrollarse profesionalmente. Y sobre todo, en las que ganan mucho más de lo que podrían recibir en México ejerciendo sus profesiones.

El Centro de Investigaciones sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM, concluye que “los cerebros ‘salen’ de México por otros problemas de índole social (además de lo profesional/ académico) como violencia, narcotráfico, secuestro y falta de políticas fiscales, además muchos de los jóvenes sienten poco sentido de agradecimiento por los estudios recibidos, no por que no quieran a su país y a su sociedad, sino por el rechazo que sienten hacia todo lo que tenga que ver con la política y el gobierno. Desafortunadamente no existen datos específicos de la cantidad de gente con estudios universitarios que ha migrado de México”, y el Banco Mundial coloca a México en el cuarto lugar de la fuga de talentos.

Voces como la de Neri Vela, primer astronauta mexicano, y el ex rector de la UNAM el Dr. Juan Ramón de la Fuente son de las pocas personalidades que han alzado la voz en este tema, este último dijo ante estudiantes mexicanos en España  “México se está rezagando respecto de las principales economías emergentes –como Brasil e India– que sí han invertido lo suficiente en educación y han creado políticas públicas de Estado para retener capital humano y evitar una fuga de cerebros masiva, lo que en nuestro país sí ocurre” y agregó “son dos motivos sobre el transvase incesante de científicos a otros países: la inseguridad y la falta de oportunidades” y finalizó poniendo el dedo en la llaga “Para un país que no tiene confianza en sí mismo es muy difícil que salga adelante. Creo que México vive una crisis de confianza y la fuga de cerebros es una expresión más de ello. Necesitamos liderazgos fuertes, con autoridad y recuperar la confianza que se pueda haber vulnerado por razones económicas, de seguridad o políticas” que un individuo formado, preparado y capacitado salga de su país por circunstancias de intranquilidad económica, social o de seguridad es dar un mensaje desesperanzador a las generaciones venideras.

Considerando que cada estudiante a nivel licenciatura representa una inversión de 45 mil pesos anuales para el Estado y la carrera promedio dura cuatro años, nos estaría diciendo que medio millón de profesionistas en el extranjero reporta pérdidas al país por más de 100 mil mdp, aproximadamente.

Además, en un balance de la Dirección Adjunta de Formación y Desarrollo de Científicos y Tecnólogos, se señala que entre 1971 y 2005, se entregaron 135 mil 38 becas a estudiantes mexicanos, casi la mitad para realizar estudios en el extranjero, esta inversión fue de casi 32 mil millones de pesos.

Actualmente el Reglamento de Becas del Conacyt vigente no especifica ninguna cláusula que los obligue a retornar tras obtener un título de posgrado fuera del país y es ahí donde muchos optan por quedarse y buscar oportunidades en los países que los acogieron académicamente y por tanto la inversión hecha por el Estado mexicano no siempre repercutirá en el desarrollo del país mismo. Nery Vela dice que “Actualmente el Conacyt obliga a los becarios a firmar un convenio en el que se comprometen a regresar al país, justamente, seis meses, tras lo cual regresan al extranjero. Ven ese periodo como uno en el que pueden saludar a la familia y amigos con tal de que el Conacyt no les cobre el dinero que aportó.” Tampoco se trata de obligarlos a quedarse o regresar para subemplearlos o condenarlos al trabajo informal, lo que el gobierno tiene que hacer es aprovecharlos y generar espacios donde desarrollen sus conocimientos sea tangible en productos científicos que aporten al crecimiento del país.

Hay especialistas que sentencian diciendo que las consecuencias de tal pérdida –de capital humano, académico y científico- serían mucho más dolorosas y prolongadas que la caída del precio del petróleo en el mercado internacional, porque no sólo comprometerían nuestro presente sino que además cancelarían nuestra participación en el futuro; pues en la actualidad no hay lugar para los países que no sean científicamente fuertes.

De nada sirve salir al extranjero a estudiar para adquirir conocimientos, si los estudiantes no van a regresar a aportar con acciones en su país los conocimientos adquiridos y retrasmisión de lo aprendido a sus compatriotas.

Sería importante que a nivel local, en nuestro estado Aguascalientes se dieran a conocer las cifras de las tan difundidas y cacaraqueadas becas y apoyo para el extranjero, se ha apoyado a cientos de jóvenes que han ido a China, Estados Unidos, Europa y Sudamérica, ¿Cuántos de ellos han regresado para insertarse en el mercado laboral de nuestro país?

La “fuga de cerebros científicos” es un verdadero “problema nacional” que debería recibir por parte de las altas autoridades la atención debida. Lo peor que puede hacerse es negar el impacto del problema, minimizar su repercusión o acusar patrioteramente a los que se van o no regresan de “malos mexicanos”. Es indispensable que el problema se mire de frente y con honestidad, se examine minuciosamente sus causas y se propongan y ejecuten las medidas para eliminarlas. Se trata de una verdadera emergencia que de no resolverla debilitaría las condiciones del país, la inversión hecha no se recuperaría y lo más alarmante una generación preparada que tendría que tomar las riendas en México se perdería.

Twitter: @noeg2