Luis Muñoz Fernández

Un editorial reciente del periódico El País, trata sobre el panorama actual de la oferta política española. Las últimas elecciones generales que se celebraron el pasado 20 de diciembre han marcado, por lo pronto, el fin del bipartidismo del Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), dando paso a la participación de otros dos partidos políticos, Ciudadanos y Podemos, que pretenden enriquecer la oferta política no sólo cuantitativa, sino cualitativamente.

José Ignacio Torreblanca, autor del editorial, es Profesor Titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Nacional de Educación a Distancia e investigador en la George Washington University y el Instituto Universitario Europeo de Florencia. En su escrito compara lo que ofrecen los partidos políticos y lo que sirven en las cafeterías. Aquellas cafeterías tradicionales versus el caso muy conocido de ‘Starbucks’, la muy exitosa cadena estadounidense que tiene locales en 50 países de todo el mundo:

Antes pensábamos que nuestro bar de toda la vida nos ofrecía muchas opciones: café en taza grande, mediana o vaso; solo, cortado o con leche. Incluso, para los más exigentes, cafés a la medida (manchado, biberón, largo de café, etcétera). Pero detrás de esas aparentes opciones se esconde un hecho evidente: que no se puede elegir el tipo de café (de hecho, todavía hoy, pedir leche desnatada o de soja suele desencadenar un encogimiento de hombros). En un café como Starbucks, por el contrario, se ofrecen 13 tipos de café (desde el aromático y acaramelado Expresso Roast de tostado intenso al luminoso y nítido Willow Blend de tostado suave) y 35 bebidas diferentes en distintos tamaños y presentaciones. […] ¿No es absurdo pensar que consumidores tan exigentes con su café, su banco o con su compañía telefónica se vayan a conformar con un partido político de toda la vida? Igual que se acabaron el banco y la compañía de teléfonos de toda la vida, se acabó el partido de siempre. En otras palabras, a lo que hemos asistido en estas últimas elecciones es a una inmensa operación de portabilidad por parte de consumidores políticos insatisfechos con sus marcas de toda la vida. Se pongan como se pongan, los nuevos consumidores no van a consumir vieja política. (Las negritas son mías).

Tomemos nota de lo realzado en negritas. Los consumidores de café son los ciudadanos que votan en las elecciones. He aquí una diferencia sustancial. En nuestro medio, si bien los consumidores exigentes (o tan exigentes) son cada vez más, todavía están lejos de ser mayoría en el padrón electoral. ¿Qué los caracteriza? Generalmente son personas informadas, curiosas e incluso inquietas. Tienen el privilegio de haber obtenido y aprovechado una educación de calidad que es muy superior a la que tiene acceso, con suerte, la mayoría de los mexicanos.

En nuestro país, la mala calidad de la educación pública es el nudo gordiano que estrangula, entre otras muchas cosas, la posibilidad de que transitemos a formas más elevadas (justas, fraternas y estimulantes) de convivencia, a una democracia que vaya más allá del día de las elecciones para hacer del ejercicio de la ciudadanía una ocupación cotidiana. Una tarea en la que los gobernantes y los políticos en general no actúen por su cuenta, sino en función de nuestras necesidades y planes de vida, asociándose con nosotros para ejercer sus funciones no sólo en el discurso, sino en los hechos.

Que no pretendan saber más sobre nosotros que nosotros mismos. Que empiecen a tratarnos como a los ciudadanos mayores de edad que somos, evitando en lo posible el patético paternalismo como expresión de una política clientelar que a estas alturas nos cuesta mucho aceptar. Y, de paso, que no nos sometan a ese bombardeo visual que contamina nuestros horizontes citadinos y ofende a la inteligencia.

En pocas palabras, que ya no nos sirvan el café de siempre. Y menos con edulcorantes, por favor.

                                                                                                              http://elpatologoinquieto.wordpress.com