RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Estamos atentos al papel del líder nacional del PRI, Enrique Reza Ochoa, quien cuando estalló el tema de Alfredo Castillo Cervantes y la CONADE, ahora con esto de la Olimpiada y el fracaso de la delegación mexicana, etc. de pronto se manifestó y dijo: “¡Qué venga y que nos rinda cuentas!”. La verdad es que no es ese el único error en la conducta del presidente del PRI. No sé si él entienda cual es la función de un partido político, y sobre todo cual es la función de un partido político con la historia y la trayectoria del PRI en este país. Si lo sabe o no lo está aplicando, o se le está olvidando, porque el partido, que entre paréntesis ni siquiera en su estructura orgánica del Comité Ejecutivo Nacional tiene designada a una persona para la secretaría de deportes, pues está en blanco el espacio, vació. Es un partido que tan le preocupa poco la actividad deportiva, con lo cual estoy de acuerdo pues no tiene porque importarle el deporte a un partido político, pero a ellos tan les importa que tiene un escaloncito ahí en su organigrama y ese escaloncito está vacío. A partir de esa inconsistencia, llamémosle así, se comete un error gravísimo de percepción de las funciones y la naturaleza misma del partido. ¿En calidad de qué puede el señor Ochoa mandar llamar a un funcionario del gobierno federal a que le rinda cuentas? Recuerdo que en las plazas de toros de pronto los toreros le brindan los toros a un tipo famoso, en tiempos ya muy lejanos le brindaban a María Félix, Agustín Lara, Cantinflas, etc. y la gente aplaudía, pero de pronto los toreros le brindan a un amigo de él que nadie conoce y entonces se levanta el señor muy agradecido, le avienta la montera el torero y la porra siempre grita lo mismo, con el ingenio de los aficionados taurinos, gritando en un coro de varios cientos de personas: “¡¿Quién es ese wey?!”. Yo no voy a gritar eso, y mucho menos refiriéndome al presidente del PRI, pero pregunto: ¿Qué autoridad tiene sobre los funcionarios federales el presidente de un partido político, sea el PRI o sea cualquier otro? En ese mismo clima de confusión, en donde se ignora la separación de los poderes, tenemos que recordar que quién está para llamar a cuentas a los funcionarios del Poder Ejecutivo, es el Poder Legislativo y por eso se hacen no solamente los exámenes analíticos del informe que el presidente le rinde al congreso, pero el presidente, que yo sepa, no le rinde informes al partido. El partido no es ni un tribunal ni mucho menos una contraloría; el partido está para conquistar voluntad de la gente, para convertir sus acciones en votos, para llevar a su políticos a posiciones de poder en el legislativo, en el ejecutivo o en los gobiernos estatales o municipales. Está para concentrar el poder, pero no para lucirse burlándose del pobre hombre que a lo que más atina es a balbucear tonterías en las entrevistas que le han hecho por el desempeño ridículo de los deportistas mexicanos en Río de Janeiro. Y el desempeño ridículo ni siquiera es de los deportistas, porque ellos van, juegan y hacen lo que saben hacer, y quedan en quinto, séptimo u octavo lugar del mundo. La verdad es que es un desastre de irresponsabilidades encadenadas, hacen lo que quieren, nadie fomenta, curiosamente no hay un solo atleta egresado de la UNAM o de las universidades públicas, que no tienen carreras deportivas paralelas a sus actividades académicas, simplemente no hay. Lo que es una vergüenza es que el país gaste millones y millones de pesos en estas actividades y no den resultados importantes. ¿Por ello que va a hacer Enrique Reza, además del ridículo? ¿Qué va a hacer el PRI por el deporte? Si ya hicieron el ridículo con las elecciones, pues ahora que se preparen para no repetir y regresar de la elección del 2018 con una raquítica medallita de bronce. Ese es el riesgo del PRI hoy. Y Enrique Ochoa o no lo ve, o no lo sabe…o no se lo han dicho. En su recorrido por el país a ver si alguien se lo dice.

EN ESTA LUCHA ¿QUIÉN ES EL GATO Y QUIÉN EL RATÓN?

La verdad no interesa mucho analizar el informe que presentó la Comisión de Derechos Humanos, sobre el asunto de Tanhuato. De eso ya se ha hablado mucho y se seguirá hablando de este informe y de estos hechos por mucho tiempo, que no pueden ser vistos como algo accidental, circunstancial o aislado. Quienes quieran calificar a este gobierno, años o meses por venir, cuando empezará esta fragorosa lucha electoral, que todos anticipamos va a ser muy difícil, habrá varias palabras que van a poder definir el rostro del sexenio de Peña Nieto. Una de esas palabras es Tanhuato, otra es Iguala, otra es Ayotzinapa, otra Tlatlaya, otra es Apatzingán y vamos a llegar a la exhibición de argumentos políticos con base en la re exposición de diagnósticos o en relaciones de derechos humanos, porque siquiera entender con comprensión, o sin ella, se quiera escuchar lo que dice la Comisión de Seguridad Nacional, o no se quiera escuchar, lo que nos está dando a conocer la Comisión de Derechos Humanos es la más grande circunstancia de ejecuciones arbitrarias de la que se tenga memoria en México. Desde el trabajo de la Comisión de Los Derechos Humanos, que ya va para más de un cuarto de siglo. ¿Qué significa esto? Bueno pues significa lo que cada quien quiera que signifique. Si lo vemos desde la óptica de la Organización de los Estados Americanos, o de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos y los relatores especiales para la tortura, la libertad de expresión, las movilizaciones y las desapariciones forzadas, bueno pues significa que este país está hundido en una situación crítica en cuanto al irrespeto de los derechos humanos. ¿Y eso qué significa para un gobierno? Para un gobierno eso significa sencillamente que el desprestigio genera una pérdida de autoridad. La legitimidad en el ejercicio de la autoridad, en terrenos de control de multitudes, por ejemplo, desaparece. Hoy que leemos que los maestros de la CNTE dicen: “si prosigue la reforma educativa va a haber sangre”, de lo que nos están hablando es de lo que acaba de pasar en Oaxaca. El jueves hubo un caso excepcional en el senado de la república en el que un grupo pequeño de policías narró cómo fueron agredidos, mutilados, golpeados, secuestrados, por la turba, sin nadie los defendiera. Estamos viendo por un lado documentación de las violaciones a los derechos humanos que solamente se dan cuando una autoridad se excede en el ejercicio de sus capacidades o las cumple de manera ilegitima, por lo tanto las incumple, pero no estamos viendo cual es la vara para medir las provocaciones y linchamientos de policías, y los policías heridos y a los que se les prende fuego y a las decenas de soldados que han muerto en estos afanes de control, no de las multitudes en ejercicios cívicos de sus protestas, sino en medio de la violencia que afecta a este país.
¿Qué es lo que va a pasar? Bueno pues que yo en lo personal dudo mucho que el gobierno tenga capacidad futura para hacer eso que se ha dicho que quiere hacer o que puede, y que debe hacer, según algunos, porque el sector privado está azuzando al gobierno para que actúe con las herramientas de la fuerza pública para retirar bloqueos. Pero el gobierno ya perdió la capacidad del ejercicio de la fuerza pública. Ni siquiera poniendo a los policías con pistolas de agua los van a poder hacer responsables de la conducta de quienes ya hicieron de la calle el escenario de su lenguaje político. ¿Cómo después de lo que pasó en Tanhuato? ¿Como después de Nochixtlán? ¿Cómo después de Iguala? etc., Cómo puede el gobierno intervenir. La gente, los políticamente correctos, que suelen ser políticamente ignorantes, dicen: “Usando los protocolos”, ¿Cuáles, cuales protocolos? No han estado nunca en una refriega de esta naturaleza en la que no da tiempo de sacar el protocolo porque lo que se quiere es salvar otra cosa, otra parte de su anatomía. ¿Cuál es el protocolo que le corta la mano a un policía en Nochixtlán? ¿Cuál es el protocolo que le vacían gasolina a una mujer policía con el afán de quemarla? ¿Cuál es el protocolo cuando retienen a dos policías para cambiarlos por 22 detenidos por la propia policía, si no los matan? El vandalismo ha llegado a tal grado que las personas no tenemos derecho de portar un arma en este país sino mediante un procedimiento muy enredoso en la Secretaría de la Defensa Nacional, pero cualquier manifestante puede andar por la calle con una bomba, y estallarla a los pies de la policía sin que nadie lo toque, sin que nadie lo consigne, porque si lo consigna hay otra manifestación para que lo suelten. Entonces vemos a un gobierno que juega al gato y al ratón, pero no se da cuenta de que él es el ratón.