RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Estamos a mediados de diciembre y la efervescencia política va en aumento en los 2 principales partidos políticos de la entidad. Las nominaciones a los diferentes cargos de elección electoral que estarán en juego el año entrante, en especial los que se refiere a la gubernatura y la presidencia municipal, atraen la atención ciudadana. Desde luego que hay otros cargos apetitosos, como sería la integración del Congreso del Estado y las alcaldías de los municipios del interior. En lo que se refiere al PRI, Lorena Martínez desde hace muchos meses comenzó a trabajar de manera abierta por la nominación y en la difusión de la meta personal. Y para ello desde su encomienda como primer edil del municipio comenzó su labor con miras a la candidatura grande. Terminado su trienio mantuvo su grupo político unido a su entorno. Supo conformar lealtades, que en política son la mayor de las veces efímeras, en base a la otorgación de puestos en la procuraduría en que aún despacha. El círculo lorenista se ha mantenido compacto en base al interés de la posibilidad de acceder ahora al gobierno estatal. El trabajo político desarrollado ha sido no de ahora sino de hace ya varios años, y a ellos se han ido sumando elementos que antes pertenecían a otros grupos pero que se han ido adhiriendo por la gran posibilidad de triunfo el año entrante.

Lorena Martínez es una mujer audaz, que calcula sus pasos perfectamente en la política. Y lo acabamos de ver hace algunas semanas, luego de las elecciones federales del 7 de junio, en donde el PRI participó dando bandazos que dejaban ver a las claras que los resultados le serían desfavorables. Lo cual se cumplió en su totalidad. Desde antes de la contienda, en la selección de candidatos, Lorena Martínez se percató de que las nominaciones que se pensaban imponer no eran las más favorables para la causa tricolor, lo cual sentaría un precedente negativo para lo que se venía el año entrante.

La población atenta observaba como la rebatiña por los distritos era feroz, con aspirantes que no garantizaban el triunfo en las urnas. Aunado a ello la dirigencia del partido tricolor comenzó a escuchar voces que pedían su cambio, entre esas la de Lorena Martínez. El reclamo solo tenía un precedente en la historia política de la entidad, cuando Armando López Campa, y un grupo numeroso de priístas, exigieron en el sexenio de Otto Granados, la renuncia de Luis Fernando Muñoz como dirigente del PRI. Los resultados y la falta de tacto con la clase priísta, le habían hecho crecer los enanos a quien manejaba la política en la entidad. El ex gobernador manejó con certeza la inquietud de quienes se habían alzado y con inteligencia solucionó el problema. No dejando crecer la inconformidad. Sin embargo el daño estaba hecho al partido tricolor, pues la ciudadanía, atenta a las luchas intestinas del instituto político que mantuvo una hegemonía por décadas, comenzó a sopesar la conveniencia de mantener en el poder a quienes ni entre ellos se aguantaban. Aunado a ello se vino el cambio de gobierno de la república en donde Ernesto Zedillo tomó la estafeta de manos de Carlos Salinas luego del periodo sangriento del fratricidio de Luis Donaldo Colosio y el asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo en Guadalajara. La población de Aguascalientes por lo tanto no iba a refrendar en las urnas el triunfo al partido que en los primeros meses del sexenio zedillista había llevado al país al voladero en materia económica.

Esto fue aprovechado por el PAN en Aguascalientes y Alfredo “Mosco” Reyes ganó la presidencia municipal después de que había iniciado su campaña ante malos augurios, pues en ese tiempo el PRI todavía era el partido invencible, el poderoso, el del dinero inacabable para las campañas. Pero Alfredo se ganó la simpatía de la población de una manera muy fácil: tomando la bandera del agua. Prometiendo solucionar el problema que era CAASA, ya que la concesión que había dado el gobierno municipal a la empresa francesa había calado hondo en todos los sectores; se había tocado una fibra muy sensible en la sociedad pues no se concebía que un bien natural primordial, como lo es el agua, ahora tuviera dueño y para acabarla de completar… ¡extranjero! Ya en el año de 1862 Ignacio Zaragoza les había dado su estate quieto a los franceses, y ahora regresaban siendo dueños del agua que consumíamos. Alfredo prometió recuperar el agua, pero no lo hizo. Al revés, les dio 10 años más de los que ya tenían concesionados.

Hoy en el PRI local ya hay una aspirante; su contrincante más cercano es el senador Miguel Romo Medina. Hombre cabal con una amplia trayectoria política. Su paso por la alcaldía aún es recordado, pues mantuvo un perfil netamente de servicio. Su manejo en todos los cargos que ha ostentado es fiel reflejo de su manera de concebir el servicio público, con honestidad como regla, pero sobre todo con una entrega total al trabajo en beneficio de la ciudadanía. Miguel Romo es respetuoso de las directrices que marca el instituto político y pondera el alcance de su capital político. Sabe que esta sería su última oportunidad para acceder al gobierno del Estado, pero no lo enajena.

Ya la elección constitucional el año entrante será otra cosa. Quién sea el candidato tricolor sabe que no la tendrá fácil. Por ello ahora les preocupa más la conformación de alianzas, por lo que los partidos minoritarios habrán de vender caro su amor. Pues saben que a los partidos que son la fuerza política principal en Aguascalientes les urge conformar una asociación para la suma de votos que den la tranquilidad del triunfo. Obviamente que junto con la conformación de alianzas los partidos exigirán posiciones importantes, candidaturas que les otorguen posteriormente puestos jugosos, canonjías y participación en las decisiones importantes vía el Congreso del Estado.

En lo referente a la alcaldía de Aguascalientes, contrario al PAN, en el PRI no hay mucho movimiento abierto de parte de los interesados. La atención está centrada totalmente en la candidatura al gobierno del estado. Pero eso no obsta para que a quienes les late su corazoncito se dediquen de manera casi subrepticia, muy discreta, a realizar labores de sondeo entre la población. Y mire usted que interesante. Uno de los que obtienen buenos comentarios de la población es quién ya fue presidente interino: Adrián Ventura Dávila. Y no sorprende, pues Adrián realizó un buen trabajo primero como Secretario del Ayuntamiento y posteriormente como Presidente Municipal cuando Gabriel Arellano decidió solicitar licencia para contender, hace seis años, por la candidatura al gobierno del estado. Ventura Dávila terminó el último año del trienio de Gabriel de manera muy exacta. Sin problemas. Administró el municipio sin aspavientos, con bonhomía y con entrega total. Supo aprovechar la responsabilidad que el destino le otorgaba. Hoy la población reconoce su trabajo; aunado a ello hay que recordar que Ventura Dávila es heredero de un ex dirigente magisterial, Herminio Ventura y pertenece a una de las familias de mayor prestigio político en la entidad.

La próxima entrega “La situación en Aguascalientes para Acción Nacional”. Mientras tanto sólo me resta desearle a nuestros lectores que pasen una muy ¡feliz Navidad!