RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Terminó el sexenio de Carlos Lozano. Hoy Aguascalientes está preparado para juzgar el trabajo realizado por el gobernador priista durante seis años. Su mismo partido y sus militantes tienen la encomienda de calificar su labor como primer priísta del estado. Qué saldo positivo y negativo le deja al partido que lo encumbró. La gente del campo podrá decir qué mejoras tuvieron en su calidad de vida a lo largo de estos seis años. La clase media, que cada vez es menor, y la clase baja, podrán opinar sobre los beneficios del gobierno cuyo lema fue: “Progreso para todos”. Desde luego que también la clase alta tendrá su opinión de cómo les fue en la feria. Inicia pues el desmenuzamiento de un sexenio, de sus logros o deficiencias.

Así mismo inicia un nuevo sexenio, un nuevo gobierno. De nueva cuenta el PAN obtuvo la aprobación ciudadana para volver a ostentar el poder ejecutivo, y junto con ello la mayoría en el poder legislativo, así como 4 alcaldías. Casi carro completo. Por tercera vez, en la historia de Aguascalientes, el PAN ocupará la casona de los Rincón Gallardo: primero Felipe González, luego Luis Armando Reynoso y hoy Martín Orozco. La ciudadanía le dio su confianza a Acción Nacional y sus candidatos para que guíen los destinos del estado pero exigiendo que los políticos que ganaron estén a la altura del sistema en el que funcionan, que se conduzcan con la calidad correspondiente. A Martín Orozco la vida le está dando la oportunidad que buscó desde que se inició en la política. En la rueda de la vida un hombre puede ganar o perder. En este caso muy pocos pueden presumir de haber sido candidatos al gobierno en dos ocasiones. Él lo logró y asimilando su primera derrota aprendió de los errores y triunfó en la segunda ocasión. Hoy Aguascalientes espera mucho de él. Que sea claro en sus planteamientos y exigente en los resultados.

 

EL FUTURO DE MÉXICO ESTÁ EN NUESTRAS MANOS

Los efectos del triunfo de Donald Trump ya se están percibiendo, lo cual tiene nerviosa a la economía, a los mercados y las expectativas de crecimiento comercial y de acuerdos, así como de intercambios comerciales. Trump se eligió el 8 de noviembre y va aumentando su popularidad en E.U. pero en México lo único que aumenta es el miedo. Las recientes designaciones de funcionarios y los últimos discursos de Trump nos dejan claro que no será un gobernante responsable y sensato. Estamos ante una amenaza real, grave e inminente, no solo para México sino para el mundo entero, sin descontar a los E.U.

Aún cuando suelen no coincidir los discursos de los candidatos con sus acciones de gobierno, nada bueno podemos esperar de este hombre. Aún no inicia su gobierno y ya está reculando en algunas de sus promesas de campaña, y está también diciendo dislates por donde va. Se ve incoherente, errático, que no tiene un plan de gobierno y podemos esperar cualquier brutalidad de él. Pero hay que decir que el problema no es nada más Trump, debemos analizar tres ángulos que están íntimamente vinculados: Uno, que a Trump lo votaron más de 60 millones de norteamericanos que están dispuestos a seguirlo en su barbarie apoyada en el viejo esquema de Estado-Nación. ¿Qué es el Estado- Nación para los efectos del caso? Estados Unidos para los norteamericanos. ¡Claro! Sólo para los de raza blanca. El segundo ángulo es que debemos de considerar que la globalización ha producido indudables beneficios para la humanidad, pero no ha traído aparejada la justicia y la equidad en el mundo, no ha reducido la pobreza ni la violencia; el problema es un mundo injusto, con unos cuantos países desarrollados frente a muchos millones de seres humanos hambrientos, que no tienen futuro y que están destinados a la pobreza y a la muerte. Ese es el problema que debe entender el mundo. Pero hay otro punto que creo imprescindible y que debemos considerar como lo señala muy atinadamente el Ministro de la Corte, José Ramón Cossío. Él habla de la pendiente de la des institucionalización. ¿Qué es esto? Que en todas las latitudes, en todas partes del mundo, se registra la insatisfacción de ciudadanos por el desempeño de sus estructuras jurídicas, políticas y sociales. Por todo lo anterior y para superar nosotros nuestras adversidades, el gobierno debe hacer una política internacional inteligente y firme. La debemos conocer los mexicanos. El gobierno debe abrir más mercados, pero también consciente de que otras potencias también son depredadoras. Deberá promover el gobierno de México el desarrollo interno. Limpiar y fortalecer las instituciones, abatiendo la corrupción y la impunidad; pero tampoco no debemos colgarnos del gobierno para que nos resuelva el problema. Nosotros los ciudadanos debemos ser mejores. No podemos quedarnos en la bravata ni en el lloriqueo. Necesitamos cohesionarnos internamente, estudiar más, prepararnos más, trabajar más y ser más generosos. Creo que de esta manera Trump será un mal pasajero. ¿Qué puede durar el tiempo de su encargo? Puede ser reelecto. Tal vez un juicio político lo eche del gobierno por autócrata y violador de la ley. Tampoco debemos descontar que lo eliminen extremistas, a quienes él ha dicho que desaparecerá de la tierra. Trump también tiene los días contados. A nosotros los mexicanos más nos vale entender la buena filosofía de dos viejos refranes muy conocidos, uno que dice: “No hay mal que por bien no venga”, si es que lo sabemos enfrentar. Y el otro: “No hay mal que dure cien años” Y Trump también tiene contados sus días. En síntesis le diré que nos debe de quedar claro que el futuro de México está en nuestras manos, no en las de otros.

 

LOS NUEVOS GOBIERNOS

Estamos en plena época de arranque de gobiernos. Terminan sexenios e inician otros. Atentos estamos a estados como Veracruz, Quintana Roo, Chihuahua, Oaxaca y la gente ve mal la circunstancia en la que llegan debido a que esos estados tienen un común denominador, son personas que llegan a un gobierno y desde antes de entrar ya están sufriendo problemas derivados de la más grave circunstancia que domina la política mexicana que es obviamente la corrupción. Porque ninguno de estos señores que llega después de haber hecho promesas de campaña, después de haber dicho que harán esto y que harán lo otro, puede hacer algo siquiera parecido a lo que soñó que quería hacer, porque se encuentra con lo mismo con que se encontraron sus antecesores y los antecesores de los anteriores y ha sido una larga cadena de desdichas, porque los gobiernos estatales en México nacen quebrados, crecen desfondados y se mueren saqueados. Por ejemplo, ¿Que le puede esperar a un estado como Quintana Roo? Su antecesor está prácticamente a salto de mata acusado de todo tipo de pillerías, las que quiera usted imaginarse, ahí las cometió, vendiendo terrenos a precios irrisorios, además terrenos que no eran suyos, etc. ¿Qué va a pasar con Veracruz que es el resumidero de todas las porquerías imaginables? ¡Lo mismo! ¿Cómo pueden estos señores, suponiendo que ellos en verdad tuvieran una intención redentora y de buena administración en el mejor gobierno, si ya nacen en la miseria, en la deuda, en el recorte, en la falta de recursos, en el despido de trabajadores y en la incapacidad, siquiera, para continuar algo? Lo único que se puede continuar es el desfalco, el desorden administrativo, la corrupción, que se mide en todas partes por miles de millones. Hace tiempo escuchábamos las tristes historias de un desfalco de 40 o 50 millones de pesos, después empezamos a oír cantidades de 100 o 200 millones, y ahora escuchamos desfalcos –más bien robos- de miles y miles de millones en todas partes. Ese es el problema que hoy nos debería a los mexicanos tener absolutamente preocupados y buscando una verdadera solución, porque ese problema sí lo podríamos solucionar nosotros.