RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

En la entrega de la semana pasada recordaba cómo fue la lucha electoral, y las vicisitudes posteriores que Martín Orozco tuvo que pasar para alcanzar el triunfo en las urnas el pasado 5 de junio. Importante es comentarle que, pasada ya la sesión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el pasado 19 de octubre, Martín Orozco recordaba cómo hacía seis años, el 4 de julio de 2010, la noche del día de las elecciones a gobernador, alcaldes y congreso local en Aguascalientes, en donde Orozco Sandoval había sido el candidato al gobierno, había estado en su bunker ubicado en una de las suites del Hotel Fiesta Americana, acompañado de Santiago Creel, Felipe González, Arturo González y Fernando Herrera, que había sido candidato a alcalde de Aguascalientes, entre otros. Los resultados de la votación en las diferentes casillas les llegaban uno tras otro, y con desánimo veían cómo no les favorecía la votación. Cada momento se hacía más grande la distancia con los candidatos del PRI. De vez en vez Creel, Felipe González, Fernando Herrera, Arturo González y Orozco, se juntaban en una habitación, sin testigos, como si fuera un cónclave, para discurrir qué estaba pasando y si con las casillas que aún faltaban de contabilizar aún podían cambiar los resultados y que con ello se revirtiera la votación. Había mucha incertidumbre y no halagadoras perspectivas. En un momento dado acordaron Orozco, Creel, Felipe González y Arturo González bajar al lugar en donde habían puesto su área de prensa, ahí mismo en el hotel. Todavía había algunos periodistas aguardando resultados y declaraciones de los protagonistas. Creel anunció que habían ganado la elección. Que tenían resultados de gran parte de las casillas y que los resultados les eran favorables. No podían darse por derrotados a las primeras de cambio. Todavía había esperanza de que las casillas del área rural, que faltaban por contabilizar, nivelaran la situación. Ya en la madrugada la situación era irreversible. Habían perdido. A pocos metros del bunker panista se escuchaba música de mariachis y mucha algarabía. En la Cava Domecq había una fiesta en grande, se festejaba la victoria de los candidatos del PRI.

Los resultados se dieron, por una u otra razón, en contra de los candidatos del PAN, pero Martín Orozco no fue como otros candidatos, que al ser derrotados abandonan totalmente la política. Como ha sucedido en Aguascalientes con algunos candidatos perdedores. Orozco Sandoval reinició su trabajo partidista y su trabajo político en el estado. Logró la senaduría, la cual ganó por amplio margen en las urnas, y continuó con su grupo político, trabajando como un relojito bien aceitado. Sabía que sin el trabajo de campo en todas las áreas sería difícil volver a ganar la candidatura. El tiempo transcurrió con lentitud. Pero Orozco supo capotear el temporal. Obtuvo de nueva cuenta la candidatura, y sin alianza alguna se lanzó de nuevo a la odisea de ganar la gubernatura.

Fernando Herrera asimiló la derrota ante la candidata tricolor. Pero sabía que no era el fin. Y bien dicen que no hay mal que por bien no venga. Fernando amalgamó un grupo político fuerte, con una característica: muchos jóvenes con deseos de levantar de la lona al PAN. Y obtuvo la candidatura al Senado. Sabían tanto él como Orozco que no sería fácil la elección, sobre todo porque el PRI había vuelto por sus fueros en el estado, que tenía ya como gobernador y presidenta municipal a priístas de reconocido liderazgo, por lo que el triunfo electoral no era seguro. Además había otra situación en contra, la candidata panista a la presidencia de la república, Josefina Vázquez Mota, no lograba posesionarse en el ánimo del electorado, incluso había caído a un tercer lugar en las preferencias, estando antes que ella Peña Nieto y López Obrador en las encuestas, y eso les significaba también a los candidatos blanquiazules ir cuesta arriba. Sin embargo los candidatos azules le otorgaron el triunfo a su partido en Aguascalientes. El triunfo de Acción Nacional fue contundente. Y Orozco y Herrera llegaron sin contratiempos al Senado de la república. Martín Orozco con esto aseguraba la continuidad en la vida política aguascalentense al ser su representante en el Senado y con ello buscar de nuevo ser candidato a gobernador. Fernando Herrera por su parte logró ir haciendo equipo con los líderes panistas, alcanzando, cuando Gustavo Madero era el presidente nacional del PAN, el liderazgo de la bancada panista en el senado. Se fue Madero y Ricardo Anaya lo ratificó como líder de los senadores blanquiazules.

Para Martín Orozco en esta ocasión la elección a gobernador fue más complicada. Prueba de ello es que el triunfo de MOS fue por menos de 12 mil votos sobre la candidata aliancista. A ello había que agregarle la impugnación, que mantuvo en indefinición el resultado. Pero de una cosa estaban seguros muchos ciudadanos, si se repetía la elección el PRI la perdería por más votos. Y no porque Lorena Martínez fuera una mala candidata, ¡al contrario! Era lo mejor que había podido decidir el PRI. Lorena Martínez es una política que desde siempre ha tenido altura de miras. Que sabe a lo que va y que mide cada una de sus acciones. A ello hay que agregar que tiene carisma y que sabe perfectamente en dónde hacer el trabajo partidista. Lorena había hecho un formidable trabajo en la presidencia municipal de Aguascalientes. Posteriormente su llamado como Procuradora de la PROFECO no era más que la antesala de la candidatura al gobierno aguascalentense. Nadie dudaba que ella sería la elegida del partido tricolor. Y su candidatura le daba un plus tremendo a la elección pues dos personajes de la política local se medirían en una lucha de poder a poder. Más difícil para Orozco ya que se consideraba que Aguascalientes seguiría siendo priísta. Era un coto que el PRI consideraba como suyo en esta ocasión. Y con Lorena como candidata esto se aseguraba. Martín Orozco y el panismo local tuvieron que sortear muchas cosas en contra. Uno de los aciertos del PAN fue elegir como candidata a la alcaldía de Aguascalientes a una mujer joven, carismática y con muchos deseos de servir Tere Jiménez. Eso innegablemente le allegó votos al candidato a gobernador.