RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Probablemente para muchos era previsible el resultado de la impugnación que realizó la coalición “Aguascalientes Grande y para Todos”, así como MORENA, sobre los resultados de la pasada elección para gobernador. Se percibía en gran parte de la población que el triunfo de Martín Orozco en las urnas sería al final de cuentas respetado. Las quejas de los partidos opositores al PAN eran hasta cierto punto endebles. La principal de ellas era la supuesta injerencia del clero en el ánimo de la gente para inducir el voto a favor de Acción Nacional. Ello a pesar de que nunca los ministros de culto pronunciaron el nombre de Martín Orozco ni el del Partido que lo abanderaba en esta elección. Desde luego que las mentes suspicaces abonaban a la propaganda subliminal que según ellos había ejercido la iglesia católica para enderezar el voto a favor de Orozco Sandoval. Pero es innegable que gran parte de la sociedad, más que acatar lo que pudiera haber sido una sugerencia eclesiástica, estaba tremendamente molesta, por decirlo de una manera decente, de lo que es el PRI no solo en Aguascalientes sino en todo el país. Es indiscutible que el país se encuentra sumido en un clima de sangrienta violencia que ha dejado miles y miles de muertos a lo largo y ancho del territorio nacional. Incluso los estados hasta no hace mucho considerados seguros, como Guanajuato y Yucatán, están ya siendo víctimas del crimen organizado. A eso habría que agregar que las promesas del ahora presidente Peña Nieto no han sido cumplidas, aquel slogan que en la pasada campaña presidencial  utilizó por un corto tiempo el PAN, “PEÑA NO CUMPLE”, ha sido una profecía cumplida, de sobra, por el presidente. Los actos corruptos de su gobierno son burdos. El colmo de los malos manejos políticos de Peña fue el proponer en plenas campañas electorales los matrimonios igualitarios. Eso afectó tremendamente la imagen del PRI entre un grupo importante de ciudadanos que no aprueban dichos matrimonios. Prueba de ello han sido las marchas que posteriormente se celebraron en todo el país para protestar por dicha iniciativa. Al final de cuentas ni se aprobaron, pero el golpe a la figura presidencia y al PRI, estaba dado, afectando en mucho a la candidata del PRI en Aguascalientes, que a pesar de que dicha iniciativa había sido propuesta por el presidente priísta, ella opinó que no estaba de acuerdo con ello. Lorena Martínez trató de esquivar el golpe que eso le representaría pero desafortunadamente, para su proyecto político, fue letal, prueba de ello es que la impugnación se derivó de ello, por, repito, la supuesta injerencia del clero, que había rechazado terminantemente ese tipo de matrimonios y por ello se decía que habían tenido injerencia en el criterio electoral de los ciudadanos. Es importante decir que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, en su sesión del miércoles 19 de octubre, confirmó una conducta indebida de varios ministros de culto, pero consideraron que no tenía suficiente trascendencia como para anular la elección, aunque algunos de los magistrados sí dijeron que el activismo de algunos ministros de culto católico constituían una clara violación a los principios constitucionales de laicidad y en uno de los resolutivos se determinó “dar vista” a la SEGOB y a la FEPADE para investigar conductas indebidas de los representantes del clero católico. Como quiera que sea, eso no ameritó la nulidad de la elección, pues no constituían irregularidades graves ya que no se pudo confirmar un beneficio a favor del ahora gobernador electo.

La derrota priísta  se veía venir. Y cómo no, si en las semanas de campañas electorales aumentaron los precios de  las gasolinas, diesel y electricidad, con el consabido enojo de la población que así veía cómo su poder adquisitivo era cada día menor; el PRI era el partido receptor del disgusto de la gente, que veía cómo ya no el presidente, sino los representantes populares de dicho partido no hacían nada por evitarlo. Las promesas de campaña de Peña Nieto no eran cumplidas, a pesar de que él mismo había anunciado luego de las 11 reformas estructurales que propuso a inicios de su sexenio, que bajarían los precios de los energéticos. No fue verdad. Para colmo, el presidente seguía teniendo desatinos graves en su labor como jefe del ejecutivo, se seguía viendo a un presidente débil, inexperto y que no dejaba de dar bandazos. Eso a la ciudadanía le molestaba e influiría en su decisión del 5 de junio.

A todo lo anterior había que sumar que la decisión para definir al candidato priísta a la alcaldía de Aguascalientes se había dado en base a una decisión unilateral, que no había dejado manera de maniobra para negociar a un candidato que ayudara a sumar simpatías, y por ende votos al partido tricolor. El candidato que la candidata de la alianza deseaba fuera su compañero de fórmula, no alcanzó ni siquiera a recibir su constancia de pre candidato. Sin esa constancia no podía convocar a la militancia a votar por él en la asamblea en la que serían electos los candidatos. Esta fue un contrariedad que se sabía traería consecuencias que repercutirían en la votación, como efectivamente sucedió.

A la militancia priísta hubo cosas que le molestaron demasiado, la primera: Debido a la alianza con los Partidos Nueva Alianza, Verde Ecologista y Partido del Trabajo, se tuvieron que repartir entre esos partidos las diferentes candidaturas, dejando sin oportunidad a priístas que sentían tenían derecho a obtener alguna nominación, principalmente a diputaciones o a integrar las planillas para los ayuntamientos. Pero con la alianza estas candidaturas se redujeron pues se tuvieron que entregar varias a los partidos de la alianza. Esto causó disgustos que significaron la defección de militantes al PRI, algunos de manera subrepticia y algunos de manera totalmente abierta, pues se sintieron traicionados o no reconocidos, algunos, la mayoría, trabajaron por esta situación de desdén partidista, a favor del PAN.

Como si lo anterior fuera poca cosa, en el círculo cercano de la candidata había muchos generales y poca tropa. Eso desagradó a mucha de la militancia priísta, que no alcanzaba a comprender porqué no se le ponía remedio, ya que más que sumar restaba brazos para la lucha electoral, para la talacha partidista en las diferentes colonias, distritos y municipios.

Ahí comenzó el disimulo de las brigadas en el trabajo de campo, pues veían que desde antes de ganar la elección, se les veía por encima del hombro, como haciéndoles un favor. Al final de cuentas en el PRI no había aprendido de los errores, y esto favorecía al 100% al partido blanquiazul, con un Martín Orozco que seis años antes había perdido la elección, pero que pacientemente fue restañando heridas.