RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El día de hoy es día de fiesta cívica, democrática. El ejercicio que podremos realizar libremente este día al ir a las urnas a elegir a nuestros gobernantes es cosa imposible en muchos países. En México, bien o mal, es algo ya cotidiano y por ello para algunos ciudadanos es algo irrelevante, al grado tal de no acudir a las casillas a sufragar. Es el riesgo de la libertad de elegir a nuestras autoridades. O la respuesta a los partidos políticos por los candidatos que designaron. Como quiera que sea al final de este día se irán vislumbrando quienes tomarán las riendas del estado y los municipios, así como de los integrantes del congreso del estado. La democracia es el camino para crear nuevos valores, para fortalecer la mística de nuestro país y atraer, por ejemplo, a la juventud que debe ser educada para servir a la patria mejor que nosotros; con la experiencia de nuestros errores y la enseñanza de nuestros aciertos.

Aguascalientes vivirá, sin duda, una intensa jornada electoral. Lo deseable es que se circunscriba a las reglas establecidas y que se viva con limpieza, sin actos que la deshonren y que pongan en tela de duda los resultados. Ya comentaremos todo lo que sucede hoy, en la próxima entrega.

 

LA TELEVISION ACTUAL

Televisa anuncio varios cambios en su cartelera de noticieros, y quisiera comentarle que algunos hemos tenido suerte de ver la evolución de los mecanismos de información de la televisión mexicana, y tengo la plena conciencia de que la televisión abrasa –sic-. La televisión es un monstruo insaciable, que a veces devora no solamente el tiempo y la atención de la gente, pero al mismo tiempo que va generando el apetito de que la vean, ella misma se va devorando. La televisión se come su propia programación y por eso son tan extraños y tan raros los cambios, como puede ser el de Don Francisco, en la Televisión Continental, que ahora ya resucitó en otra cadena; como el caso de Jacobo Zabludovsky y quizá también de Lolita Ayala, que son asuntos de extrema longevidad, sobre todo en el campo informativo, porque en el campo de las variedades y los espectáculos el conductor pasa a un segundo término, pero en la televisión informativa la información misma tiene la personalidad del conductor, y eso es lo extraño de tantos años que pasó por ahí Jacobo Zabludovsky. ¿Qué va a ocurrir ahora con una nueva fórmula de presentación de las noticias, más orientada a la reflexión? En algunas reuniones hemos comentado que la televisión más que un medio de análisis es un medio de difusión muy poderoso, y el análisis como que a la televisión no se le da, pero ahora se le tiene que dar, porque la fugacidad del instante de la información a través de las plataformas digitales no convencionales, como las redes sociales, ha dejado a la televisión como una caja de resonancia de las redes, entonces ahora esto de las multi plataformas es lo que le tiene que dar un doble espacio a la televisión: ganar la espontaneidad, la velocidad, la fugacidad, ya no del minuto ni del segundo, sino del instante, ganarle a las redes, a través de sus propias redes y darle un espacio para contenidos en donde se pueda pensar, analizar, sin llegar a la profundidad que podría tener un catedrático. Hoy la televisión necesita jugar a la velocidad del instante y tener la profundidad para que le entiendan el catedrático y el albañil. Ese es el desafío de la nueva televisión.

Hay una obra de arte cinematográfica, realizada por Sídney Lumet, a finales de los años setenta, que se llama “Network” en México, “Poder Que Mata”, la historia de un protagonista de las noticias a la altura de los grandes informadores de aquel entonces en Estados Unidos y de cómo vino su debacle porque se acaba el rating, se acaba la audiencia del noticiero, y deciden correrlo; él toma la genial idea de anunciar que como lo van a correr se va a suicidar en cadena nacional de televisión, y de ahí surge una idea de una productora de contenidos y le quitan el noticiero como tal y ese horario lo convierten en un espacio profético, un espacio en el que se expresaba a través de este conductor de la televisión -de tanto prestigio, ya mayor- toda la angustia reprimida del pueblo estadounidense. Es una obra de arte escrita por un guionista casi de antología, Paddy Chayefsky, y el resultado es brutal, que muestra, desnuda, lo que mueve a la televisión de fondo. Para tratar de entender que está pasando con las televisoras mexicanas los americanos hicieron un estudio hace cuarenta años, y nos explicaron que esto es una circunstancia de audiencia, en fin, de temas no digo que de frivolidad, en busca de éxito como el In God We Trust.

¿Cuál ha sido el momento que ha tenido la televisión en toda su historia en cualquier parte del mundo? Cuando transmitió en tiempo real la llegada del hombre a la luna. Ahí fue cuando la televisión rompió el mundo, se fue a la estratosfera, conquistó el espacio al mismo tiempo que el hombre. ¿Pero qué fue lo que sucedió? No había patrocinadores para otro viaje a la luna. Y el problema de los concesionarios de la televisión es que todos los días tiene que hacer que la gente crea que está yendo a la luna y ya no al canal de las estrellas.

 

UNA FUGA MÁS, TAL VEZ UN POCO AMARGA

La semana que recién terminó se fugaron de una prisión de máxima seguridad del sistema carcelario dos presos, uno de ellos con antecedentes de haberse fugado ya en otras tres ocasiones y de apodo “El Fugas”, por lo que esta fuga fue la número cuatro. Y eso me recuerda una de las grandes obras de la literatura mundial que es posible gracias a la fuga de una cárcel: El Conde de Montecristo. Prisión que estaba en un lugar inexpugnable, inaccesible e inviolable llamado El Castillo de If. También me recuerda la fuga de Alcatraz, o las fugas de las Islas Marías, la de Fidel Corvera Ríos de Lecumberri, que se fugó por el drenaje. Y resulta que todos vemos al hombre que se fuga, como al hombre que a veces quisiéramos ser. ¿Cuantas veces nosotros en la vida no nos queremos fugar de la cárcel de la rutina, de los problemas? Y todo el mundo dice hay días que quisiera mandarlo todo al demonio ¡Y largarme, fugarme! Y fugarse sería un arte, el arte de la fuga que es una especie de anhelo de todo hombre que llega a la cárcel, pues cuando alguien llega a la cárcel lo primero que planean es: ¿Cómo me voy a escapar de aquí? Y entonces se hacen las grandes complicidades, los grandes negocios. Detrás de cada fuga hay un millonario: el que la paga y el que recibe el dinero. Todo se hace con dinero. No se fuga nadie limando los barrotes con infinita paciencia ni escarbando un agujero con una cuchara. Se fugan con dinero, dinero y más dinero. Y si no pregúntenle al Chapo. En el caso del “Fugas” algo sabrá para que alguien le esté patrocinando tantos escapes.