RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Como todo, no hay plazo que no se cumpla y dentro de una semana se efectuará la jornada electoral más importante de nuestro estado, en donde se elegirá al nuevo gobernador y a los próximos alcaldes, regidores y síndicos, así como a los nuevos y diputados al congreso local. Pronto pasó el sexenio del actual gobernador. Y pareciera como si estuviéramos viendo la misma película de hace seis años, con Martín Orozco de candidato al gobierno, sólo que en esta ocasión Lorena Martínez pasó de ser candidata a presidenta municipal a candidata a gobernadora. Hoy Martín Orozco debe haber asimilado la derrota sufrida a manos del candidato del PRI. Tuvo Orozco Sandoval seis largos años para meditar, planear y realizar la estrategia de campaña que le diera el triunfo en esta ocasión. Debió haber sopesado ampliamente el equipo que le iba a acompañar en esta nueva oportunidad, única en la historia política de Aguascalientes. No recuerdo a algún candidato a gobernador que haya perdido y que de nueva cuenta le hayan  otorgado la candidatura para contender nuevamente. Más bien recuerdo cómo algunos candidatos que han perdido se han exiliado del estado, apenados o decepcionados con sus compañeros de partido y con quienes prometieron su voto, y el día D torcieron el camino y cambiaron su decisión. Martín no, Martín Orozco supo digerir la derrota y renació al interior de su partido para obtener una candidatura al senado que lo mantuviera vigente y en el ánimo de la ciudadanía. Lo logró. En el senado estuvo tres años, y en el momento preciso trabajó para ir por la gubernatura y para ello obtuvo la candidatura frente a un panista que estaba en su mero punto en el ánimo popular: José Antonio Martín del Campo, a quien hay que reconocerle su lealtad, tanto de amigo como partidista, al ceder en la contienda por la candidatura a favor de quién tres años atrás lo había apoyado para llegar a la presidencia municipal. Hoy Orozco Sandoval está a unos días de corroborar si su trabajo político le rendirá frutos reflejados en las urnas el próximo domingo.

El caso de Lorena Martínez es diferente, llegó a la candidatura desde otra perspectiva, la del triunfo obtenido –ampliamente- hace seis años, cuando ganó la alcaldía de Aguascalientes, con un apoyo tremendo de la ciudadanía reflejada en la votación obtenida. Ganándole a uno de los cuadros panistas más importantes y experimentados de Aguascalientes: Fernando Herrera. Martínez Rodríguez es una profesional de la política, por ello  supo que debería trabajar por la candidatura al gobierno estatal desde la trinchera que le representaba la alcaldía. Su labor al frente del municipio fue aceptable y terminó con decoro su encargo. Al terminar su trienio, Peña Nieto la nombró Procuradora Federal del Consumidor. Eso apuntaló su proyecto, pues sabía que con dos años  que estuviera ahí su promoción sería intensa y de un alcance muy relevante, con eso nadie dentro del PRI podría hacerle sombra, en su camino a la candidatura, como sucedió. Hoy Lorena Martínez está tratando de capitalizar los logros obtenidos a lo largo de ya muchos años de actividad política, tanto local como nacional. Su estrategia de campaña ha sido manejada encaminada a una proyección del estado a las grandes ligas. El trabajo de su staff ha sido perfecto para lo que es una campaña proselitista. La medición de fuerzas con Orozco es tal, que al día de hoy no se sabe a ciencia cierta quién ganará. Hay empate técnico, dicen los que son expertos en materia electoral.

Gabriel Arellano, hombre inquieto, echado para adelante, que no desiste en sus propósitos se atrevió a ir a una odisea completamente nueva para la sociedad aguascalentense: ser candidato independiente. Y lo hizo debido a que los obstáculos que le pusieron en el partido en que militó, fueron muchos. Sabía que por ese lado nunca llegaría. A pesar de que en el 2008 Gabriel había recuperado, para el PRI aguascalentense, la preciada joya que es la alcaldía del municipio de la capital: Aguascalientes. Y con él arrastró al triunfo a los candidatos a diputados y regidores. Al llegar a la presidencia cumplió una promesa de campaña: donar la mitad de su sueldo para apoyar a las comunidades más pobres. Gabriel trató de obtener la candidatura al gobierno hace seis años, lo cual no logró, pues Carlos Lozano de la Torre, en ese tiempo senador de la república, había trabajado con mucho cuidado y tejiendo fino, en la cúpula partidista. Los sondeos que el partido aplanadora tenía sobre los aspirantes le daban mucha ventaja, como al final de cuentas sucedió. Lorena Martínez trató de obtener también la candidatura a la gubernatura, pero su experiencia y disciplina partidista le señaló que primero la alcaldía y después la gubernatura. Gabriel aceptó no muy convencido y pidió licencia a fines del 2009 para contender. No logró su objetivo. Posteriormente trató de obtener la candidatura a una diputación federal. No lo logró. Eso fue el parte aguas de su carrera política. Ahí tomó la decisión de irse por la libre y obtener la candidatura independiente, para ello obtuvo más de 50 mil firmas de ciudadanos que lo apoyaron. Si esos mismos ciudadanos que le dieron la firma para su registro acuden a las urnas a sufragar por él, puede dar una sorpresa que cambie el rumbo de la historia en Aguascalientes. De lo que no podemos dudar en lo absoluto, es en la entrega total que Gabriel ha hecho en estos casi dos meses, haciendo una campaña a nivel de piso, muy, pero muy intensa, por lo que la suerte debe ser justa con él, que sin recursos económicos ha dado la pelea de manera muy decorosa.

Hoy, a ocho días de la elección sólo podemos decir: ¡cierren las puertas!

 

MEXICO: GIGANTESCA FOSA COMÚN

Si existieran noticias macabras, éstas que tienen que ver con las inhumaciones clandestinas en fosas comunes, digamos no declaradas desde un principio, serían posiblemente las que se ganarían la mejor clasificación, porque resulta verdaderamente increíble que en este país se hable de tantos miles de desaparecidos, y de pronto en una fosa aparezcan 116 cuerpos de personas a las que nadie reclamó, o cuyos reclamos no coincidieron con esos cuerpos en esos momentos, y la manera como se pueden mezclar unas cosas con otras. Estoy de acuerdo en que haya una legítima preocupación de todas las organizaciones de defensa de los derechos humanos por encontrar a los miles de desaparecidos que hay en este país, pero la gente en un país tan raro y tan diverso, como el nuestro, puede desaparecer por muchas razones. Me enteré por medio de algún diario nacional, hace un tiempo, que el servicio médico forense de la Ciudad de México, habla de que diariamente hay entre 8 y 10 cuerpos que llegan ahí y que nadie sabe quiénes son. Personas que mueren atropelladas o que las encuentran muertas como indigentes en las calles, personas de las que nadie sabe quiénes son porque no tienen identificación, que no tienen ningún registro de huellas dactilares, gente que no se sabe cómo llegó a la ciudad. Y permanecen un tiempo en el forense y después los echan ahí, como un despojo orgánico. Es una parte muy triste de la inhumana condición de un país, en donde esto que pasó en Tecaltzingo, según dice el Fiscal de Morelos, de manera regular, porque había protocolos y carpetas de investigación, antecedentes, permisos municipales de inhumación, etc. Recordemos que los panteones en este país dependen de la autoridad municipal. Entonces resulta absolutamente grotesco que estos hallazgos se presten para la fabricación de evidencias sobre falsas evidencias. Como dice el Rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alejandro Vera: Pueden estarse escondiendo crímenes de lesa humanidad. ¿Cuál sería uno de ellos? Obviamente la desaparición forzada. Y eso nos lleva automáticamente a enlazar al fenómeno de Morelos con el fenómeno de Cocula. No sé si hay una deliberada intención en fraternizar estos asuntos; en hacerlos parecer como si tuvieran un origen similar, y como si todo lo que ocurre, en las muchas fosas que se han encontrado en el estado de Guerrero y algunas otras en el estado de Morelos, tienen que ver con una fosa común, llamémosle “regularizada” por la acción de una autoridad pública.