RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El día de ayer se llevó a cabo el registro de los candidatos del Partido Movimiento Ciudadano, el Partido naranja. El acto se efectuó a las once de la mañana y a esa hora ya estaban tomando un baño de sol primaveral los aproximadamente doscientos simpatizantes de dicho partido, que minutos antes habían llegado al edificio que hace ya varios años se construyó con el propósito de albergar al Centro Neuropsiquiátrico, esto en el sexenio del inolvidable ex gobernador J. Refugio Esparza Reyes. Hoy el edificio es la sede del Instituto Estatal Electoral. El Partido naranja está tomando un segundo aire en el ánimo de la población, luego de que su dirección pasó por varias manos, en donde hubo dirigentes y militantes de todo tipo. Algunos de ellos, con el cambio de dirigencia y de mandos todavía no hace muchos días, se resistían a dejar la preciada ubre que representa un partido político; por ello los tiros y tirones estuvieron de a peso teniendo como árbitro al mismo líder nacional de dicho partido. Hubo candidaturas que se cayeron y hubo otras que ni siquiera prosperaron, a pesar de la andanada furibunda que algunos militantes de alto rango ejercieron con mucha presión pero que al final de cuentas fue totalmente estéril. Dante Delgado tuvo que intervenir para que la cosa se hiciera como había sido pactada con el ahora candidato a la alcaldía de Aguascalientes, quedando el Partido naranja sin candidato a gobernador. Era mejor. Ganaban más al no tener candidato, que teniéndolo. Fueron discusiones bizantinas pero al final, como lo menciono líneas arriba, se impuso la razón y el cumplimento de lo ofrecido al ahora candidato.

Felipe González Ramírez ya es oficialmente candidato a la alcaldía de Aguascalientes. Él sabe que la elección no será fácil, que los recursos que maneja ese partido son escasos. Y apenas va a empezar el baile y ya sabe lo que es traer atrás de él a varios que se sienten “profesionales en materia de generar imagen en las redes”, pero cobrando las perlas de la virgen so pena de generar lo contrario. La ventaja que tiene Felipe es que es el único candidato que emana de las filas de la iniciativa privada y se supone que ellos apoyarán al único candidato que los entiende totalmente y que saben que lo que él les ofrece es una convocatoria incluyente y un giro de abandono hacia la postura patriarcal tradicional.

Al terminar el registro, Felipe González sólo dirigió un saludo a los simpatizantes y militantes de su partido, pues no quería caer en una violación a la ley al dirigir un mensaje. Lo curioso fue que luego del acto, los candidatos y un gran número de simpatizantes se organizaron para subir al cerro del Picacho y plantar un árbol en su cima, el cual llamarían el “árbol de la esperanza”. A varios no ha de haber agrado mucho la idea, pues el sol primaveral, a esa hora, estaba en todo su apogeo y casi la totalidad no portaba ropa ni calzado adecuado para esa odisea. Pero con todo y eso, así se fueron al famoso cerro del Picacho. Un señor ya de edad que estaba entre la multitud al oír la invitación para subir al cerro dijo: “Sol de invierno y amor de un yerno… ¡Ni en el infierno!”.