RODRIGO AVALOS ARIZMENDI

No causó mucha sorpresa la pre candidatura de Felipe González Ramírez a la alcaldía de Aguascalientes por el Partido Movimiento Ciudadano. Hace algunos meses, cuando Dante Delgado visitó Aguascalientes para acudir a un evento social, con motivo del aniversario de un periódico local, hubo un acercamiento entre el dueño del Partido Movimiento Ciudadano y el ahora pre candidato. Pero días antes de ese acercamiento Dante había solicitado, a gente de mucha confianza, radicada en Aguascalientes y que no milita en su partido, informes sobre González Ramírez. Principalmente su aceptación entre la ciudadanía y la iniciativa privada. A Dante se le dio información sobre las posibilidades reales de triunfo de Felipe González Ramírez, así como sus debilidades, en una elección constitucional a la alcaldía. Era una información no tamizada. Muy profesional. Sin ambages. Y la realizó alguien que se puede decir no tiene relación con la familia González. Sin embargo para Dante, ya con la información en la mano, no le fue fácil convencer a Felipe González Ramírez. Pasaron poco más de dos meses. Hubo pláticas y más pláticas de acercamiento para tratar de convencerlo. Todavía el pasado 5 de febrero, el día de San Felipe, no había nada definido. Felipe no se decidía. Y en Movimiento Ciudadano había incertidumbre sobre quien recaería la nominación, pues el tiempo se les estaba echando encima. Desde luego que había otros tiradores, como siempre los hay, pero de esos que a todas van o de los que quieren vivir su momento de gloria, a sabiendas de que no van a ganar, pero que se pavonearán diciendo que son candidatos a presidente municipal de Aguascalientes, para luego volver a ocupar su gris lugar en la vida social o política, local. Felipe González Jr. sabía que el capital político acumulado durante varios años, sin haber militado en ningún partido, no lo podía echar por la borda así porque sí. Además que junto con él iba a meter irremediablemente en el brete a su padre, panista triunfador, que llevó a su partido a obtener la primer gubernatura de Aguascalientes para el partido de Gómez Morín, Efraín González Luna, etc. Fueron semanas muy tensas, de meditación tremenda entre padre e hijo, pues no se podía separar una carrera política de otra, pues la imagen del ex gobernador iría ligada irremediablemente al ascenso político de su hijo Felipe, quien a lo largo de muchos años ya ha demostrado su liderazgo en la iniciativa privada.

Felipe González Ramírez es un joven que vive la vida acorde a la época. Muy sano en su pensamiento. Sensible a las necesidades de la gente. Y con la convicción de cuál es el quehacer de los partidos en la vida social, económica y política del estado. Él habla de terminar con el bipartidismo político en el control político de la entidad. Y tiene razón, pues hasta ahora tanto el gobierno del estado como la alcaldía de Aguascalientes siempre han sido ocupados por el PRI o el PAN. Lo cual no significa que hayan sido malos gobiernos, sólo que no ha habido más opciones reales para la población a la hora de la elección. El próximo 5 de junio los electores tendrán una opción real más. Y a como se ven las cosas la elección de la presidencia municipal será disputada por tres políticos jóvenes, una mujer y dos varones. Tere Jiménez, Felipe González y Jesús Ríos. Olvídese usted de la marca. Habrá la posibilidad de sopesar la real condición de cada uno en los ámbitos moral, profesional y político. De qué y cómo ha subsistido cada uno de ellos hasta esta etapa de su vida, su servicio a la comunidad, en el ámbito que le ha tocado vivir y la calidad moral hasta ahora mostrada en su vida personal. Todo lo anterior sin afán de denostar, como a algunos de ellos ya los han victimizado por cosas ajenas a su misma persona, en un claro afán de desprestigiar sólo por el poder. La famosa guerra sucia que siempre se presenta y que es lanzada desde varios frentes, cada uno de ellos con diferentes intereses. Solo que en esta ocasión la elección la va a decidir el joven electorado, que es el que domina el padrón. Y a ellos es muy difícil influirlos con guerras de lodo.

 

el laicismO Y la libertad religiosa

 

El Papa Francisco estuvo el sábado 13 de febrero, por la mañana, en el Palacio Nacional. El Papa fue recibido por el presidente Peña en el patio de honor, que es el patio por donde entra el presidente, y por una deferencia, algún otro jefe de estado, como fue en este caso. Después hubo una reunión en uno de los salones del palacio, en un salón pequeño, que se llama salón azul y que está cercano al salón de recepciones y al salón de embajadores, donde habitualmente se recibían las cartas credenciales de los representantes de los gobiernos extranjeros. Este salón azul es contiguo a los salones que dan a los balcones de Palacio Nacional; está entre el despacho presidencial y el salón de embajadores. Este salón azul tiene un enorme candil, una araña de luces muy bonito, y se le llama así porque todo el tapiz y los brocados de las paredes son de madera, y todos azules zafiro o turquesa, más o menos es el color de ese salón, que repito, es muy pequeño. Después de estar ahí el Papa con el presidente Peña, se trasladó al patio central, al cual le colocaron unas gradas exactamente igual que cuando hay mensajes presidenciales del 2 de septiembre, o cuando fue el mensaje de su inicio de gobierno. En ese patio se hicieron los honores y se pronunciaron los mensajes. Pero, ¿Qué es lo notable de todo esto? Bueno, lo notable de esta reunión, es que como todos sabemos el presidente Juárez vivió ahí, en Palacio Nacional y Benito Juárez hizo en México las Leyes de Reforma que le impidieron a la iglesia, en este país, una serie de cosas, entre otras el control de la vida social de México, el nacimiento, por ejemplo, del registro y matrimonio civil. Y las leyes de reforma jamás fueron anti clericales, fueron las leyes más laicas que hemos tenidos, si por laicismo se entiende la definición correcta y no la definición, que por cierto apareció en el discurso presidencial; el presidente dijo que por el laicismo es posible velar por la libertad religiosa. Y eso no es el laicismo; el laicismo no vela por la libertad religiosa, ni por la dignidad del hombre, el laicismo simplemente separa dos ámbitos de acción. El estado, por una parte, haciendo las cosas que le son propias, y la iglesia haciendo las suyas. Eso viene desde el evangelio, eso lo dijo Jesucristo, eso no es un invento de los comecuras: ¿A quién le debemos pagar impuestos? ¿A Dios o al César? Era la pregunta absolutamente tramposa. Y Jesús respondió: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Y en ese momento quedaron separadas las áreas de influencia. Pero esa separación no funciona en la vida real, por eso el Papa, después de estar en al Palacio Nacional, se fue a la Catedral, y en la Catedral les dijo a sus obispos que tuvieran cuidado con los faraones, con el dinero, la corrupción del mundo etc. Pero de vuelta en Palacio Nacional le comento que en ese edificio ha pasado la historia de México, toda, completa, desde antes de que México fuera México, ya en ese suelo había signos de poder. Las nuevas casas de Moctezuma estaban ahí. Por lo tanto hay ahí un significado histórico profundo. Ahí vivió el hombre que hizo las leyes de reforma. Y no solo vivió, sino que ahí también murió. Y si uno camina por el interior del palacio, más de 160 pasos, atraviesa el patio central, y después pasa por el edificio de la tesorería y después llega a un patio que se llama el primer patio Mariano. Y no se llama Mariano por la devoción a la virgen María, sino por Mariano Arista, ex presidente de México de 1851 a 1853, que dicen que salió tan pobre del gobierno que por esa puerta salió a buscar el Montepío para empeñar el reloj, pues no tenía para sobrevivir. En ese patio hay una escultura en bronce de Juárez. Y Juárez está mirando, al abrir la puerta, la fachada del Sagrario de la Catedral Metropolitana. Y en medio está la calle. Laicamente Don Benito mira a la Catedral. La Catedral tiene campanas de bronce, pero Don Benito está hecho de bronce, y los metales que le quitaron a las tropas del imperio, y las fundieron, lo mismo que las esquirlas de metralla diversa, del sitio de Puebla, y con eso, un escultor llamado Miguel Noreña hizo esa escultura. Por ese patio hay una escalera que sube a lo que fue la casa de Don Benito Juárez.

La música popular nos dice: “Si Juárez no hubiera muerto”, pero da la casualidad que sí se murió. Aquel día agonizaba en palacio, y ahora terminó la agonía, porque el primer Papa forzó su recorrido para pasar por el frente del hemiciclo a Juárez. Fue una petición expresa de Juan Pablo II. Este Papa entra al Palacio Nacional, quizá en su condición de Jefe de Estado, que salió de ahí a oficiar una misa, entonces otra vez la dualidad de la personalidad de un líder espiritual y religioso, y un jefe de estado, que es el mecanismo genial que ha tenido la Santa Sede para navegar siempre en dos aguas, o, recordando al poeta Quevedo del siglo de oro, “nadar sabe mi llama el agua fría”, y entonces nada la llama al agua fría y se va al humo de los altares, después de andar en el centro del poder republicano de este país. Y no digo que eso esté bien o que eso esté mal, como dijo alguien: ¿Quién soy yo para juzgar?

LA CRISIS QUE SE VIENE

El Papa evitó un secuestro, durante los días que estuvo en México, pero no pudo realizar un milagro. El secuestro que el Papa Francisco evitó fue el suyo. No se dejó secuestrar por un enorme grupo de organizaciones no gubernamentales que han utilizado la plataforma de los derechos humanos como un ariete político en contra del gobierno, con algunos patrocinios foráneos y con algunas influencias que vienen de la OEA y de los expertos internacionales, y de los forenses, etc. Ellos querían llevarle una bandera, con el fondo rojo y el número 43, al Papa, y que él la levantara. Pero eso no lo pudieron hacer. El Papa les dio una explicación muy clara. No la quisieron entender, no la admitieron, pero el Papa dio la explicación que tenía que dar. No se puede privilegiar a un grupo de victimas por encima de todas las demás victimas, que en este país, por desaparición son varios miles.

El milagro que no hizo el Papa Francisco, fue arreglar la economía mexicana. Y el golpe del miércoles, del anuncio que se dijo 130 mil millones de pesos de recorte al gasto, así nomás, con mucha simpleza, y 100 mil millones de esos fueron a PEMEX, lo que significa que el desastre petrolero ya llegó. Y si las previsiones son, que en este año no se compone, pues seguramente no se compone el precio del petróleo en este año y lo que estaba pactado, presupuestado o imaginado en cincuenta, que ya era un desastre, porque hubo presupuestos anteriores, de poco tiempo atrás, que se pactaron en 80 y se realizaron en 89, y había dólares en abundancia, y había un superávit, por lo menos en el comercio petrolero, ahora las cosas se van todas, con 100 mil millones de pesos menos. Y ese es el verdadero rostro de la economía mexicana, dominada por cuatro jinetes del apocalipsis: El petróleo, el dólar, la inversión y el ahorro. Y quién dice ahorro dice deuda, y quien dice inversión, dice no inversión, y quien dice dólar dice carestía, y quien dice petróleo, dice caída de los precios. Sin duda vienen tiempos difíciles.