RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

Para la contienda electoral del próximo 5 de junio, tenemos que los partidos que en verdad disputarán obtener el manejo del gobierno estatal y del municipio de Aguascalientes, ya han mostrado sus cartas con las que jugarán. Tanto en el PRI como en el PAN los candidatos al gobierno estatal están definidos. A pesar de que en cada partido se inscribieron como pre candidatos militantes, triste papel el de ellos, que saben que están como simples comparsas, que se apuntaron solo con el fin de que se dé una imagen de democracia interna partidista, pero que solo sirve para iniciar hostilidades con mucha antelación, a pesar de que en los anuncios promocionales, tanto en radio, como tv y periódicos se menciona que son mensajes para la militancia. En el PRI Lorena Martínez hizo efectiva su postulación anunciada casi desde el inicio del actual sexenio. Cuando Lorena Martínez triunfó hace seis años, con muy amplio margen, en la elección para la alcaldía de la capital, ahí quedó sellada su nominación para el 2016. Muy pocos se atrevían a dudarlo. Y esto se refrendó cuando Peña Nieto la nombró titular de la PROFECO. La clase política se percató de la simpatía presidencial hacia Lorena. El mensaje subrepticio no dejaba dudas. Lorena Martínez, segura de su nominación, había hecho algunos sondeos para sopesar qué priísta o ciudadano tenía la simpatía de la población en base a su actuar, que le diera credibilidad ante el deterioro partidista tricolor. Los nombres eran más importantes que la marca y por ello había que luchar cuesta arriba. Por ello Lorena había platicado con Alberto Viveros desde hace más de seis meses, según lo comentó el propio Viveros, quien con la posibilidad de ser el abanderado a la alcaldía inició, con la más pulcra seriedad, una serie de acciones de beneficio social. Alberto se había ganado la credibilidad de la población en base a su labor muy profesional en materia de información. Serio, objetivo, no agresivo ni grosero, mucho menos difamador, era su carta de presentación. Además de maestro universitario. Ahora había que consolidar su actuar con el hacer y para ello se lanzó a la labor social en beneficio principalmente de las clases sociales más necesitadas del municipio. Pero en política nada es seguro, comentaba un político de altos vuelos, hasta que se cobra la primera quincena, y por los estira y afloja de grupos políticos al interior del priísmo local, la promesa hecha a Alberto no pudo ser consolidada. Lorena aceptó como mancuerna al médico Jesús Ríos, quien es un hombre pulcro, exitoso en su vida profesional, sin necesidad de andar en estas danzas partidistas, pero que le mueve el deseo de servir a la sociedad desde otra trinchera. Hoy la vida le da la posibilidad de acceder a un puesto relevante. Aunque la contienda electoral no será fácil, Ríos tiene la gran responsabilidad de allegarle votos a la candidata al gobierno, aunque en este caso más bien será al contrario.

En el PAN hasta hace un año Martín Orozco era también el candidato natural al gobierno del estado, sólo que la labor de Toño Martín del Campo hizo que la gente volteara hacia él y lo viera también como un serio aspirante al gobierno. Esto generó conflictos muy fuertes al interior del panismo que hubieron de ser solucionados a nivel central y Toño, con una capacidad muy alta de disciplina partidista, optó por no crear un conflicto que fuera a deteriorar la imagen del blanquiazul en la entidad que influyera en el resultado de la elección, y en un acto moral muy alto se hizo a un lado y respetó la jerarquía de quién con su apoyo lo llevó de candidato a la alcaldía. Esto que en un principio se pensó dividiría a los grupos panistas, actuó de manera contraria, los unió. Sabían que lo principal era recuperar la gubernatura, ya después las cosas se irían acomodando para todos los protagonistas. Sin embargo el conflicto se suscitó en la nominación a la alcaldía. En el mes de diciembre la incertidumbre era muy grande entre los posibles candidatos. Paquín González, comentaba en la posada que organizó Felipe González Ramírez en la casa paterna, que él no tenía ningún dato o señal de que pudiera ser el candidato, y solo estaba a la espera de reunirse con su dirigencia para, hablando de frente y claro, saber si había esa posibilidad. En esa reunión me percaté que estaba ante un hombre de ideas claras y con mucha honestidad política. Que no iba tras el poder para satisfacer vanidades políticas, que quería ir a la presidencia para ser el intérprete eficaz de las necesidades colectivas de la población. Unos quince días después sus aspiraciones se empezaban a consolidar. La población veía con simpatía su posible nominación. Pero con lo que no contaba Paquín era con la famosa norma puesta tan de moda en los partidos llamada de equidad de género. Ahí se le esfumó la candidatura, imponiéndose para esta decisión quien había trabajado desde hace meses su nominación: Tere Jiménez. Hubo gritos y pataleos, los cuales se sabía – y se sabe- serán inútiles. La nominación para esta mujer de muy amplio currículum, tanto profesional como partidista, a pesar de su juventud. Hoy solo se dan algunos pataleos de parte de otras contendientes mujeres, que desde un principio sabían que no lograrían la candidatura.

Como usted podrá ver, en los dos partidos hegemónicos de la entidad las nominaciones se hicieron de manera ortodoxa: Un hombre y una mujer para los principales puestos. La ciudadanía no tendrá reclamos por ello. Lo demás, la formalidad de la consolidación de las candidaturas, será sólo mero trámite.

 

LOS CAMBIOS EN EL GABINETE DE PEÑA NIETO

Los cambios en el gabinete del presidente, en áreas clave, desde el punto de vista, sobre todo financiero, en donde el nombramiento de Mikel Arriola llama la atención pues es un funcionario que no llegó con el gobierno de Peña Nieto, sino que ya estaba desde antes. Arriola es de esos casos en los que un funcionario antepone su eficacia a su militancia, si es que la tiene, desconozco sus peculiaridades políticas, pero él llegó desde el gobierno de Acción Nacional, con Felipe Calderón, y se mantuvo en este gobierno. Tiene fama de varias cosas muy positivas, es eficiente, profesional, centrado en su trabajo y es honesto, que hace las cosas. A él le tocó todo este gran debate de los edulcorantes y la comida chatarra. Él fue el que ejecutó una nada grata obligación que fue ordenar que salieran de los horarios de televisión infantil los anuncios de comida chatarra y de refrescos, etc. en concordancia con la política para disminuir los riesgos de la obesidad, que deriva finalmente en diabetes. Y se echó encima a muchos empresarios. Y entre las patas se llevó a Chabelo, pues a partir de eso, su programa tuvo que prescindir de la mayoría de sus anunciantes, porque sus anunciantes promocionaban dulces, chocolates, refrescos, jugos. Esos anunciantes se fueron, y se cayeron las ventas de los programas de los niños; y él –Arriola- soportó con la razón jurídica en la mano el ordenamiento presidencial de acomodar las cosas.

Llama la atención que Arriola, en una entrevista que le hicieron al otro día de su nombramiento como Director general del IMSS, haya insistido en dos puntos: El gravísimo déficit financiero del Seguro Social, pero también lo que se podría llamar el déficit del síndrome de atención. O sea la atención que le brinda el Seguro Social a los derechohabientes, que ya conocemos que tiene un déficit enorme de calidad y hasta de trato humano. Arriola hablaba de que está empeñado en resolver esos dos problemas, sobre una línea de continuidad, porque José Antonio González Anaya, ahora ex titular del IMSS, es otro político de alta calificación técnica, a quién mandan ahora a PEMEX, cuando PEMEX ya no es la gallina de los huevos de oro, más bien la gallina que ya no pone huevos o pone muy pocos y ya no son de oro. Estamos viendo informaciones de la semana pasada, de que cinco estados con intereses petroleros -Campeche, Tabasco, Veracruz, Tamaulipas y Chiapas-, van a enfrentar un boquete de 2,500 millones de pesos, y los proveedores de Pemex –los que le venden servicios, refacciones, materiales, transportes, etc.-, que fue el gran negocio de muchos empresarios mexicanos, hoy está reducido a una expresión menor que me atrevo a suponer que con José Antonio González Anaya al frente, será una porción, todavía, mínima, porque se trata de sacar a Pemex, que ya no es un monopolio, y que no tiene las ventajas del mercado que da un monopolio. Se trata de convertirlo realmente en una empresa financiera viable y productiva, cuyo propietario es el Estado, pero con las condiciones del mercado internacional, y este derrumbe del precio del petróleo, hacen que cualquier arreglo financiero de Pemex sea más difícil. Entonces, Pemex, en una crisis financiera; el IMSS también está en una crisis financiera, sobre todo en el capítulo de las pensiones, que al parecer es un problema que no tiene solución, y en medio de todo esto, un acomodo en la cartera del gabinete presidencial, de los colaboradores cercanos del presidente, y ahí llega, como todo mundo sabía, desde hace muchos meses, José Narro, que tiene dos habilidades: es un hábil político, y es un médico que conoce la Secretaría de Salud, cosa que le faltaba totalmente a su antecesora, quién había pasado toda su vida en la Secretaría de Salud, que conocía cada rincón, pero no tenía habilidad política ni hacia dentro ni hacia fuera. Vivía peleada con todo mundo, regañando y gritoneando gente, tenía un muy mal ambiente hacia dentro de la secretaría, y hacia fuera es todavía hoy, el día que no sabemos qué pasa con el zika.

Después de que la semana pasada hubo una alerta mundial de la Organización Mundial de la Salud, a la cual no respondió la autoridad sanitaria mexicana, ni con celeridad ni con claridad. Mercedes Juan es una mujer capaz, que sabe lo que pasa en la secretaría, pero que no tuvo la sensibilidad para comunicar y explicar con oportunidad a los ciudadanos lo que está pasando en materia sanitaria, que es una materia terriblemente explosiva porque lleva a la gente a la preocupación directa. En la S.S.A ya han estado de titulares algunos rectores de la UNAM: De la Fuente, Soberón y ahora Narro, de quien se espera que haga de la Secretaría de Salud uno de sus mejores períodos en la gestión de los asuntos sanitarios de la población mexicana. Tiene con qué y por algo lo pusieron ahí.