Para Benjamín Gómez Navarro, presidente de la Sociedad Mexicana de Trasplantes (SMT), la pobreza que viven las personas receptoras de órganos y la falta de diagnósticos de muerte cerebral oportunos -que permitiría aprovechar más órganos de personas fallecidas- son las principales causas por las que miles de personas en lista de espera o con órganos trasplantados, fallecen en México.

Explicó que el 30% de las personas que han sido receptoras, una vez que han recibido el órgano demandan tratamientos caros, que no pueden sufragar por sí mismos, y esa falta de tratamiento termina con su vida.

En el caso de los jóvenes que, para el caso de México, son la mayoría, el promedio de los trasplantados son de entre 25 y 27 años, entonces, son gente muy joven que siguen una vida como si fuera una persona que no tiene trasplante. Se ha encontrado el caso de que las mujeres jóvenes, cuando tienen desilusiones amorosas abandonan sus tratamientos, en detrimento de su calidad de vida mientras que en el caso de los varones, al no tener permiso de ir a ciertos lugares, generalmente en donde se bebe alcohol, se desaparecen de sus casas por 7 u 8 días, afectando seriamente su salud.

Han habido pacientes mujeres, dijo el especialista, que se trasplantan para poder embarazarse y retener al marido con ellas, algo que generalmente desencadena ciertos problemas de salud que terminan por deteriorarla significativamente.

Las familias son muy solidarias, en México casi el 90% son solidarios para ser donadores vivos, pero cuando se trata de cadáveres, la historia cambia, porque hay renuencia en hacer donaciones cadavéricas.

Por otro lado, explicó que otro factor que se suma a las causas por las que miles de personas fallecen antes de recibir en donación un órgano es que, en los hospitales, el cuerpo médico no realiza el diagnóstico de muerte cerebral de manera oportuna, lo que atrasa el procedimiento de donación de órganos.

Las prisas en los hospitales, las emergencias que tienen que atender, les resta tiempo para hacer el diagnóstico de muerte cerebral, obstaculizando el procedimiento de donación.

Algo que podría incrementar el número de donantes muertos sería que en los hospitales, dieran relativa prioridad al establecimiento de diagnósticos de muerte cerebral de forma más oportuna, a efecto de que se pueda platicar con los familiares y poder obtener de una forma más rápida, los órganos de los pacientes fallecidos.

El año pasado, en México se realizaron un total de 2 mil 610 trasplantes de donadores fallecidos, en tanto que había en listas de espera más de 12 mil pacientes, lo que da una idea de lo importante que es avanzar sustancialmente en el terreno de la donación cadavérica, dijo.