1ª Función
“EL CONJURO 2” (“THE CONJURING 2”)
P. T. Barnum dijo en alguna ocasión: “El dinero es como el fuego, un excelente sirviente pero un pésimo amo”. Por supuesto, alguien que dedicó su vida a “llenarse los bolsillos” de ello, como él mismo lo admitió, sabía de lo que hablaba. Y tenía mucha razón, pues la búsqueda del capital es tan solo un afán acomodaticio que genera un estatus pero como motor creativo es perjudicial, dañando la calidad del producto final apenas por unos billetes. Así, como Barnum y su idea de obtener réditos con sus espectáculos itinerantes de seres humanos deformes a mediados del Siglo XIX, el director James Wan parece circunscrito a esta línea de pensamiento al manufacturar peliculitas baratas de supuesto terror para engordar cuentas bancarias, tanto la suya como las de sus secuaces/productores. Hace tan solo tres años Wan dio en el clavo económico con una cinta que depredaba todos los recursos estilísticos y narrativos del cine de género setentero titulada “El Conjuro”, una tomada de pelo sustentada en los elementos mencionados pero con varios decibeles más, donde el público confundió el talento con la habilidad de crear sustos de ocasión como si de una atracción de feria se tratara, mediante golpes sonoros y detalles que conmocionan por su aparición repentina a cuadro. Además, cual verdadero hijo de Barnum, el cineasta de origen malayo vendió su trabajo con más facilidad al promocionarlo sensacionalistamente como un hecho histórico, basado en las andanzas sobrenaturales del matrimonio Warren, paranormalistas usualmente desprestigiados y constantemente refutados al comprobárseles constantemente la naturaleza fraudulenta de sus casos. Pero el truco funcionó y la cinta fue todo un trancazo de taquilla a pesar de su famélica narrativa, personajes insufribles por su diluida construcción y motivación, y un sentido caricaturesco de una casa encantada que bien podría recibir una o dos lecciones de trabajos más logrados en cuanto a atmósfera y cultivo del suspenso como “La Mansión de los Espectros” (Wise, E.U., 1963) o la soberbia “El Intermediario del Diablo” (Medak, E.U., 1980), por lo que ahora padecemos la inevitable secuela protagonizada una vez más por Patrick Wilson y Vera Farmiga como Ed y Lorraine Warren, los esposos cazafantasmas que ahora, reclusos después de lo relatado en la cinta anterior, deciden ayudar a una familia en Inglaterra que se encuentra a merced de un agresivo espíritu. La trama se bifurca en el primer acto al tratar de dimensionar un poco más a este matrimonio poco usual mostrándonos cómo Lorraine se ve afectada y acosada constantemente por visiones de un demonio con atuendo de monja, mientras en Gran Bretaña una mujer llamada Peggy Hodgson (Frances O’Connor) sufre tanto una precaria situación económica como los embates de un espíritu enfocado a recuperar su vivienda a través de la posesión de una de las hijas, llamada Janet (Madison Wolfe). Al enterarse, los Warren deciden salir de su retiro y auxiliarlos, lo que los colocará en oposición directa tanto con la mencionada ánima -un anciano que murió en esa casa- como con el ente demoníaco que sólo Lorraine puede ver y que tiene una conexión con este suceso. La trama es muy básica, pero Wan se encargará de aplanarla con sus acostumbrados trucos visuales, un sentido del humor algo tarugo y su recurso favorito: crear estrés (que no tensión) en el espectador con sus habituales movimientos de cámara sutiles que vaticinan uno de esos sustos que enervan o irritan más que producir genuino miedo. La película es más de lo mismo y seguramente a la Generación Facebook, tan desvinculada de lo que el terror cinematográfico puede realmente proveer cuando baquetones y pelmazos como Wan son los que triunfan en la taquilla, la disfrutará plenamente, haciendo de ésta otro éxito de taquilla. Pero ya lo dijo también el mismo Barnum: “Nace un idiota cada minuto”.

2ª Función
“LAS TORTUGAS NINJA 2: FUERA DE LAS SOMBRAS” (“TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES 2: OUT OF THE SHADOWS”)
Al ver esta película, algo me ha quedado muy claro: definitivamente no es Bergman. Lo que desarrollaré a continuación es lo que sucede tan solo en la primera media hora: las Tortugas Ninja -su líder Leonardo, el irascible Rafael, el desmadroso Miguel Angel y el geek científico Donatelo- llevan una vida de ostracismo defendiendo su amada ciudad de Nueva York de los rufianes que la asolan en completo anonimato bajo la tutela de la rata sensei Splinter, a pesar de sus actos heroicos de la cinta previa, pues han acordado que el crédito por la derrota del malvado Destructor (Brain Tee), quien trató de esparcir una mortífera toxina en la Gran Manzana, sea para el camarógrafo Vernon Fenwick (Will Arnett), compañero de batallas de la intrépida reportera April O’Neal (Megan Fox). Ella ahora se dedica a investigar a un extraño científico llamado Baxter Stockman (Tyler Perry) sólo para descubrir que trabaja para Destructor. Ahora que este villano va a ser procesado por sus crímenes, es liberado por Stockman mediante un aparato teletransportador, mas, algo sale mal y termina en otra dimensión donde conoce a Krang, un ser con apariencia de materia encefálica que le revela la ubicación de diversos dispositivos colocados por él en nuestro mundo para construir un aparato mortal, a la vez que le obsequia un frasco con mutágeno, el elixir capaz de transformar a cualquier ser en animal. Destructor regresa a nuestra dimensión y aplica dicha sustancia en dos rufianes, buenos para nada, llamados Bebop y Rocksteady, quienes mutan en jabalí y rinoceronte, respectivamente (Stockman “explica” que el mutágeno regresa al ser humano a su identidad animal primordial…claro, claro). Como escribí, esto es apenas en la primera media hora, la hora que le sigue es igual de delirante, con enfrentamientos, chistes malísimos, la acostumbrada dinámica entre las Tortugas y muchos personajes nuevos, todo para salvar el mundo otra vez. En este punto, me percaté que tratar de encontrar sentido, coherencia narrativa, profundidad o personajes interesantes era una actividad fútil para lo que en esencia es un episodio de hora y media de la serie animada que muchos disfrutaron a principios de los 90’s, y así en ese contexto, con todo y su descabellada trama y estética de comercial para cereales o helados, funciona, pues hay que reconocerle su absoluta y total falta de pretensión o propuesta para presentar con toda la honestidad con que le puede ser posible a un producto de estas características su honestidad, ya que sólo trata de entretener a un público muy menudo o muy enclavado en la nostalgia. Y en ambos aspectos lo logra, pues un niño jamás cuestionará el trasfondo científico y veraz de un jabalí con moicano y lentes ochenteros y un fanático acérrimo de las Tortugas Ninja ya entrado en sus treintas sentirá cómo su afición por tan demencial concepto se valida con un filme de millones de dólares. Supongo que todos ganan, pero en lo particular un servidor puede afirmar que ésta es una de esas cintas que con un solo visionado basta y sobra en lo que se recupera la neurona perdida. Cowabunga, pues.

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