La parte chusca de la política

Itzel Vargas Rodríguez

Hace algunos días, el Gobierno de la Ciudad de México implementó un programa anti acoso callejero que consistía en hacer llegar silbatos a las mujeres con la finalidad de protegerse.
Los inicios de un programa del tipo remontan a comunidades y poblaciones pequeñas de Sudamérica en donde implementaron esta medida para que entre las mismas mujeres se protegieran ante un presunto acosador o violador, y así pudieran acudir a ayudar o hablarle a la policía. Cosa muy diferente ocurre en una metrópoli con decenas de millones de habitantes y de unas dimensiones estratosféricas como justo los es la Ciudad de México.
Como era de preverse, la medida fue un rotundo fracaso porque fue tomado de forma chusca y causó gran revuelo en la opinión pública, sobre todo en redes sociales, donde se burlaron y criticaron cómo un tema tan delicado era tratado de una forma tan ligera, más aún después de casos como el de la periodista Andrea Noel de Vice que fue muy sonado en los medios, por considerársele un claro caso de acoso sexual en las calles.
Justo por la delicadeza del asunto, la opinión pública no tardó en poner en su lugar al Jefe de Gobierno y con un hashtag en Twitter: #ElPitoDeMancera se volvió viral el asunto.
Una forma chusca de ridiculizar lo que se conformó muy pronto en un error de programa de gobierno, y de exigir también, que haya más seriedad en temas tan delicados como éste.
Y es que estamos tan hartos como sociedad de la política en general, que ha sido mucha la decepción y pocos los intentos de reivindicarla, por lo que ante eventos como éste, sólo queda la risa.
Como su caso también podremos recordar la confusión de Cuauhtémoc Blanco con Benito Juárez al hacer alusión de que aún seguía vivo; el referente de los elotes como una medida precautoria para evitar suicidios por parte de una candidata a la alcaldía lo que le valió convertirse en la #LadyElotes a nivel nacional, las tantas cosas que en su momento exponía el personaje “Juanito”, todos esos detalles que de tan deplorables, no queda más que reírse.
¿Afecta un evento así la popularidad? La respuesta es sí. Una situación del tipo puede quitarle todo el respeto social a una figura pública y ridiculizarlo, o bien, convertirlo en un ídolo de masas que hace reír.
En el caso de la política lo primero es lo más común.
Este nuevo ritmo social que están marcando las redes sociales al permitir la interacción al momento, retroalimentación y sobre todo el protagonismo de las personas que por mucho tiempo eran olvidadas o ignoradas ante los sectores políticos, ahora está tomando mucha fuerza.
Lo podemos ver porque ahora, cualquier asunto, declaración o actividad, por mínima que sea, está en el foco de atención y puede ser carne de cañón para atacar, desprestigiar o simplemente ridiculizar. Pero esta misma intención, mejora los ánimos de la democracia, es decir, permite que haya mayor consenso, discusión, debate y participación.
Las redes sociales vinieron a aligerar mucha de la tensión que causa entre la ciudadanía tener en contadas ocasiones representantes y candidatos incompetentes, con métodos de expresión libres, que pueden viralizarse y exigir, desde el metro cuadrado, un poco de más seriedad en el asunto que compete, en este caso de la política.
Mientras en el circo político los protagonistas discuten, la ciudadanía está ya siendo partícipe de la puesta en escena, exigiendo cada vez más fuerte, espectáculos de calidad, sin ocurrencias.
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