Luis Muñoz Fernández.

Lo que hace a la medicina diferente de las otras actividades profesionales son sus objetivos o funciones, que pueden resumirse en solamente las siguientes: 1) conservar la salud; 2) curar, y cuando no se puede curar, aliviar, y siempre acompañar y confortar al enfermo y a sus familiares, y 3) evitar las muertes prematuras e innecesarias. De hecho, estos tres objetivos de la medicina pueden sintetizarse en uno solo, que sería: “lograr que hombres y mujeres vivan jóvenes y sanos toda su vida y finalmente mueran, sin sufrimientos y con dignidad, lo más tarde que sea posible”.

 

Ruy Pérez Tamayo. Las transformaciones de la medicina, 2015.

El médico, periodista y escritor inglés James Le Fanu publicó por primera vez en 1999 El ascenso y la caída de la medicina moderna (The rise and fall of modern medicine), uno de esos libros cuya lectura es imprescindible si uno desea obtener una visión crítica del desarrollo de la medicina en los últimos cincuenta años, más allá de la corriente predominante del pensamiento médico que, respecto a nuestra profesión, suele ser triunfalista y autocomplaciente.

Los rápidos avances de la investigación biomédica en las últimas décadas, particularmente en lo referente a los descubrimientos del Proyecto Genoma Humano, obligó a que su autor publicara una segunda edición revisada y ampliada en 2012. La nueva edición conserva intacto el contenido de la primera, al que se han añadido algunos capítulos de actualización en la parte final del libro.

Al igual que el destacado historiador de la medicina Roy Porter en El más grande beneficio para el género humano: una historia médica de la humanidad (The greatest benefit to mankind: a medical history of humanity. WW Norton & Company, 1999), Le Fanu empieza su obra señalando que si se desea tener una compresión cabal de la medicina actual, es necesario reconocer en ella la existencia de una serie de hechos y situaciones aparentemente contradictorios. En el prefacio de la segunda edición nos dice lo siguiente:

Durante los últimos cincuenta años la medicina ha pasado de ser una búsqueda modesta de efectividad limitada a un fenómeno masivo y global que emplea a millones y tiene un costo de cientos de millones. Ahora, en el grande y resplandeciente palacio en el que se ha convertido el hospital moderno [es indudable que Le Fanu no ha visitado Aguascalientes], los logros antes inimaginables de trasplantar órganos y curar el cáncer infantil se han vuelto habituales, a la vez que cientos de miles que antes estaban condenados a la ceguera por cataratas o a la inmovilidad a causa de una artritis incapacitante, hoy pueden ver y se pueden mover. La medicina se ha transformado en el símbolo más visible del gran proyecto de la Ilustración, en el que el progreso científico derrotaría los peligros hermanados de la ignorancia y la enfermedad para beneficio de todos.

Leyendo lo anterior se entiende que la medicina actual genere tantas expectativas. A eso hay que añadir el bombardeo constante de noticias e información relacionada con la salud a través de los medios de comunicación masiva.

Es un fenómeno propio de nuestra era sobre el que no existían antecedentes previos. Por eso es sorprendente lo que nos dice James Le Fanu:

Cualquier explicación de la medicina moderna tiene que hacerse en los términos de la más desconcertante paradoja cuádruple que, a primera vista, parece incompatible con su éxito prodigioso e indudable.

¿En qué consiste esta paradoja cuádruple? Si bien lo que describe Le Fanu se refiere a la situación de la medicina occidental en los países desarrollados, en mayor o menor medida y con algunos matices, lo podemos observar en nuestro medio, de ahí que también sea de especial interés para nosotros.

La primera paradoja se llama “el médico desilusionado”: en las últimas décadas se ha observado un porcentaje creciente de médicos jóvenes que, al graduarse, abrigan dudas sobre su vocación y carecen de suficiente pasión para ejercerla a plenitud. En una profesión como la nuestra, esa falta de entusiasmo es preocupante. Si a eso añadimos la también creciente mercantilización de la práctica médica, el panorama para las nuevas generaciones de médicos y, sobre todo, para los pacientes que estarán bajo su cuidado, es verdaderamente ominoso.

La segunda paradoja es la del “ciudadano saludable y preocupado”: como nunca antes, la consecución y el restablecimiento de la salud están al alcance de un número cada vez mayor de ciudadanos en los países desarrollados. Esta situación, de la que esperaríamos que estuviesen conscientes los seres humanos que la disfrutan, se acompaña de un verdadero fanatismo por estar saludable y, simultáneamente, de una gran obsesión sobre una serie de amenazas, en realidad ficticias, que penden sobre su salud. Le Fanu va más allá de esta descripción y señala que esta obsesión de los ciudadanos ha sido inspirada por sus propios médicos. Es lo que se ha llamado también “medicalización” de la vida y que favorece sobre todo a la industria que gira en torno a la salud.

La tercera paradoja se refiere al ascenso de la popularidad de las medicinas alternativas. Junto a la medicina occidental que tiene hoy un éxito sin precedentes, se observa una presencia cada vez mayor de las llamadas medicinas alternativas, muchas de ellas basadas en una serie de creencias y tradiciones sin ningún sustento científico. En nuestro medio basta observar los programas radiales y televisivos en donde los autodenominados “naturópatas” ofrecen remedios para todo tipo de condiciones, sean trastornos orgánicos o psicológicos, incursionando no pocas ocasiones en terrenos cuya potencial gravedad parecen desconocer, prescribiendo temerariamente remedios de dudosa eficacia. Asombra comprobar la fe que deposita en ellos una parte muy significativa de la población.

La cuarta paradoja es el incremento imparable del costo de la atención médica. Nuevamente, es desconcertante que cuando la medicina tiene los mayores alcances terapéuticos de su historia el costo de los estudios diagnósticos y de los tratamientos los ponga fuera del alcance de aquellos sectores de la población que más los necesitan. Tal es el caso de los ancianos quienes, padeciendo las enfermedades crónico-degenerativas que más se podrían beneficiar de la medicina moderna, no pueden pagar el elevado precio de la atención médica.

Estas cuatro paradojas son un buen motivo de reflexión acerca de la situación actual de la medicina, a la que hemos llegado tras los notables avances y descubrimientos que son fruto de la investigación biomédica de los últimos cincuenta años. Como puede verse, no todo es “miel sobre hojuelas” y esta reflexión debe buscar las soluciones a estas y otras situaciones problemáticas que caracterizan a la medicina de nuestros días.

¿Lograremos superar estos obstáculos? En estos momentos no podemos saberlo. Lo que es indudable es que los médicos no podemos quedarnos con los brazos cruzados. No basta con que ejerzamos bien nuestra profesión. Es necesario reflexionar sobre nuestro quehacer cotidiano y pasar a la acción para que acerquemos los beneficios de la medicina moderna al mayor número posible de seres humanos, a la vez que conjuramos los peligros que conlleva la medicina moderna. Es lo que señala la distinguida filósofa mexicana Juliana González Casanova en su libro Genoma Humano y Dignidad Humana (Anthropos Editorial, 2005):

La medicina lleva en su centro el problema del bien y del mal, tanto como la ética, el de la vida y la muerte, el del cuerpo humano y su destino.

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