BANDA_PRESIDENCIALItzel Vargas Rodríguez

A finales de la década de los noventa circulaba un sentimiento generalizado en la sociedad mexicana: el del hartazgo ante los excesos del entonces partido gobernante, el PRI. La ciudadanía estaba cansada de la corrupción, impunidad y el cinismo que se percibían, así como de las constantes devaluaciones de la moneda nacional que habían hecho perder a millones de mexicanos su patrimonio formado durante una vida de trabajo.

Fue entonces que el PAN tomó fuerza, pues tanto sus principios de partido como su estrategia de comunicación estaban basados en la narrativa de la necesidad del cambio. Este partido se presentaba como una organización conformada por ciudadanos comunes sin vínculos en la política; profesionistas, trabajadores y empresarios que no vivían del gobierno y que se ganaban la vida de una manera honesta, los cuales transformarían el gobierno y rescatarían al país de las “villanas” manos del PRI.

Fue entonces que apareció un candidato que tuvo el liderazgo para encabezar ese sentimiento generalizado de la sociedad. Vicente Fox salió a las calles a movilizar a ciudadanos por el cambio, argumentando que transformaría el país y sacaría a las “tepocatas y víboras prietas” del gobierno. Era la oportunidad de México, la necesidad del cambio YA.

El cambio de partido llegó en México: la transparencia y la libertad de expresión incrementaron en el país; sin embargo, la corrupción no se erradicó y por lo tanto la narrativa bajo la cual este partido llegó al poder comenzó a resultar incongruente.

El PRI regresó en el 2012 bajo la narrativa de “nosotros sí sabemos cómo gobernar”; sin embargo, en los últimos meses, distintos factores han llevado a una gran parte de la población mexicana al hartazgo social, no sólo respecto al PRI sino hacia al sistema de partidos.

Es en este contexto que se está generando una nueva narrativa entre la población mexicana: la necesidad de contar con líderes que no pertenezcan a la clase política. Y es en el marco de esta narrativa que en estas elecciones de 2015 los candidatos independientes empiezan a tomar fuerza.

Algo similar ocurrió en España con el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Ante los casos exhibidos de corrupción, la crisis de empleos y la ineficiencia del gobierno, surgió un movimiento político llamado Podemos, que encabezó el entonces profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Pablo Iglesias. Este movimiento terminó por transformarse en un nuevo partido político que ahora está haciendo temblar a los partidos tradicionales españoles, debido al apoyo de una población cansada y harta de los políticos tradicionales.

En México, como resultado de la más reciente reforma electoral en la que se abrió la posibilidad a las candidaturas independientes, en estas elecciones intermedias comenzamos a ver múltiples ejemplos.

De entre ellos destaca uno que está causando conmoción en tierras regiomontanas: el candidato independiente, Jaime Rodríguez “El Bronco”. Este candidato, que perteneció al PRI durante 33 años y renunció a este partido en 2014, es la súper estrella nacional del momento.

Este líder, como en su momento lo hizo Fox en el año 2000, está siendo exitoso en aludir y representar la narrativa popular que predomina en nuestros días. En su discurso afirma haber “vomitado” a los partidos políticos, convirtiéndose así en un portavoz y estandarte del sentimiento que comparte un gran segmento de la población del país. Su éxito ha llegado al grado de que se ha posicionado entre el primer y el segundo lugar en la contienda electoral, disputando a la candidata del PRI, pero por encima del candidato del PAN.

Puede ser que “El Bronco” gane la candidatura de Nuevo León; puede ser que no gane. Sin embargo, independientemente de los resultados de esta elección, es lo que esta representa: el inicio de una nueva narrativa para la presidencia de México.

La narrativa bajo la cual llegó Vicente Fox a la presidencia de la república no nació en el año 2000, sino que se fue gestando desde las elecciones de 1988, 1991, 1994 y 1997, y no fue sino hasta en el inicio del nuevo siglo que se presentaron todas las condiciones necesarias para que esa narrativa se convirtiera en una realidad.

La nueva narrativa no se concretará ahora y muy probablemente tampoco en 2018; sin embargo, ésta ya comenzó y no podrá detenerse. Eventualmente se darán las condiciones a nivel nacional y el pueblo mexicano será capaz de llevar a un candidato independiente a la silla presidencial.

Por el bien de los intereses de los propios partidos políticos, sus líderes no deberían de luchar contra del poder popular que tiene esta narrativa, sino, por el contrario, deberían ir de la mano con ella y abrir cada vez más espacios a más líderes ciudadanos que sean capaces de lograr una sintonía con este sentimiento de la sociedad mexicana.