Fernando López Gutiérrez

ferlog14@gmail.com

@ferlog14

La llegada de Claudia Ruiz Massieu como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores generó críticas y desconfianza en algunos sectores de la opinión pública. El desarrollo profesional de la actual canciller —más orientado a actividades políticas que administrativas— y su falta de experiencia en temas vinculados a las relaciones internacionales, fueron motivo de cuestionamientos en torno a su capacidad y preparación para desempeñarse en una cartera que requiere competencias y aptitudes tan particulares.

Apenas un par de semanas después de su toma de protesta, la actual Secretaria de Relaciones Exteriores ha tenido que atender uno de los asuntos más complejos y delicados que han ocurrido durante el presente sexenio en las relaciones de México con el exterior: el condenable ataque a un grupo de connacionales en el desierto de Egipto, en el que lamentable fallecieron ocho de ellos y otros seis resultaron heridos. Las consecuencias letales del atentado, la indignación de los mexicanos ante los hechos, la situación de inestabilidad que se vive en aquella región del mundo, la distancia geográfica y las diferencias culturales existentes entre nuestros países, así como la atención mediática —nacional e internacional— que captó tan desafortunado suceso son algunos factores que determinaron la dificultad para hacer frente a dicho asunto de la mejor manera posible.

La actuación inmediata de la cancillería ante lo ocurrido ha sido satisfactoria. Se ha difundido información sobre las personas afectadas de manera continua; ha existido un seguimiento personal de las atenciones proporcionadas a los heridos por parte del Embajador de México en Egipto, Jorge Álvarez Fuentes; se han coordinado de manera eficiente las acciones para atender y trasladar a los heridos y repatriar los restos de quienes fallecieron; ha existido un contacto permanente con los pares de nuestras autoridades en aquel país. No obstante, aún no se ha obtenido una explicación clara sobre los hechos, ni una posición explícita por parte del gobierno de Egipto respecto a los responsables, las acciones y los compromisos que se realizarán para evitar tragedias como la ocurrida.

Precisamente, las labores diplomáticas relacionadas con estos últimos aspectos son atribuciones específicas de la Secretaria de Relaciones Exteriores, en el marco de las reuniones de alto nivel que se han llevado a cabo. Las facilidades otorgadas a los familiares y afectados, así como la atención y el traslado de estos en condiciones óptimas representan acciones necesarias, pero son tan solo un aspecto que debe ser atendido desde la cancillería, por funcionarios con esas funciones específicas.

La publicidad exacerbada del viaje de la canciller Ruiz Massieu a El Cairo, con el objetivo de coordinar las labores de apoyo a los afectados, no es suficiente si no se conoce en el corto plazo la verdad de lo ocurrido, se deslindan responsabilidades y se generan acciones claras por parte del gobierno de Egipto para que esto no vuelva a suceder. Las fotografías de la titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores acompañando a los familiares y platicando con los enfermos, la exaltación de su figura en su reacción ante lo acontecido y la reiteración del uso del avión presidencial para trasladar a los afectados, son piezas de información que generan mayor desconfianza que certeza sobre el nuevo rumbo de las relaciones de nuestro país con el exterior. Todavía es temprano para realizar evaluaciones y emitir juicios, pero es indudable que por ese camino rara vez se consiguen resultados verdaderos.