Carlos Reyes Sahagún
Cronista del municipio de Aguascalientes

Hace 24 años, precisamente entre el dos y el 10 de noviembre de 1991, se llevó a cabo en esta ciudad la XII Muestra Nacional de Teatro. Durante esos días los teatros Morelos, de Aguascalientes, del Parque Víctor Sandoval y Antonio Leal y Romero, fueron escenario para la presentación de una serie de obras provenientes de una parte importante de la geografía nacional, seleccionadas mediante la designación directa y las muestras estatales y regionales. También se presentaron montajes en el segundo patio de la Casa de la Cultura y en una de las salas del Museo de Aguascalientes.

Como suele ocurrir, esta reunión permitió apreciar los diversos niveles de desarrollo del teatro en México, las vanguardias y retaguardias, tanto en dramaturgia como en actuación, artilugios escénicos, los temas que ocupan y preocupan a los teatristas mexicanos, etc.

De esta forma, quienes fuimos devotos cultivadores del voyeurismo, tuvimos el privilegio de ver trabajos de feliz memoria como Falsa Crónica de Juana la Loca, Alucinada, El monje, El álamo santo, Agua clara, Una tal Raimunda, La casa de Bernarda Alba, La mudanza, El árbol, y Niño y bandido. De otras escenificaciones ya ni me acuerdo, yo, que estoy aquí para recordar; por algo será…

La muestra comenzó y terminó en el Teatro de Aguascalientes, que entonces todavía olía a pintura recién adherida a las paredes –había abierto sus puertas el 16 de agosto anterior, y el presidente Carlos Salinas de Gortari lo había inaugurado el tres de octubre–, y había interés por parte de las autoridades del Instituto Cultural de Aguascalientes de utilizarlo de manera intensiva.

La reunión de los teatreros de México se abrió con una obra presentada por el grupo La columna de Aguascalientes, que ya entonces dirigía el maestro Jesús Velasco Velasco. El texto al que los aguascalentenses dieron vida fue Falsa Crónica de Juana la Loca, de Miguel Sabido, que evoca una historia de principios del siglo XVI, en la que la protagonista principal es la reina Juana de Aragón y de Castilla –España estaba en plena conformación– y se refiere a sus andanzas por todo el reino con el cadáver de su marido, el rey Felipe de Habsburgo, conocido con el mote de El hermoso.

Por cierto que en este montaje vi por última vez en escena al maestro Velasco. El papel que le tocó en suerte fue, apenas, digno de su muy alta prosopopeya, dado que encarnó al eminentísimo señor Francisco cardenal Jiménez de Cisneros que, ante la incapacidad mental de doña Juana, gobernó el reino una temporada. Si me esfuerzo un poquito todavía puedo escuchar la voz de Velasco, clara y profunda, poderosa… El papel del rey Fernando de Aragón, padre de la desquiciada, fue desempeñado por José Claro Padilla, que actualmente se desempeña como director escénico del grupo Formación Actoral al Trote. De los demás componentes del reparto vaya usted a saber qué fue. De seguro 24 años constituye un lapso más que suficiente para el ocaso de unos y el surgimiento y desarrollo de otros. Prueba de ello es que hoy en día abundan en Aguascalientes los cultivadores de este noble arte, la mayoría de ellos jóvenes entusiastas.

Por otra parte, la XII Muestra Nacional de Teatro fungió como escenario idóneo para el regreso triunfal de Elena Garro –y no es albur– y de su hija, Helena Paz, luego de 20 años de autoexilio en Estados Unidos, España y París –lo que daría por exiliarme dos meses en la Ciudad Luz; un mes siquiera–, debido a una serie de dimes y diretes relacionados con el movimiento estudiantil de 1968.

Garro, que falleció en 1998 en Cuernavaca, fue dramaturga, cuentista y novelista, y quizá no sea ocioso señalar que fue, también, esposa del poeta Octavio Paz, en ese entonces, principios de los noventa, “fiel de la balanza” de la cultura institucional en México. Su obra más conocida –de Garro– es una novela que lleva el hermoso título de, fíjese bien: “Recuerdos del porvenir” – ¿cómo no encariñarse de su personaje Juan Cariño?–, una obra que se ubica en la época de la revolución cristera y que pertenece a lo que se ha dado en llamar realismo mágico.

La república del teatro mexicano acogió a Elena Garro el sábado nueve de noviembre, en la sala principal del Museo de Aguascalientes, en donde la Sociedad General de Escritores de México, que en ese momento presidía el dramaturgo José María Fernández Unsaín le ofreció el homenaje de su reconocimiento. Por cierto que en el acto estuvo presente la siempre guapa; guapísima, Jaqueline Andere, cónyuge de Fernández Unsaín. Yo la vi con estos ojos que alguna dama ha celebrado.

No le cuento ahora de estas cosas por pura casualidad, sino porque de nueva cuenta se realizará en Aguascalientes una Muestra Nacional de Teatro, la 36, que comenzará el próximo jueves 12, y que se prolongará hasta el sábado 21.

Por Aguascalientes participarán la Compañía Claroscuro Teatro, el jueves 19 a las 20.30 horas, con la obra Efecto Circular, en el Teatro Antonio Leal y Romero; el viernes 20 toca turno a Compañía Proscenio, con Juímonos, o de la bola perdida. Esta obra se presentará en el teatro del IMSS a las 18.30 horas. Finalmente, el sábado 20 a las 21.30 horas, ya casi en el ocaso de la fiesta, se presentará Geishas o estudio para un crimen, con la Compañía Linterna Teatro. El escenario será el Salón de Fotografía de la Universidad de las Artes, en Tres Centurias.

Si a usted le gusta el teatro, de seguro le espera un suculento banquete, y si no es así, será una oportunidad idónea para acercarse a este arte maravilloso; lleno de magia. Tengo entendido que el precio por entrada será de $30; en verdad nada del otro mundo.

La programación puede consultarla en http://www.muestranacionaldeteatro.com/ (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).