Por Jesús Álvarez Gutiérrez

ciudad-vivaLa salvaje desigualdad y el aletargamiento económico que padece México nos obligan a seguir analizando las deficiencias del sistema educativo nacional, ya que, en buena medida, estas deficiencias originan baja productividad en nuestro capital humano y pobres remuneraciones.

La semana pasada me referí a la urgencia de desarrollar en los maestros competencias pedagógicas avanzadas para lograr que todos los niños concluyan satisfactoriamente su primaria y secundaria. Específicamente señalé algunos vicios enraizados en las escuelas de educación básica que no están siendo atendidos por la Reforma Educativa.

Hoy pretendo llamar la atención sobre la educación media superior, comúnmente llamada bachillerato, nivel que presenta focos rojos todavía más alarmantes que la educación básica en términos de cobertura, currículum y maestros.

La OCDE advierte que la población económicamente activa de un país debe contar con estudios de bachillerato para propiciar una mayor productividad laboral. Sin embargo, de acuerdo al INEGI, sólo un tercio de los mexicanos adultos lo ha logrado, la menor proporción entre los países afiliados a ese organismo internacional. Y, aunque hemos avanzado en cobertura, apenas la mitad de los jóvenes de entre 15 y 19 años están matriculados en la educación media superior.

Un primer reto para el sistema educativo es, pues, establecer medidas más eficaces para la prevención de conductas de riesgo: los embarazos juveniles, las adicciones y, sobre todo, la violencia –física y psicológica–, que afecta a siete de cada diez estudiantes. Casi la mitad de los que se inscriben en bachillerato desertan en el camino por estos motivos o por considerar que “no les sirve lo que aprenden”.

El nuevo artículo 3º constitucional establece la universalización del bachillerato a más tardar en el año 2021. Estamos lejos de poder cumplirlo, especialmente si consideramos que mientras el grupo de población de cero a 14 años se ha estabilizado y tiende a disminuir, el grupo demográfico que más se está expandiendo es el de 15 a 19 años.

La escolaridad de la población de México es de nueve grados en promedio; en teoría, pareciera que los mexicanos tienen la secundaria concluida. Pero, como suele ocurrir, los promedios ocultan severas desigualdades; en un extremo, una pequeña parte de la población cuenta con hasta veinte grados de escolaridad, mientras en el otro extremo, muchos abandonaron la escuela desde la primaria o, incluso, son todavía analfabetas (7 por ciento).

Al país le ha costado casi una década aumentar cada grado de escolaridad adicional; a ese ritmo la meta de doce grados de escolaridad promedio la alcanzaremos hacia el año 2040.

Más allá de la insuficiente cobertura del nivel de bachillerato, el problema más grave estriba en la poca pertinencia del currículum (matemáticas y ciencias demasiado teóricas) y la pobre calidad de los egresados, según señalan encuestas aplicadas tanto a los empleadores como a los jóvenes que abandonan sus estudios.

De acuerdo a los datos arrojados por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, el desempleo entre los egresados de bachillerato es más del doble de la tasa global de desempleo en el país. Y seis de cada diez preparatorianos terminan en el comercio informal.

Es un hecho que los avances tecnológicos están reemplazando trabajadores y/o demandando saberes y destrezas cada vez más sofisticados. La mitad de los empresarios se quejan de que no encuentran personal calificado entre los egresados de educación media superior debido a que no dominan el inglés, ni tienen las competencia técnicas (hard skills) y socioemocionales (soft skills) necesarias.

Las habilidades sociales y emocionales que requieren los jóvenes para prosperar en contextos cada vez más competitivos y excluyentes, son definidas por la especialista Blanca Heredia como: orientación clara a metas personales y profesionales, alta capacidad para trabajar en equipo con otros, y fuerte habilidad para autorregular emociones, especialmente la frustración.

Para Macario Schettino, educar con calidad a los jóvenes es educarlos para manejarse con éxito en un mundo incierto. Debemos educarlos para la ciencia, la democracia y el desarrollo económico, y las tres son “áreas de naturaleza profundamente incierta”.

La democracia requiere de ciudadanos capaces de decidir libre y responsablemente en contextos de alta competencia electoral. El desarrollo económico demanda empresarios que sean capaces de arriesgar sus recursos en un mercado incierto, con máximo cuidado del medio ambiente y respeto al consumidor/cliente.

En este sentido, concluye Schettino: “Educar con calidad significa preparar a los mexicanos a competir, cumplir las reglas, esperar los resultados, y aceptarlos. En política, economía, conocimiento. Eso se aprende en los deportes, las artes y los debates, no sólo en las materias de historia, civismo, matemáticas y ciencias”.

La reingeniería curricular en educación media superior es, pues, un segundo reto, si queremos atender el llamado de los empleadores y de los propios jóvenes. Será una tarea bien difícil por la enorme dispersión de subsistemas creados en este nivel, unos diseñados para preparar para la universidad y otros para dar, supuestamente, salidas terminales al mercado de trabajo.

Hasta el momento, lo único que ha anunciado la SEP es que pretende construir un modelo de formación dual, semejante al alemán: parte de la formación la recibirían los preparatorianos en el aula y el resto en la empresa. Es un primer paso hacia una mayor vinculación con el mercado, pero reclama una cultura académica y empresarial diferente a la tradicional, así como vencer la resistencia al cambio dentro de la propia burocracia educativa.

Y, finalmente, el tercer reto mayúsculo en educación media superior es la formación pedagógica de sus miles de maestros en servicio que carecen de ella. Reiteramos nuestra convicción de que el desarrollo psicológico integral de los jóvenes es un proceso que no se da de manera natural (como afirman algunos pseudoconstructivistas), sino que requiere la acción organizada, sistemática y estructurada de cada maestro como un profesional de la enseñanza.

jesusalvarezgtz@gmail.com

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