La magia del arquitecto

Por J. Jesús López García 

Es frecuente que en los tiempos corrientes la inmediatez y la banalidad de las fuerzas de consumo tienden a reducir en pequeños conjuntos de tópicos, clichés y lugares comunes de rápida asimilación a lo que son grandes sistemas de significados. Prácticas por cierto, apoyadas en largos procesos de decantación donde lo superfluo, irónicamente es lo que más <vende> y aquello que llama poderosamente la atención, particularmente en cuanto a lo que es más llamativo va descartándose por propia obsolescencia.

De modo preciso por ser la caducidad una de las circunstancias más temidas por los afanes actuales de un consumo desmedido se le identifica como <pasado de moda> y se descarta aquello etiquetado bajo esa marca no por la natural prescripción del uso simbólico o práctico de un objeto o de una idea, sino por el riesgo de su cada vez menor aceptación en un mercado. Ante ello lo producido se reviste con en oropel que se enfoca en la pura exterioridad: envoltorios, campañas publicitarias, entre otros, con el propósito de frenar el avance de la moda que transita para dilatar en lo posible la sensación del gozo de la panacea que la misma novedad pueda ofrecer.

Es similar en arquitectura ya que las grandes obras de significación colectiva son cada vez menos, tal vez en no en su producción pero sí en el impacto sobre la comunidad. Lo amplio del espacio urbano se satura de edificaciones ya no enfocadas a esa comunidad sino a un mercado específico al que se presenta un producto digno de su consumo, y en vista a ello la parafernalia mercadológica induce a practicar soluciones formales para tal efecto. Términos como <minimalista>, <moderno>, <amplias vistas>, <accesibilidad>, <elegantes acabados> se mezclan al margen de sus categorías intelectuales o meramente descriptivas y se recomponen en frases publicitarias de fácil reproducción y asequibles a la mayoría de las personas. Se piensa así en la arquitectura como el objeto fotogénico que se introducirá en el anuncio, y para ello se requiere de un extraordinario cosmético o maquillaje. De esta forma hablamos o nos referimos a lo que podríamos llamar como la magia del arquitecto.

Sin duda alguna, en bastantes casos de la publicidad se aprecia el resultado de favorables ejercicios de diseño así como también los hay verdaderamente penosos, sin embargo en la mayoría subyace la sensación de estar repitiendo modelos con base en su rentabilidad comercial, más que una verdadera práctica arquitectónica en la que el conocimiento de los usuarios, los materiales y procesos constructivos, la economía del lugar y la situación de la propia experiencia profesional dentro de las envolventes circunstancias del mundo globalizado y efímero que hoy en día vivimos y que deben poseer la capacidad de establecer un juicio construido sobre el espacio y el tiempo del que la arquitectura es testimonio.

El ornamento o la repetición de soluciones formales probadas no son garantía del todo sólida para evaluar la pertinencia de una arquitectura en su lugar y de su tiempo. La misma <réplica> por sí misma es una circunstancia de nuestro tiempo pero enmarca a la arquitectura producida como sujeto de la crítica y no como objeto o instrumento crítico, mero testimonio mudo sin capacidad de emitir un juicio.

Ejemplos dignos de admirar en donde el diseño se impone hay varios diseminados en la mancha urbana aguascalentense, como la residencia ubicada en Paseo Juan de Tolosa # 406 en el Fraccionamiento Jardines de la Asunción. Es indudable que al margen de la formación profesional del autor, éste hizo un buen ejercicio de arquitectura en una finca donde los volúmenes se superponen para lograr lo mismo claroscuros atractivos y una protección contra el ardiente sol del poniente, en un discreto ensamblaje de materiales que enfatizan las profundidades que el desarrollo volumétrico ha dispuesto para además otorgar privacidad a los moradores de la casa. Un edificio que no posee la estridente manera de llamar la atención de las formas sobre-elaboradas, del seguimiento del último <grito de la moda>, de la puesta en escena de materiales inéditos y formas de una sospechosa audacia; no posee ornamento gratuito ni aditamentos prescindibles, en suma es una casa donde la genuina magia del arquitecto hace evidente los mecanismos de su proceso de diseño para realizar una obra contemporánea que tendrá posiblemente más de dos décadas de existencia y continúa vigente.

Lo mencionado se alza como una exhortación a todos aquellos profesionistas locales, en ejercicio y en formación, a trabajar más que en propuestas que satisfagan las veleidades del gremio o los requerimientos de la mercadotecnia, a hacerlo de frente a sus habitadores -tratados más como tales que como clientes– a los factores técnicos y materiales de nuestro lugar y sobre todo a la responsabilidad como parte importante de la edificación de nuestra ciudad acaliteña, que hoy más que nunca, puede prescindir de lo accesorio para enfatizar lo esencial que llegaría de la mano de edificios modestos y sencillos como el que nos ocupa. ¡¡¡Inmuebles donde es patente la magia del buen arquitecto!!!