Prof. Flaviano Jiménez Jiménez
En el desarrollo de la clase, aclara la Maestra Lily, los alumnos están conscientes de lo que deben o tienen que aprender, y para lograr los aprendizajes esperados necesitan realizar una serie de actividades, pero éstas las realizan de diferentes formas de acuerdo con sus características individuales y maneras de aprender; por ejemplo, los alumnos que son auditivos aprenden el argumento de un cuento con la explicación que les doy al respecto o al escuchar la lectura de una historia; en cambio, los visuales necesitan, además, ver imágenes, dibujos o escenas para entender el contenido del cuento; y los kinestésicos requieren manipular con sus manos los objetos de aprendizaje, dibujando los personajes y los escenarios o construyendo las figuras y las escenas con materiales como plastilina; estos mismos (los kinestésicos) también aprenden el argumento de una historia a través de movimientos corporales, gesticulando o personificando las características de los personajes que intervienen en la trama del cuento. Por otra parte, en mi grupo hay dos alumnos hiperactivos (siempre quieren platicar y caminar por todo el salón) que requieren atenciones específicas para que aprendan y dejen aprender a los demás; en estos casos, tengo que encomendarles la realización de actividades adicionales y de mayor complejidad (del mismo tema de estudio) para que se mantengan ocupados y logren mayores avances en sus aprendizajes, pues estos alumnos generalmente son muy inteligentes; en otras clases, los pongo como monitores de uno o dos equipos para que ayuden a sus compañeros que tienen dificultades en los aprendizajes (siempre bajo mi vigilancia); y en otras ocasiones realizan actividades para su autocontrol. En cambio, a los que tienen déficit de atención o atención dispersa, y que por tal motivo son de lento aprendizaje, a éstos, mientras los demás trabajan en equipos, los atiendo en forma personalizada y con mucho cuidado, porque son muy sensibles, sentimentales y a veces caprichosos; sobre todo los atiendo con mucha paciencia, con actividades más sencillas, acordes a sus posibilidades y a sus ritmos de aprendizaje pero que aprendan lo fundamental.
Hay niñas y niños con otros comportamientos; sin embargo, creo que con los ejemplos descritos se puede entender que mis alumnos son diversos en su desarrollo físico, mental, emocional y cognitivo; por eso necesitan realizar actividades diferentes, acordes a sus particularidades, para lograr los mismos aprendizajes aunque con ritmos diferentes. Ahora bien, hay otros factores que intervienen en los procesos educativos de los alumnos que están asociados con la situación social, económica y cultural de las familias de donde proceden mis alumnos: los niños de padres profesionistas y de un nivel económico medio son alumnos que cuentan con materiales para el desarrollo de las actividades escolares, manifiestan disposición para aprender y cuentan, además, con el apoyo de sus padres para la revisión y cumplimiento de las tareas que realizan en casa y en la escuela, sin descuidar que asistan regularmente a sus clases. No así con los padres que apenas ganan uno o dos salarios mínimos y su nivel cultural es bajo, los niños de estas familias no siempre llevan consigo todos los útiles escolares; frecuentemente faltan a las clases por diversas razones: porque los padres no están pendientes de ellos, porque tienen que trabajar para ayudar en la manutención de la familia o porque no le encuentran interés a los aprendizajes de la escuela; estos mismos niños tampoco tienen apoyos de sus padres en el cumplimiento de sus tareas escolares. Salvo dos excepciones. En síntesis, no es nada sencillo lograr que todos los alumnos aprendan al máximo nivel por sus peculiaridades descritas, como tampoco es posible que todos aprendan de la misma forma; sin embargo, sí es posible que todos mis alumnos aprendan de acuerdo con sus potencialidades, sus estilos, sus ritmos y el apoyo de sus padres.
Quiero subrayar, dice la Maestra Lily, para mí ha sido de vital importancia conocer a mis alumnos desde el inicio del ciclo escolar, pues esto me permite adecuar mi proceso enseñanza _ aprendizaje a sus reales condiciones y necesidades; también quiero destacar la gran importancia que tiene la participación, la atención y el apoyo de los padres de familia en los aprendizajes de sus hijos. Por lo anterior, conociendo a mis alumnos y a los padres de familia, diseño mi Plan de Trabajo Educativo y en una reunión, con la asistencia de mis alumnos y de sus padres, doy a conocer el Plan de Trabajo; explico detalladamente lo que me corresponde hacer durante el año para lograr los propósitos y las metas de aprendizaje deseados; a los niños les pongo en claro lo que deben aprender y lo que tienen que hacer para alcanzar las metas; y a los padres les pido su apoyo tanto para asegurar la asistencia regular de sus hijos a la Escuela como para que estén pendientes de ellos en la realización de las tareas que se les encomienden; de igual manera les sugiero que en ciertas horas de la semana se sienten con sus hijos para juntos resolver problemas matemáticos, leer o escribir algún tema de interés y comentar el contenido de lo leído; entre otras cuestiones que les recomiendo. Cada dos meses nos reunimos con los padres de familia y sus hijos para exponer y evaluar los avances en los aprendizajes; para verificar y comentar lo que los padres realizaron con sus hijos; para destacar los aspectos positivos en lo desarrollado, también para discutir las dificultades presentadas en la marcha de los trabajos y encontrarles soluciones factibles. De esta forma, me mantengo en contacto con los padres, obteniendo invaluables apoyos en los avances de sus hijos; lo que significa para mí una gran responsabilidad, pues quiero rendirles buenas cuentas académicas en cada reunión o el día que ellos personalmente quieran visitarme en el salón de clases. La inmensa mayoría de los padres asiste a las reuniones y también cumple con lo que se compromete cada quien. Con estos esfuerzos coordinados ninguno de mis alumnos abandona la Escuela como tampoco ninguno reprueba. Hay alumnos que obtienen diez de calificación, nueve, ocho y siete, por sus propios méritos y gracias al apoyo de sus padres. Por todo lo antes expuesto, me queda claro que soy la responsable de educar a mis alumnos, por eso me preparo todos los días a conciencia; y también reconozco que la participación de los padres de familia es de gran valor formativo. Todo sea por el bien de los niños.