1ª Función “MINIONS”

Por décadas, unos de los recursos más socorridos por cualquier argumento de ficción animada es la inserción de personajes de apoyo que cumplan la diegética labor de proveer multiplicidad de costuras argumentales a la trama proveyendo diversas funciones de índole dramática y/o cómica a modo de asistencia, guía, conciencia o brújula moral e invariablemente consiguen arrebatarle una generosa porción de protagonismo a el, la o los personajes principales erigiéndose como favoritos de la audiencia, la cual termina inmortalizándolos en los anales de la cultura pop al incluirlos en sus referentes culturales. Por ello es comprensible que los minions, esos carismáticos y adorables dildos antropomórficos que hablan en galimatías esperántico (si ponen atención, detectarán las constantes en francés, italiano, coreano, español e inglés que conforman su rebuscada lengua) alcanzarán la fama que justifique un proyecto en solitario aún si sus características como personajes son limitadas (cero psicología, motivación unidireccional, rasgos emocionales poco complejos, etc.), pues quién necesita estos elementos si la mercadotecnia basta para suprimir el interés por un argumento fílmico que los incluya, así es como hace tres generaciones nadie pensó siquiera exigir una cinta sobre los siete enanos o una película expansiva de las aventuras de Tambor y su heteroflexible compañero Flor. De esta forma, tenemos esta película donde se pretende explorar un poco más la naturaleza de los minions, entidades de hepatítica y supositórica complexión que desde el inicio de los tiempos existen tan solo para ser secuaces o esbirros (traducciones al español de la palabra sajona “minion”) del primer villano que se les ponga enfrente. Al fallar como comparsas malvados, se encuentran en total desamparo autoexiliados en una remota y gélida zona geográfica hasta que tres de ellos deciden emprender un éxodo en busca de un villano a seguir, lo que los lleva a una convención de malosos donde se topan con Scarlett Overkill, übermaleante que adopta a los minions para encomendarles la nada sencilla misión de robar la corona de la reina de Inglaterra. La trama se ubica en la década de los 60’s, por lo que la música y la estética “mod” inglesa tan característica de aquella época marcan el tono visual de la cinta. Y eso es lo más interesante que encontramos en esta producción, pues la historia nunca abandona el esquema de gags en secuencia a costa de las mencionadas características físicas y elocutivas de los protagonistas y una actitud excesiva y monocorde de la villana que hastía con facilidad. Algunas bromas funcionan y arrancan la risa del respetable y otras tantas simplemente se quedan en lo más elemental. La trama jamás se preocupa por alejarse de la rutina narrativa dejando todo en la acostumbrada bidimensionalidad que favorece lo pueril a la propuesta, al riesgo. Y si usted cree que esto debe ser así por tratarse de una cinta animada dirigida al público infantil, entonces reitero la invitación a revisar de nuevo “Intensa-Mente” de los estudios PIXAR para identificar los numerosos niveles de lectura y complejidad dramática que puede lograr un filme de animación sin sacrificar tanto humoradas propias para infantes como intrincadas aristas en el discurso para dimensionar el relato en un adulto. Los minions son una paradoja, pues se conducen con dulzura y son encantadores, pero se empeñan en servir al mal. Aquí está la génesis argumental para una película más interesante que lo visto en pantalla.

2ª Función “ANT-MAN: EL HOMBRE HORMIGA” (”ANT-MAN”)

Esta película prueba que algunas producciones de la factoría Marvel no tienen el suficiente atractivo para las masas en cuanto a magnetismo taquillero se refiere, siendo ésta una cinta solo para fans de la compañía que comprendan la trascendencia y significado de El Hombre Hormiga en su intrincada mitología, considerándosele oscuro sobre todo si se le compara con la notoriedad o fama que poseen sus colegas Thor, El Hombre de Hierro o el Capitán América desde sus versiones impresas. Pero eso no demerita las limitadas virtudes del filme, una comedia de aventuras sin complicaciones dramáticas o escabrosos recovecos existenciales que permite el acceso a la risa fácil y una sesión de matinée sin demasiada culpa. La cinta, producto de una atribulada producción al ser gestada por el talentoso Edgar Wright (“El Desesperar de los Muertos”, “Scott Pilgrim”) en un lapso de ocho años y retirarse en el último momento ante las bruscas y majaderas intromisiones del estudio que incluso llegaron a alterar su guión sin consultarle, mantiene un ritmo dinámico y un sentido del humor juvenil sin profundizar demasiado en sus personajes o las posibilidades de su trama sustentada en temas clásicos de la ciencia ficción -mas no se le podía pedir más al director sustituto Peyton Reed, creador de memeces con taquilla desabrida como “Sí Señor”- , aún si el argumento daba para más. El héroe, un ladrón venido a menos con complejo de padre sufrido llamado Scott Lang (Paul Rudd), decide reincidir en el crimen ante la frustración de no poder ver a su hija y las reprimendas de su ex esposa ahora casada con un policía. Su golpe resulta ser en la mansión de Hank Pym (Michael Douglas), científico de prestigio que ha desarrollado un curioso traje capaz de empequeñecer a su portador además de crear un aparato auditivo con el que puede controlar a las hormigas con fines no muy claros (excepto claro, el de darle sentido al personaje titular). Lang roba el traje y descubre su potencial. Pym a su vez le revela que todo fue un truco para engatusarlo en un complicado plan donde requiere de sus talentos como atracador y así malograr los planes de un rival que desarrolló su propia versión del invento miniaturizador, pero con fines militares y escabrosos. De este modo, la cinta se transforma de la odisea de un criminal por convertirse en héroe en una película de robos con todos sus componentes básicos: diseño del golpe, búsqueda de secuaces / patiños que auxilien en la labor, giros de tuerca y un clímax que aspira a ser emocionante. Numerosos chistes, efectos generados por computadora y arquetipos del cine de aventuras son los ingredientes de esta rutinaria cinta que no hace nada por innovar en este género que ya muestra signos de desgaste pero que logra mantener un interés si bien aunque sea por ver cómo un increíble hombre menguante para la nueva generación se enfrenta a sus microscópicos dilemas. Un filme con potencial enorme que se queda en un diminuto intento.

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