Por Jesús Alejandro Aizpuru Zacarías

En un mundo nihilistaEl pasado viernes 13 la Ciudad de la Luz sufrió el peor ataque desde la II Guerra Mundial; tras la masacre, Bashar Asad dijo: “Francia conoció el viernes lo que Siria viene padeciendo en su propio territorio desde hace 5 años”.
Podría detenerme a debatir con aquellos idiotas que buscan minimizar los lamentables hechos ocurridos en la capital francesa, quienes, bajo el torpe argumento comparativo de los atentados en Beirut, los bombardeos en Siria, los 43 estudiantes de Ayotzinapa y demás tragedias alrededor del mundo, afirman, que no se mostró esa indignación ante esas masacres, debido a que esos países no marcan tendencia, algo que es totalmente falso; sin embargo, lo único que puedo decir es que sin importar donde mueran seres humanos inocentes, su caída me causa pesar e indignación.
Debemos reprochar estas barbaries sin importar donde sucedan. No debemos deshumanizarnos ante sucesos tan terribles, ni mucho menos volvernos intolerantes con aquellos que muestran esa sensibilidad ante la sangre de nuestros semejantes.
Ahora bien, tras los atroces acontecimientos de París, las grandes potencias mundiales se han acercado para formar un frente militar con el único fin de liquidar a los extremistas, esto, sin duda me genera temor, ya que esto ocasionará que el conflicto bélico cada día sea más grande y por ende, más sangre de inocentes sea derramada.
El Estado Islámico es en la actualidad la organización terrorista más poderosa en términos militares, económicos y políticos. Además de haberse constituido como un califato, un Estado con territorio y leyes fundamentales cuyo objetivo es extenderse a través de la llamada “guerra santa”, cuenta con un gran número de creyentes alrededor del mundo, especialmente en los territorios de los estados que actualmente lo combaten, lo cual, dificulta su desarticulación. La estructura fundamentalista del Estado Islámico, sin duda complica cualquier tipo de negociación. Ellos están obligados a convertir a los no creyentes o matarlos, cualquier “debilidad” que muestren es un pecado y una clara desviación de sus creencias.
El actuar del Estado Islámico es sumamente radical, siguen al pie de la letra sus escrituras, y sus mensajes son claros y directos: Acabar con todos los infieles, hasta que el mundo entero quede bajo su dominio religioso.
La indignación de los occidentales y de todos aquellos antimusulmanes complicará la situación para los sirios que buscan refugio, esto, será el pretexto perfecto para cerrarles las puertas.
La muestras de violencia llevadas a cabo en París, darán como respuesta más ataques y declaraciones de guerra contra el Estado Islámico, quien a su vez responderá con ataques terroristas cada vez más violentos, lo que será el cuento de nunca acabar, porque, como ya dijimos, cualquier desviación en sus dogmas es una muestra de debilidad, es decir, un pecado.
Lamentable es saber que esta situación no tendrá un desenlace favorable para nadie, por el contrario, la sangre continuará derramándose, el mundo seguirá manchándose con odio y la comunidad musulmana que vive fuera de las fronteras del califato continuará siendo estigmatizada por la sociedad occidental y atemorizada por los fundamentalistas antimusulmanes. En conclusión, habrá guerra para rato. Triste pero cierto.
Como es costumbre, agradezco el favor de su lectura y los espero una vez más, la próxima semana.