Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El proyecto de vida de una maestra o de un maestro consiste en prestar servicios educativos durante 30 años y luego jubilarse. En nuestros días, las jubilaciones pueden darse dos, tres o seis años después, por los cambios que se hicieron a la Ley del ISSSTE y dependiendo de la edad de cada uno de los trabajadores. Aunque también es bueno aclarar que hay docentes con 40 y hasta más de 50 años de servicio, porque su condición física, mental, de la salud y el deseo de servir, les permite llegar a estas alturas.
Los maestros en servicio, cotidianamente se levantan temprano, se arreglan decorosamente, toman un desayuno ligero, se trasladan a sus escuelas en pocos minutos si están cerca de sus casas o en horas si están lejos de donde viven; arreglan lo necesario en el salón de clases antes de iniciar sus clases, reciben a los alumnos y los acomodan en sus asientos, conducen el proceso enseñanza-aprendizaje del día, verifican que todos los alumnos estén realizando actividades de aprendizaje previstos en la planeación, brindan atención especial a los que tienen problemas de aprendizaje, ponen orden en el salón cuando hay indisciplina, revisan los ejercicios y los trabajos que los alumnos realizan durante las clases, hacen anotaciones en los cuadernos de los educandos y en las listas de asistencia, están atentos de los alumnos a la hora de recreo para evitar incidentes indeseables, continúan con las actividades académicas después del recreo hasta la conclusión del horario escolar y están vigilantes que los alumnos salgan en orden y con normalidad del salón de clases y de la escuela. Al llegar a sus hogares por las tardes, después de comer y descansar brevemente, revisan tareas de los alumnos y preparan las clases del día siguiente. Estas actividades se repiten diariamente hasta convertirse en hábitos por años. Adicionalmente, desarrollan actividades extraordinarias como organizar y llevar a los alumnos a distintos lugares como museos, parques ecológicos y otros centros culturales, siempre con la idea de formarlos integralmente; así como también organizan y desarrollan eventos cívicos, culturales, deportivos y recreativos, de conformidad con lo que marcan los planes y programas de estudio. De tal suerte que las maestras y los maestros siempre están ocupados en las tareas educativas, en no pocas ocasiones hasta en detrimento de la atención de sus familias.
Pero un buen día, después de cumplir los años de servicio que marca la ley, muchos maestros toman la decisión de jubilarse porque dicen ya sentirse cansados. La jubilación, desde luego, es un derecho que tienen los trabajadores; pero, el cansancio o el aburrimiento de realizar las mismas actividades por años, no es razón suficiente para la jubilación; toda vez que la solución del cansancio está en un descanso razonable o en un cambio de actividades por determinado período. Las maestras y los maestros que han tomado la decisión de jubilarse (por sentirse cansados), a los ocho o quince días después, no saben qué hacer durante los días; extrañan el ruido de la escuela, los gritos de los niños, la revisión de las tareas, las charlas con los compañeros, el ir y venir todos los días bajo la presión del tiempo; en pocas palabras, se sienten desesperados, molestos y hasta enfermos de depresión. Y esto es debido a que las maestras y los maestros sólo pensaron y se concretaron a un proyecto de vida: enseñar durante 30 años y luego retirarse del servicio escolar; por eso después de la jubilación no saben qué hacer y deterioran bruscamente la calidad de su vida. Para evitar este tránsito doloroso, toda maestra y todo maestro debe tener dos proyectos de vida; uno, para la prestación de servicios educativos en la plenitud de su vida y, el otro, para después de la jubilación. Antes de jubilarse, los maestros deben preguntarse y responderse, a sí mismos, con responsabilidad y honestidad: ¿ya todos mis hijos están formados y tienen ocupaciones para el sostenimiento de sus propias familias?, ¿ya no tengo vigor físico y mental, ni el deseo de seguir laborando como docente?, y, la pregunta más importante, ¿a qué me voy a dedicar después de la jubilación? Muchas maestras y muchos maestros jubilados, en su segundo proyecto de vida, se dedican, bajo un calendario flexible, a realizar ejercicios físicos; a vender productos alimenticios, joyas, costuras, ropa, juguetes, electrónicos; a la fontanería, la carpintería, la repostería, la pintura; a vender casas, vehículos; y, entre otras actividades, organizar clubes de la tercera edad para su entretenimiento o esparcimiento, y a realizar viajes turísticos por distintos lugares. Como dicen los maestros jubilados que son felices; “ahora sí me dedico a lo que tanto me gustaba y que por mi trabajo cotidiano no podía hacer”.
Hay maestras y maestros que, lamentablemente, tienen que retirarse del servicio por problemas de salud; pero los que gozan de buena salud, cuando quieran jubilarse, piensen en un segundo proyecto de vida que les brinde la oportunidad de dedicarse, no necesariamente en algo para lograr grandes ganancias económicas, sino en algo llevadero para conservar su salud; en algo útil para tener el deseo de vivir y para ser felices; es decir, para tener una buena calidad de vida. Con la seguridad que muchos exalumnos, al acordarse de cada uno de ustedes, en momentos especiales, dirán: ¡Gracias maestra, gracias maestro por sus enseñanzas!