Leticia Acuña Medina

No deben regatearse los recursos para seguridad pública, hay que evitar llegar a los extremos como el linchamiento, el hacerse justicia por propia mano, ya que no podemos vivir en anarquía.

A la población poco le importa si cambia la ley o el sistema de justicia, la gente quiere ver resultados, sentirse segura, destacó Humberto Martínez Guerra.

La figura del policía se ha desgastado, ha perdido respeto social, porque muchos elementos se ven obligados a “trabajar con las uñas”, no cuentan con el equipo necesario, los sueldos son bajos y a diario arriesgan su vida, en el cumplimiento de su deber.

Refirió que cuando menos 30 patrullas están en el taller, porque no hay presupuesto para las refacciones, dicho por los propios elementos.

Los policías sienten falta de apoyo de sus jefes e impotencia, porque más tardan en detener a un ratero, que en que lo suelten para que siga delinquiendo.

Pareciera que los jueces o la Fiscalía, según el caso, en vez de buscar pruebas para la consignación, no le dan la importancia debida a cada caso y por tanto hay los que reinciden 20, 30 ó 50 veces; los agraviados se sienten desesperanzados y a la vez, temerosos de ser nuevamente víctimas de la inseguridad.

Observó que la reincidencia de delincuentes, pone en duda la justicia que se imparte.

Hizo hincapié en que la percepción es realidad, la gente se siente insegura no sólo en cajeros y en los bancos, sino también en las calles y en los parques, como los datos estadísticos lo reflejan, además, cada vez es menos el número de personas que se atreven a denunciar a los delincuentes, porque están convencidos de que sólo pierden el tiempo en trámites tortuosos y saben que al rato los delincuentes andan en la calles, libremente cometiendo nuevas fechorías, añadió.

El líder social insistió en que a la gente no le importa si se estrena nuevo sistema de justicia, quiere sentirse segura en su integridad física y sus bienes.

Cuestionó el que se protejan más los derechos de los delincuentes, que los de las víctimas.

Necesitamos, dijo, una policía bien equipada, con sueldos decorosos y capacitación permanente, para que no se deje corromper y que en el buen desempeño, su vocación sea recompensada.