Prof. Flaviano Jiménez Jiménez
Karla es una niña de 5 años de edad; su mamá la inscribió, de manera anticipada, en un jardín de niños el pasado mes de febrero. Con esa seguridad Karla se presentó al jardín, acompañada de su mamá, el 24 de Agosto con el fin de asistir a sus primeras clases. Llegó a la escuela risueña, se le veía muy contenta. En la entrada del jardín de niños estaba la directora dándoles la bienvenida a las niñas y a los niños por ser el primer día de actividades escolares. En eso llegó Karla; al verla, la directora se puso seria y le preguntó a la mamá -“Señora, ¿qué discapacidad tiene su hija?”. -“Síndrome de Down”, contestó ella. Más seria aún, le dijo la directora a la mamá de Karla -“Señora, no puedo recibir a su hija en este jardín porque no tengo personal especializado para atender a su hija; vaya a otro jardín donde sí se cuente con personal especializado para que su hija sea atendida adecuadamente”. La señora con semblante de preocupación le dice -“Pero este es el jardín de niños que nos queda más cerca, los otros jardines están muy lejos, tendría que pagar dos camiones diarios de ida y otros dos de venida; y quién me asegura que hay un lugar para mi hija en esos jardines; a mi hija la inscribí en este jardín desde Febrero, por favor acéptela”. La directora tajante dice -“¡No señora!, no puedo aceptarla; vaya a buscar un lugar en otro jardín”. Cabizbaja, angustiada e impotente, la señora se retira del jardín de niños con su hija. A una cuadra de distancia del jardín, una joven señora encontró a la niña y a su mamá y cariñosamente le dice a la pequeña -“Buenos días, Karla. ¡Qué bonito uniforme!; ¿ya estás en el jardín de niños?” -“¡No!”, contestó ella en forma seca. -“¿Por qué no?”, insistió la joven señora. Karla muy molesta voltea hacia el jardín y señalando con su dedo índice le dice -“Porque no me aceptó esa p… vieja”.
Iván padece parálisis cerebral infantil, grado 1 (superficial); Juan Antonio es débil visual y Marco Antonio tiene una lesión craneoencefálica superficial; estos niños son de 6 años de edad, tienen deficiencias intelectual, visual y motriz, respectivamente, pero todos son educables, esto es, pueden aprender a su nivel y a su ritmo con apoyos pertinentes; sin embargo, estos niños corrieron la misma suerte que Karla, fueron rechazados en las escuelas primarias donde se presentaron con el fin de iniciar sus estudios; los argumentos fueron los mismos: no se cuenta con el personal especializado. En secundaria fueron rechazados, para ingresar al primer grado, los adolescentes Lizbeth por sordera y Miguel Ángel por ceguera. Son casos que de momento se conocen, pero ¿cuántas niñas, cuántos niños y cuántos adolescentes más habrán sido rechazados en las escuelas? ¿Qué dice la Ley al respecto? ¿Qué dice la ética profesional del educador?
El Artículo Tercero Constitucional dispone “Todo individuo tiene derecho a recibir educación”. La Ley General de Educación, a su vez, establece que “Todo individuo tiene derecho a recibir educación de calidad y, por lo tanto, todos los habitantes del país tienen las mismas oportunidades de acceso al sistema educativo nacional…” Las leyes, pues, son claras y precisas, no hay sustento para rechazar a los niños y a los adolescentes por tener necesidades de educación especial. A pesar de esta claridad legal y ética, en el país existen miles de niños que no reciben los beneficios de la educación especial. De dos millones 700 mil niños y niñas con algún signo de discapacidad, más de 606 mil menores de edad no son atendidos en ningún tipo de escuela. ¿Cuántos de estos niños estarán desatendidos en Aguascalientes?
Las autoridades de la Secretaría de Educación reconocen que durante muchos años se ha discutido acerca del tipo de atención educativa más conveniente para los niños con requerimientos de educación especial, tratando de dar respuesta, entre otras, a las siguientes preguntas: ¿Dónde está mejor un niño “discapacitado”, en una escuela regular o en una escuela de educación especial? ¿Qué puede hacer el maestro regular por estos niños? ¿Cómo reaccionan los padres de familia de los niños sin discapacidad? ¿Cómo reaccionan los niños y las niñas del grupo regular ante la llegada de estos compañeros? Aun cuando las escuelas de educación especial tienen sus bondades, éstas se fundamentan en el modelo médico-clínico, el cual considera a los alumnos más como pacientes que como alumnos; en tal virtud, su diagnóstico es para un programa de curación o rehabilitación, haciendo grupos homogéneos para sus tratamientos y olvidando las necesidades individuales para el aprendizaje y, por otra parte, este modelo los segrega y los “etiqueta”, haciendo más difícil el proceso educativo de estos pequeños. Diagnosticar para clasificar a los niños en alumnos que merecen educación especial y alumnos que merecen atención regular no siempre ha sido bueno; porque hay muchos niños que, sin presentar alguna discapacidad física, sensorial o intelectual, tienen serios problemas para aprender; mientras que otros, clasificados como “discapacitados”, aprenden tan bien o mejor que los demás cuando reciben ciertos apoyos. Por lo anterior, la Secretaría de Educación Pública ha implantado la inclusión o la integración educativa. Esta política implica que los niños con alguna “discapacidad” sean integrados en escuelas regulares y que los profesionales de educación especial acudan a las escuelas regulares para apoyar a los niños con dificultades y a sus maestros, lo cual contribuye a evitar la segregación y el “etiquetado”. La segregación y el “etiquetado” privan de oportunidades y condenan al aislamiento a los niños con necesidades de educación especial (lo que pasó con Karla y con los otros niños); la integración, por el contrario, posibilita el desarrollo armónico de estos alumnos. Los adultos generalmente proyectan miedos para convivir con los niños; en cambio, éstos no tienen problemas para convivir con los compañeros de necesidades educativas especiales; no sólo no los agreden ni aíslan, sino que los apoyan y permiten que ellos, a su vez, los apoyen en la medida de sus posibilidades. La gran mayoría de padres y madres de familia están de acuerdo con la integración educativa. Por ser de ámbito natural de la enseñanza intencional, la escuela regular es el mejor espacio educativo y social para todos los niños, tengan o no necesidades de educación especial. Los niños con requerimientos de educación especial simplemente representan un reto profesional para el maestro regular. El factor más importante para que la integración sea viable es la participación entusiasta y convencida de los maestros de grupo, del personal de educación especial, del director, del supervisor, de las autoridades educativas, de los padres de familia y de los propios niños.