SILVIA GUERRA

El día de hoy, festejamos orgullosamente el día de la Bandera, el símbolo patrio más conocido de nuestro bello país.

Un símbolo patrio fortalece la historia de un país, nación o estado, ya que lo identifica y representa. Generalmente resume los valores históricos de su lugar de origen de manera visual o verbal.

¿Qué tan mexicanos nos sentimos cuando en un partido de la selección nacional se ondea nuestra bandera, o en el desfile inaugural de una olimpiada, o cuando se gana una medalla? Así es emocionantísimo ponerse la camiseta pero, ¿en dónde queda el patriotismo y el orgullo de ser mexicanos cuando se necesita defendernos de las barrabasadas de los poderosos, de las injusticias de los encumbrados y clamar por acciones rectas y transparentes? Ahí sí escondemos la mano y estamos prestos para juzgar desde nuestro palco de espectadores.

Es complicado desarrollar el amor por algo, cuando se desconoce su origen o significado. Así que, ¿cómo podemos realmente querer a nuestra bandera, si desconocemos por completo su historia y lo que significan sus colores?

La historiadora Lilian Briseño, comenta que durante la colonia (1521–1821) no existía bandera nacional. El primer símbolo surge con Miguel Hidalgo y Costilla en 1810 durante el movimiento de independencia con un estandarte de la Virgen de Guadalupe; dando paso en 1812 a la primera bandera tricolor.

Aunque no existe un simbolismo oficial de los colores de la bandera, el primer significado que se atribuyó fue el siguiente:

  • Verde: esperanza
  • Blanco: unidad
  • Rojo: la sangre de los héroes nacionales

Este significado cambió a mediados del siglo XIX debido a la secularización del país, popularizándose hasta la actualidad el siguiente:

  • Verde: independencia
  • Blanco: Religión
  • Rojo: Unión

El águila real posada en un nopal devorando a una serpiente, habla de la señal que debería encontrar el pueblo de Aztlán en su migración hacia el sur para fundar una nueva ciudad.

Así que… Vamos conociendo nuestras raíces y nuestra historia, para que estas se arraiguen profundo en nuestras entrañas. De esa manera, podremos luchar por un trato digno, por justicia, por equidad y también podremos dejar de ser espectadores para tener las agallas de ser partícipes de un cambio por demás necesario.

Esa imagen fuerte de nuestra bandera debe pasar a ser parte de nuestra identidad como mexicanos y de nuestra imagen interna. Entre más fuerte y congruente sea ese arraigo, más poderosa será la imagen del mexicano dentro del país y en el exterior.

Celebra con orgullo este día y que tengas bonita semana.

El Poder de tu Imagen.

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