Silvia Guerra

Somos fieles testigos de cómo nuestra sociedad está cambiando; podemos dar fe de cómo las nuevas generaciones, nuestros hijos y sus hijos, se comportan muy distinto a como lo hacíamos nosotros de jóvenes. Habrá gente que da gracias a Dios de que las cosas hayan cambiado ya que ahora se respeta más la libertad de las personas en todas sus modalidades, habrá otros que no; ¿pero por qué no analizamos los cambios y sus consecuencias para poder tomar una postura más certera de los beneficios o perjuicios que estos cambios han traído?

Efectivamente no hace muchos años vivíamos en una sociedad con una educación lacerantemente machista, los medios de comunicación eran terriblemente controlados por el gobierno (no ha cambiado mucho, solo es distinto el control), el comportamiento adecuado para los jóvenes era muy estricto y la “libertad” que se respiraba en muchos sentidos, estaba fuertemente controlada. Recientemente platicando con un amigo acerca de esto y expresando mi opinión en algunos temas, este amigo me dijo: “Eres una republicana”, a lo que me sacó una carcajada sonora. Los republicanos norteamericanos se distinguen por su radicalismo moralista y honestamente les digo, disto mucho de ser algo así. Lo malo es que ya mucha gente te etiqueta como “mocho” o “moralista a ultranza” si no estás de acuerdo con la libertad hoy vivida.

Estamos viendo cómo cada vez hay más muchachos tatuados, alcohólicos, juniors, rebeldes, padres solteros, etc. Siempre los ha habido, pero no me dejarán mentir cuando les digo que antes, ante la educación estricta de nuestros padres, ni se nos ocurría intentar hacer algo no permitido por miedo al regaño, al fracaso, al juicio, en fin, por miles de miedos y restricciones. Hoy, con tal de romper esas “cadenas” y en aras de fomentar la “libertad”, los padres hemos permitido y soltado la rienda a nuestros hijos, sin darnos cuenta que la libertad conlleva mucha responsabilidad y compromiso, grandes principios y convicciones sólidas. No nos pusimos a pensar que debimos educar a nuestros hijos en la libertad y no solamente hacerles saber que ya la tenían para ejercerla, porque como era de esperarse, no saben qué hacer con ella y la confunden con el poder hacer lo que sea, cuando sea, porque al fin son libres.

Tener límites y marcar barreras es parte de ser una persona libre, pero madura. No se trata de mocherías, sino de tener un rumbo, una rienda, una guía. ¿Para qué sirve una brújula? Para orientarnos cuando estamos perdidos; esos límites, esa responsabilidad y esas barreras, son la guía de nuestra libertad. No podemos pedir una sociedad sana y responsable, cuando todo lo que soltamos al mundo son jóvenes ahogados de libertinaje y sin respeto a los demás por el simple hecho de pensar que nadie tiene el derecho de contenerlos. Enseñémonos y enseñémosles a ser libres, a ser responsables, a ser una buena y sana imagen del hombre y la sociedad del futuro. Seamos responsables y dejemos en este mundo hijos responsables y conscientes.

Que tengan una excelente semana.

El Poder de tu Imagen.

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