El obispo emérito de León, Guanajuato, Monseñor Gonzalo Galván Castillo, vino como invitado a la Misa Crismal, que ayer ofició el purpurado José María de la Torre Martín.

Entrevistado antes del inicio de la ceremonia litúrgica, destacó que para llevar el Plan Diocesano de Pastoral, hay que renovarse, hay que ser más dinámicos.

“Si los jóvenes cuando crecen van renovando sus playeras y pantalones, nosotros también debemos ir creciendo, atendiendo las necesidades de la sociedad; necesitamos mayor acercamiento con la gente, para conocer de primera mano sus problemas, sus inquietudes, sus requerimientos.

La Iglesia no puede rezagarse y para llegar a todos los rincones, hay que hacer con más frecuencia las visitas pastorales, pero también hacer uso de las tecnologías, en las que se ve inmersa la juventud, para llegar a este importante grupo de la población.

En otro tema, lamentó que la violencia persista en diversos puntos del país, siendo preocupaciones graves los asesinatos y los secuestros; si bien “veo que hasta donde se puede vamos saliendo adelante, no podemos cegarnos a una realidad existente”.

Consideró que es importante reconocer el problema y que la sociedad en general participe en su solución; hizo un llamado a la paz, a la concordia

Reconoció que la Conferencia del Episcopado Mexicano y obispos en particular, han pedido a las autoridades federales, mayor energía en la lucha contra el crimen organizado y con la delincuencia en general, pero si queremos un pueblo en paz, todo debemos participar en la medida de nuestras posibilidades, porque el Gobierno solo no puede, se necesita la unión de esfuerzos, lo que incluye la denuncia ciudadana.

El también promotor de los derechos humanos y particularmente de los no nacidos, comentó la importancia de combatir la violencia desde el interior del hogar, en las escuelas, en los ámbitos laborales, para que la gente vaya tomando conciencia de vivir en armonía y de evitar que inocentes sigan siendo víctimas de la lucha entre grupos delictivos y también por motivos religiosos, como se advierte en otras partes del mundo, donde el terrorismo sigue sobrando vidas.