1ª Función

COLUMNA CORTE“TED 2”
Cuando Seth Mcfarland, creador de las polarizantes, punzantes y ocasionalmente irritantes series animadas “Padre de Familia”, “Papá Americano” y “Cleveland” anunció que llevaría su retorcido sentido del humor a un largometraje, confieso que más de uno subimos los ojos al cielo en muestra de incredulidad. Cuando el proyecto en cuestión fue anunciado, lo primero que pensé fue “¿En dónde me formo?”, pues la premisa de un oso de felpa drogadicto, malhablado y follador tocó un punto sensible en el corazón burdo y vulgar de su golfo servidor. El resultado no decepcionó, pues mostró precisamente eso aunado a una dinámica potable con un patiño humano encarnado por Mark Wahlberg inmersos en chascarrillos pop y desacralizaciones culturales varias, justo como a su director le gusta. La cinta tuvo una aceptación desmedida en taquilla, y la cuestión sobre si un proyecto formulado para sumarse a una vía contracultural por su expreso desagrado al conformismo comunal de la conformista sociedad norteamericana terminaría, como sucedió con pioneros de apellido Bakshi o Hefner, sumándose a la ecuación mainstream que adora componentes de esta naturaleza cuando se ven validados por la aceptación popular en su aleación de posmodernidad. La respuesta la tenemos en cartelera, una secuela que obedece más a una preocupación de oferta y demanda que a la genuina persecución de una postura narrativa interesada en explorar a fondo las posibilidades argumentales de su excluyente premisa, ya que ésta se percibe completamente desequilibrada y jamás a favor de un desarrollo coherente o justo para su personaje principal, este oso fornicador y soez. La trama se enfoca en los procesos de identidad que brotan al ser considerado legalmente más un objeto o posesión que un ser soberano y pensante cuando decide tener un bebé que unifique su fracturado matrimonio con la chabacana Tamy-Lynn (Jessica Barth), a lo que la ley norteamericana simplemente se niega por lo ya establecido. Entonces la cinta da un giro dramático al transformarse en un road movie al mostrar la travesía que emprenden Ted, Wahlberg y una abogada novata interpretada por la ocularmente desproporcionada Amanda Seyfried (detalle que aprovecha Mcfarland para ofrendar múltiples bromas a costa de sus inquietantes fanales) en pos de un renombrado defensor legal de las causas socialmente justas (Morgan Freeman en un papel tan intrascendente que bordea el insulto). La cinta nunca localiza su eje narrativo, pues el director se toma demasiadas molestias en presentar situaciones complicadas que no llegan a puntos conclusivos y a gags con remates muy lejanos (basta el cameo de Liam Neeson para ilustrar el punto), pudiendo prescindir de varios y no alterar el resultado. Como es usual en secuelas o proyectos que apuntan a taquillazo inminente la construcción del guión se percibe forzada y acelerada, sin manejar adecuadamente los elementos que hicieron de su predecesora un éxito: la sutil e inteligente vinculación entre la comedia y el drama, los cuales parecen no poder coexistir en este universo en particular, pues entre ingesta accidental de semen u ocurrencias visuales que involucran inhaladores de marihuana de caprichoso diseño debemos empatizar con la situación de Ted, quien busca denodadamente ser reconocido como persona para formar una familia. A la mezcla se suma una irrelevante y muy absurda subtrama que involucra a Giovanni Ribisi, el villano de la primera parte, en contubernio con el mandamás de la poderosa manufacturera de juguetes Hasbro para raptar a Ted y diseccionarlo para averiguar qué lo hace permanecer con vida, un punto que, por cierto, hasta este momento ningún personaje en las dos cintas se ha cuestionado, pues todos parecen aceptar con la mayor normalidad la existencia de este ser que, en otro contexto, pudiera ser por demás aterrador o socioculturalmente perturbador, pues pondría bajo el reflector de la suspicacia a cualquier institución dogmática o clerical, pero creo que ya sería añadirle demasiado a la visión de MacFarland, pues lo suyo es el insulto, el escupitajo a los mayores y no el discurso anatémico-reflexivo.
“Ted 2”, como indica el cartel, se nos viene, y en esta ocasión creo que no podremos aguantarlo.

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