Joan Royo Agencia Reforma

CEARÁ, Brasil.- La ciudad de Juazeiro do Norte no se entiende sin el Padre Cícero. Todo gira alrededor de su figura.
A casi 600 kilómetros de Fortaleza, en el interior de Ceará, está uno de los lugares más sagrados para los católicos brasileños, que cada año acuden aquí en romerías que convocan a millones de fieles.
Las imágenes del Padre Cícero, o Padim Ciço, como es conocido popularmente, están presentes en cada esquina.
El sacerdote Cícero Romão Batista llegó a esta región semiárida del nordeste del país a finales del siglo 19 dispuesto a evangelizar a sus austeros habitantes y enseguida se los puso en el bolsillo.
Cuentan las leyendas locales que el padre llegaba de madrugada a los bares para sermonear contra la bebida y la prostitución, pero no fue su carácter atrevido lo que le trajo más seguidores, sino su fama de “milagrero”.
En 1889, durante una misa, la hostia administrada por el sacerdote a la monja María de Araújo se transformó en sangre en la garganta de la religiosa. El pueblo vio enseguida la mano divina y la fama de Padre Cícero se multiplicó.
Sin embargo, el obispo de la época desautorizó al sacerdote, decretó que el milagro era una farsa y maniobró para que El Vaticano lo excomulgara.
La oposición de la jerarquía de la Iglesia no fue un obstáculo para la devoción popular, que crecía con el paso de los años.
En 1969 se inauguró una monumental estatua de 27 metros sobre el monte al que solía acudir a rezar.
Al lado, una pequeña iglesia y un museo son testigos de la fe. Miles de fotografías, exvotos y hasta diplomas universitarios se acumulan en las paredes como forma de agradecimiento por los favores concedidos por el padre.
Aunque en Juazeiro nadie parece estar pendiente de las intrigas vaticanas, lo cierto es que la Iglesia pidió disculpas formalmente por su trato al Padre Cícero en diciembre del año pasado.
Ahora la iglesia local recaba la documentación necesaria para conseguir demostrar al menos dos milagros y poderle canonizar.
Pero no solo de la religión vive Juazeiro.
En el centro de la ciudad, el Centro Cultural Popular Mestre Noza pasa por ser uno de los puntos más destacados de la artesanía en madera del nordeste brasileño, con obras de 195 artesanos.
Entrar en su patio es hacer un viaje en el tiempo hacia un Brasil rural, tosco y primitivo, pero también colorista y tremendamente original.
Las figuras que tallan los artesanos remiten a la música local, el forró, con imágenes de las típicas cuadrillas con músicos tocando el acordeón y el triángulo o animales del sertão, como los grandes lagartos, que aquí adquieren rasgos mágicos.
Fuera de Juazeiro, destaca como principal atractivo el parque geológico de Araripe, el primero de su especie en Sudamérica.
Se trata de una gran reserva natural compuesta por varios geositios, puntos de interés especial por sus formaciones geológicas, como el Bosque Petrificado de Cariri.
En la misma región está el Museo de Paleontología de la Universidad Regional de Cariri, que alberga fósiles de tal precisión que hasta es posible percibir claramente los vasos sanguíneos de unas libélulas de más de dos millones de años.
El tiempo pasa lentamente en esta región del interior de Brasil y si no que se lo pregunten a Espedito Seleiro, un venerable anciano que desde su taller en Nova Olinda sigue trabajando el cuero como hicieron generaciones pasadas.
“El Cabra llegó y le dijo a mi padre que quería una sandalia diferente, con la suela cuadrada, sin la forma curva en el pie. Le mostró un dibujo. Mi padre dijo que se la hacía. Días después el Cabra volvió a buscar el encargo y le preguntó a mi padre si sabía para quién eran las sandalias.”.
Eran para el capitán Virgulino Ferreira, el Lampião, jefe del bando de cangaceiros -una especie de bandoleros del campo- que imponían miedo y fascinación a partes iguales en el Nordeste de Brasil de los años 30.
Las sandalias cuadradas pretendían despistar a las patrullas policiales, que así no sabrían si iba o venía.
La familia de Seleiro pasó de fabricar sandalias para uno de los mitos más arraigados en el imaginario popular brasileño a diseñar delicados bolsos y otras piezas de ropa que hasta se han colado en la prestigiosa São Paulo Fashion Week.

TABLA
Cómo llegar
Lo ideal es llegar al Aeropuerto Internacional de Guarulhos de São Paulo (el más importante del país) y de ahí volar a Juazeiro do Norte. Otra opción más económica es el autobús, son ocho horas de viaje con la empresa Guanabara.

Dónde dormir
Hotel Iu-á. El hotel más nuevo y más lujoso de Juazeiro cuenta con una piscina al aire libre e incluso con un pequeño museo geológico con fósiles de la región. La noche en habitación doble cuesta 330 reales (101 dólares).
Verdes Vales Lazer Hotel. Sus jardines y su piscina con toboganes y juegos lo hacen ideal para familias con niños. La noche en habitación doble cuesta 306 reales (96 dólares).

Qué comer
El ‘baião a dois’ (una mezcla de arroz, frijoles y carne seca) y el ‘cuscuz’ (no confundir con el cuscús árabe) son de los platos más consumidos en la zona. Para sumergirse en la cultura local lo mejor es acercarse al restaurante Coisas do Sertão, donde se sirve uno mismo la comida almacenada en ollas de barro. Hay que ir abriendo la olla cada vez en busca de sorpresas.

Qué comprar
Es obligada la visita al Centro de Cultura Popular Mestre Noza, donde se hace difícil elegir entre los miles de esculturas de madera que invaden el patio, desde miniaturas hasta estatuas en tamaño natural. Animales fantásticos, músicos locales o escenas de la vida cotidiana del ‘sertão’ están entre las opciones preferidas de los artesanos que trabajan allí mismo. El recinto abre de lunes a sábado.

Más información
www.passagemguanabara.com.br
www.iuahotel.com.br
www.hotelverdesvales.com.br
www.juazeiro.ce.gov.br