grieta_columnaItzel Vargas Rodríguez
Una semana agitada para repensar el grado de tolerancia que se tiene en el mundo. Desde el año pasado, por ejemplo, la muerte de hombres de piel negra en Estados Unidos ha ido en aumento, provocando el resurgimiento de aquella vieja tensión racial, que ya se pensaba como un tema en donde se había “dado vuelta a la hoja”, después de aquella memorable Marcha por el trabajo y la libertad de 1963 en Washington D.C. en donde un gran porcentaje de los asistentes lo protagonizaron los afrodescendientes, culminando con aquel vibrante discurso de Martin Luther King “Yo tengo un sueño”.
Lo que se pensaba como un viejo resentimiento racial, ha recobrado fuerza. El KuKluxKlan reapareció en Carolina del Sur con folletos que proclaman y convocan por defender la “supremacía blanca”, e incluso ya se les culpabiliza por la quema de siete templos. Y justo cuando ocurre eso, va tomando fuerza la contraparte, el grupo Nuevo Partido Pantera Negra que busca matar a los esclavizadores blancos.
La aceptación del matrimonio para homosexuales también dio mucho que decir estos días. Fue admirable la postura que medios de comunicación como el Huffington Post tomaron al respecto, colocando en sus redes sociales la bandera de arcoíris representativa del grupo LGTB. Mismo Facebook con una aplicación permitió modificar las fotografías de los perfiles para que la gente se solidarizase con esta acción que fue tomada como un gran avance no sólo para la sociedad estadounidense, sino para toda la humanidad a nivel mundial. Y el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, pasó a la historia con la proclamación de esta buena nueva, escribiendo en sus redes sociales un mensaje muy sencillo “LoveWins” (El Amor gana). Mismo mensaje que fue replicado por diferentes personajes políticos, como la nueva Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena.
Sin embargo, aún siguen existiendo muchas barreras ideológicas al respecto, motivadas en gran parte por las creencias religiosas que no comulgan con el trato igualitario y el respeto de los derechos, en este sentido, proveer el matrimonio igualitario a cualquier persona con cualquier estilo de vida y preferencia sexual, aporta. Y es entendible, en México, por ejemplo, seguimos viviendo en un contexto inmerso en la cultura del catolicismo y es difícil romper un esquema de entendimiento o tolerancia a este tipo de situaciones, cuando un ente tan fuerte como la Iglesia lo ha frenado y condenado desde siempre.
Particularmente me sorprendió ver lo candente que se llegaron a poner los comentarios al respecto, provenientes de diversos contactos en mis redes sociales, y que condenaban completamente esta noticia. Aunque vale la pena resaltar, que la mayoría estuvo de acuerdo y eso denota un avance en la tolerancia que proviene de las generaciones más jóvenes de la sociedad.
Y hasta a los mexicanos nos tocó ser presas fáciles de la discriminación. Por el sólo hecho de ser mexicanos, Donald Trump arremetió en un discurso contra los migrantes del país que viven en Estados Unidos, mencionando que los que se van allá, son lo peor de la sociedad.
Este personaje ya la ha pagado caro, varias empresas han cancelado contratos con él y parece ser que el próximo certamen de Miss Universo contará con muy pocas concursantes, faltando varias latinoamericanas. A pesar de eso, Trump cuenta ahora con una popularidad altísima, y la gente que efectivamente coincide con él con respecto a los inmigrantes, se ha puesto de su lado.
Independientemente de lo que pase en un futuro, estos son tres rasgos clarísimos de la actualidad, que nos muestran cuán frágil es la tolerancia, cuando se ven involucradas las creencias personales, sin tomar en cuenta, precisamente, la situación y contexto de la otra persona.
Pequeños retrocesos que sólo nos hacen ver, lo mucho que nos falta para propiciar la paz entre nosotros mismos.
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