La fama le hizo daño a Michael Bublé

VANCOUVER, Canadá.- A Michael Bublé le llegó el momento de cuestionarse todo: religión, familia, estilo de vida, fama, fortuna, amistad, el pasado y el futuro.
El resultado de todas esas interrogantes, lo llevó a la tranquilidad.
“Estos dos últimos años fueron de total reflexión para mí, porque ya soy padre de dos niños, tengo más dinero de lo que esperaba y una esposa que me pone en mi lugar cuando se le antoja. Soy más formal, cabal, lógico, enfocado. Creo que ya me llegó la madurez ¿o será bueno decir la adultez?
“Me cuestioné todo: mi religión, la finalidad de una familia, por qué soy famoso y qué puedo hacer de bueno y de malo. No siempre he sido buena persona. A veces un insensible y a veces un cabrón, pero pienso que sin malicia, o sin querer. Mi mujer me ha metido en cintura, me aprieta cuando ando muy suelto”, cuenta el cantante, actor y productor en entrevista exclusiva.
En medio de su agenda de trabajo, que incluye la promoción de su fragancia, Michael Bublé, y de su nuevo álbum, Nobody But Me, el cual sale a la venta este 21 de octubre, el crooner canadiense, de 41 años, comparte detalles de la familia que formó con la argentina Luisana Lopilato, con quien procreó a Noah, de 3 años, y Elias, de ocho meses.
“Antes de ellos me dediqué a la fiesta, a no pensar más que mi bienestar era lo primordial para estar contento, y ya me di cuenta de que con mi pareja hice un proyecto de vida, que traje a dos niños al mundo y soy responsable de ellos.
“Luisana sólo les habla en español, y yo en inglés, por eso serán niños bilingües. Vamos a Buenos Aires y pasamos temporadas allá y luego aquí en Vancouver. Los niños nos han dado muchas alegrías, y nos han puesto en la perspectiva de la responsabilidad: queremos hijos sanos, libres y llenos de proyectos toda la vida”, expresa Bublé.
Ganador del Grammy, el Juno, el American Music y el Brit Award, la estrella de la música pop reconoce que después de haberse obsesionado con el éxito, hoy lo que desea es olvidarse de las ataduras materiales y de los estándares sociales.
“Quiero encontrar un balance, obsesionarme con tantos premios y reconocimiento me hizo daño. Hoy lo agradezco, pero la vida no es de reconocimientos, sino de logros personales.
“Pienso en mis hijos y quiero que su educación sea una mezcla de las mentalidades canadiense y latina: en Canadá somos más fríos, pero tenemos visiones claras de educación, deporte, política. En Latinoamérica tienen una calidez familiar y un sentido de la hermandad única, y así será con mis niños”. (Juan Carlos García/Agencia Reforma)