El otro día me subí a un, como decían los antiguos, carro de sitio, y le pedí al conductor que me llevara al Museo Nacional de la Muerte… Pude haberle indicado como destino el Parián, o el templo de San Diego, pero alevosamente sólo eso le dije, buscando averiguar si sabía la ubicación de esta universitaria institución.

No acertó… Ante lo escueto de mi solicitud, preguntó: ¿el Posada? Por mi parte le expliqué lo que usted sabe, que la sede del Museo de la Muerte es el exconvento de San Diego, edificio Jesús Gómez Portugal, y que además ocupa una parte del Centro Cultural Universitario, antigua Escuela de Comercio y Administración.

Ya cuando el vehículo se deslizaba rumbo al destino le dije al taxista: pero, ¿qué tal si le pidiera que me llevara a Las violetas? El hombre sonrió y contestó: ¡Ah!, ¡pues ahí lo llevo hasta dormido!

En fin… Anécdota aparte, cumplo con informarle que si en materia de artes plásticas cree que lo ha visto todo, se dé una vuelta a este museo y pase revista a la exposición del artista plástico José Fonseca Palmas, y a lo mejor constata que no hay tal y que la vida, las artes plásticas, todavía le reservan sorpresas.

La exposición, integrada por cuarenta y tantos ensamblajes, un juguete objeto y un libro objeto, se refiere de manera predominante a estos tiempos violentos que vivimos. En este sentido, Fonseca retoma algunos temas de José Guadalupe Posada, por ejemplo, y los recrea con su punto de visión, quizá con el periódico en mano, de tal manera que terminamos viendo reflejados en estos ensamblajes hechos de los que ayer escuchamos en los noticiarios… Entonces, el arte de Fonseca es un arte de protesta, de denuncia por tantas y tantas barbaridades como suceden en México a últimas fechas, y que por eso mismo; por su frecuencia y magnitud, nos han ido insensibilizando poco a poco, quizá en parte por protección.

Como digo, se trata de ensamblajes, que no son otra cosa que el arte de recrear algo y dotarlo de significado. Para ello utiliza diversos objetos, pequeños juguetes, broches para colgar ropa, tenedores de plástico, corchos de botellas de vino, que de esta forma adquieren un significado distinto al que tenían originariamente…

¿Arte objeto; instalación? Me temo que Fonseca no se siente cómodo con ninguna de estas caracterizaciones, aunque acepta que en alguna medida se trata de instalaciones, si bien considera que el término le resulta ostentoso. Ahora la instalación, que también podría considerarse como un collage, es calificada como escultura expandida, en la medida en que utiliza materiales inusuales, es decir, no el mármol, ni el barro ni la arcilla. Instalación, para que la gente penetre esa propuesta y la viva, que no es el mismo caso que el arte objeto, que es sólo para observar.

Fonseca comenzó con esta técnica aproximadamente en 1989, cuando el pintor Juan Castañeda Ramírez convocó al Primer Encuentro de Artistas Plásticos de Aguascalientes. A este evento se presentó Fonseca con dibujo, pintura, y dos o tres ensamblajes. Para 1995 o 1996 presentó su primera exposición con cajas reunidas durante años. El artista recuerda que hace años, en su calidad de diseñador gráfico, vio en una exposición del trabajo de Daniel Gil, creador de las portadas de los libros que publica la editorial española Alianza Editorial, y le gustó tanto que comenzó a realizar estos ensamblajes que son una especie de relicarios.

Para mi inútil gusto se trata de piezas muy novedosas, singulares, y sin embargo, Fonseca considera que este tema de los ensamblajes es muy antiguo; prueba de ello son los arreglos que se hacían en los pueblos originarios de estas tierras que, dicen las crónicas, realizaban maravillas con las plumas. Pero además se trata de una vanguardia que más recientemente inició en la primera mitad del siglo anterior con el dadaísta Duchamp y su urinario.

No le cuento más sobre la exposición en sí, salvo que Fonseca es originario de la capital del país, y contrariamente a la manera en que vino mucha gente de aquella latitud, él fue trasladado en 1981 de su trabajo en el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias que, como usted sabe, tiene un campo experimental en Pabellón de Arteaga, para realizar labores de difusión.

Hoy, que es el día Internacional de los Museos, y hasta el próximo sábado 23 de mayo, podrá ver esta exposición, y de paso la fotográfica de Joel Torres Romero Celebrando a la muerte y las nuevas salas de exposición, que contienen la espléndida colección de Mercurio López Casillas, con escultura, fotografía y reproducciones de grabados, todos ellos relacionados con la muerte mexicana…

A propósito del taxista, no es la primera vez que hago este tipo de encuestas inútiles. En otra ocasión, otro taxi, pedí servicio a la Escuela de Música de la UAA, y fui así de parco con la información. El chofer, un joven, no supo, así que le expliqué. Ya entrado en gastos, quise saber otra cosa. Cuando el vehículo ingresó a la Avenida Álvaro Obregón –la más hermosa de Aguascalientes, la calle que va de Barragán a Zaragoza– le dije: es ahí, donde están las dos grandes jacarandas… El desconcierto se dibujó en su expresión y debí ser más específico porque no desaceleraba y la dejada me iba a salir más cara.

¡Qué pena!; en verdad qué pena… El hombre no sabía dónde estaba la Escuela de Música de la UAA pero, peor aún: no sabía lo que es una jacaranda… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista@hotmail.com).