La salida de Coparmex del Consejo Coordinador Empresarial (CCEA), fue una acto de congruencia; es una vergüenza que quienes debían dar ejemplo de transparencia y democracia, caigan en desaseo político, solamente por dos o tres personas que quieren permanecer en el poder, no para apoyar al gremio, sino por otro tipo de intereses, opinó Humberto Martínez Guerra.

Lamentó que la Coparmex, el organismo con más peso de la IP, se viera obligada a abandonar el CCEA, por la falta de prudencia y sentido democrático de quienes están al frente del Consejo.

Hay los que quieren estar agazapados en el poder, cuando por otro lado un verdadero empresario, acepta la dirigencia temporal para llevar a cabo sus proyectos, y no se aferra al poder, como si se tratara de “líderes charros”; nuestra chamba está en las empresas, no en confabularse por mantener la dirigencia, como si no tuvieran otra cosa que hacer, añadió.

Consideró que esta escisión daña gravemente la imagen de la IP; en vez de imponer nuevamente a Pedro de la Serna, debieron llevarse a cabo elecciones internas verdaderamente democráticas, lo que conlleva respetar los estatutos.

Esta imposición pone de manifiesto el miedo de Pedro de la Serna, a perder en una verdadera elección, por lo que prefirieron montar una faramalla para que siga al frente del CCEA, sin importar las repercusiones que se generarán.

Todo apunta, agregó, a que habrá más organismos como la Coparmex, que prefieran salirse, a ser parte del juego de unos cuentos, a los que les interesan más los compromisos ajenos, que velar por las necesidades del sector empresarial.

En vez de imponerse la reelección, el propio De la Serna debió pugnar porque fuera ratificado democráticamente, pero sabe que por sí mismo, no garantía una elección limpia.

El líder social confió en que las cosas mejoren y que el CCEA vuelva a ser ejemplo de autoridad moral y recupere la confianza del empresariado y de la sociedad en general; y no se valga de organismos “patito”, para simular amplio liderazgo.

Es una vergüenza, reiteró, que el Consejo Empresarial, caiga en triquiñuelas para darle gusto a unos cuantos, generando descontento en la inmensa mayoría, dejándose llevar por intereses económicos y partidistas particulares; las necesidades de los agremiados pasan a segundo término, siendo que los empresarios son los que contribuyen al desarrollo, con el pago de sus impuestos y generación de empleos, subrayó Martínez Guerra.