RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

En la elección del domingo pasado hay dos cosas muy notables: Por un lado el insólito repunte que tuvo el Partido Acción Nacional. Todavía se recordaba la derrota del PAN cuando Felipe Calderón era presidente y cuyo partido terminó en tercer lugar, en la posición de las preferencias ciudadanas, en la elección presidencial, cuando perdió Josefina Vázquez Mota; después de esa derrota se hablaba de la necesidad de refundar ese partido. Luego vino todo ese acoso de Madero y el pleito entre los calderonistas contra los maderistas, y de pronto llega la figura de Ricardo Anaya que en muy poco tiempo se quedó con el control completo de la estructura operativa del PAN; desplazó a Madero y lo mandó por allá a un rincón, hoy nadie sabe que paso con él, a veces anda como un fantasma por la Cámara de Diputados. A Anaya no lo lograron espantar con el anuncio de la candidatura inminente de Margarita Zavala, ni tampoco creyó que el señor Moreno Valle sea absolutamente todo poderoso. Ricardo Anaya manejó esta elección de una manera muy eficiente, condujo el proceso de las alianzas, que de algo le deben haber servido al PAN, no tanto como le sirvieron al PRD, porque el PRD sería realmente un organismo catatónico si no hubiera sido por los aliados. Sin duda el PAN le salvó la vida al PRD. Pero así como es de importante este repunte del PAN, es notable cómo se atascó la maquinaria, alguna vez todo poderosa del PRI; errores de primer año como la crisis que los llevó a perder Quintana Roo por un pleito entre el gobernador y Carlos Joaquín González, pero Joaquín les demostró que se iba y ganaba…¡y ganó! Hubo otros errores como no actuar a tiempo en Veracruz para contener la nociva influencia del gobierno de Duarte; y luego algo insólito: un hombre tan bien posicionado en su tierra, como ex presidente municipal de Ciudad Juárez, Enrique Serrano, pierde la elección de manera arrolladora ante Javier Corral. Y entonces ¿Que le queda al Partido Revolucionario Institucional? ¿Es una derrota o es un preludio de una derrota mayor? Porque cuando perdieron la presidencia de la república, el PRI conservaba 25 o 26 palacios estatales. Pero no tenía el palacio nacional. Hoy tiene el Palacio Nacional y empieza a perder los palacios de los estados. Empieza a perder el control del territorio, y entonces es muy difícil sostener la punta de la pirámide cuando su base está erosionada. Algunos dicen: “No, no es lo mismo una elección local que una elección federal”, pero a veces una elección federal se resuelve con la suma de los resultados locales y hoy los resultados locales ponen al Partido Revolucionario Institucional en una etapa de focos rojos y timbres en estrepito escandaloso, porque solamente les queda el Estado de México y Coahuila, antes de que venga la hora de la hora, y vamos a ver si es una hora blanca o negra.

Mucho se habla de que influyó en la derrota del PRI, en los estados, la iniciativa presidencial de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. La verdad es que creo que probablemente influyó en un grado ínfimo, y en dos o tres zonas muy localizadas, posiblemente aquí en Aguascalientes sí influyó.

Así mismo creo que lo que el Obispo de Veracruz, Luis Felipe Gallardo, dijo, fue un simple aprovechamiento tardío para llamar la atención de este tema y avivar las inconformidades con miras a lo que viene dentro de dos años. Siento que la iglesia le cobró, no sé si su actitud al presidente, sino el aprovechamiento coyuntural que se hizo de lanzar estas iniciativas, previo, muy cercano, la fecha al proceso electoral. Quizás para la iglesia, que sabe cómo se hacen las mañas de la política, fue un juego usándolos a ellos, casi como rehenes, y por eso en algunas partes del Episcopado Mexicano hubo una notable muestra de inconformidad con el presidente.

Lo grave no es ahora saber si eso fue lo que ocurrió, o eso fue lo que generó las cosas que pasaron, sino que lo interesante es ver cómo se ha conjurado un fenómeno social, cuya salida tendría que ocurrir de una manera que los mexicanos no conocemos. ¿Qué quiero decir con esto? Que no se puede estar hablando de la corrupción en abstracto, y creo que el gran arrastre que tuvo la campaña de Acción Nacional, fue la campaña contra la corrupción, que ha sido el eje de toda la plataforma de acción política de Ricardo Anaya. El problema de la corrupción sí le atañe a todos los ciudadanos, es un tema nacional, general, que se viene difiriendo desde hace muchos años en este país. La corrupción es un fenómeno permanente en la vida pública mexicana, desde tiempo de la Colonia, y probablemente desde antes. Por ello el ataque a la corrupción no puede quedarse así, por eso es que no se ha hecho nada en serio, en contra de la corrupción. Siempre tiene dos extremos. Cuando hay un político que se corrompe para favorecer una licitación, es porque quien ha resultado favorecido le financió la campaña y se corrompió de la mano con el otro. La corrupción es un maridaje, no se da solamente en el sector público y no es únicamente México o un país de políticos corruptos, en todo caso será un país de corruptos, pero no nomás los políticos o los funcionarios públicos, sino también quienes logran subir en la escala social a partir de tomar atajos y brincarse bardas sobre obstáculos que la ley impide. Una de esas políticas de evasión es la evasión fiscal, en la cual todo mundo prefiere gastarse miles y miles de pesos en contadores que en pagar justamente los impuestos que debe pagar, y en eso los empresarios mexicanos son expertos.

Este juego en contra de la corrupción tuvo dos momentos que lastimaron mucho la causa del gobierno y del presidente de la república: Uno cuando él no supo explicar con claridad qué entendía cuando nos decía a los mexicanos que la corrupción es un elemento cultural – o tiene orígenes culturales- como si cultura fuera sinónimo de “bueno”, pero no, en la cultura también hay cosas malas. Y el otro, que no haya logrado el Congreso la aprobación del paquete del Sistema Anticorrupción, que viene precisamente de algunas iniciativas del presidente, pero como un arrebato de banderas a la oposición. Las iniciativas se presentan así, pero cuando ya se van a dictaminar entonces se acabó el tiempo, se queda todo pendiente y una flagrante violación constitucional se quiere presentar como un arreglo político favorable para que dentro de un mes se arregle todo esto una vez que hayan pasado las elecciones. El cálculo estuvo mal hecho. No se debió haber anunciado así. Se debió haber dicho en todo caso: “Vamos a votar el Sistema Nacional Anticorrupción después de que perdamos las elecciones por no haberlo votado a tiempo”. ¿Fue un error de cálculo? ¿Fue un error político? No lo sabemos, pero sostener y permitir que gobernadores mal evaluados, mal calificados y públicamente señalados como corruptos, trataron de imponer a sus candidatos, fue otra de las razones de esta derrota estrepitosa y terrible para quienes militan en el PRI. ¿Cuántos son los que militan? Pues los suficientes para lo que tienen hoy.